Las crías de tiburones azules se acercan a la ría de Vigo para alimentarse

El biólogo Alfredo López recuerda que son inofensivas y que se deben tratar con cuidado


Vigo

Las crías de tiburones azules, también conocidas como tintoreras o quenllas, se acercan cada vez más a la costa para alimentarse durante el verano. Es una tendencia que no existía hasta ahora, pero que se repite desde hace siete años. Por este motivo, cada vez es más habitual que los bañistas se sorprendan porque un tiburón nade a su lado, como ha pasado recientemente en la playa de Toralla, el lunes, o en la playa de Patos (Nigrán), ayer.

«Ata este momento era inusual», recuerda el biólogo de la Coordinadora para el Estudio de los Mamíferos Marinos (Cemma), Alfredo López. Explica que aún no existe ninguna explicación científica a este cambio en el patrón del tiburón azul, pero barajan varias hipótesis como, por ejemplo, la alteración «de la temperatura del agua o el aumento de la población en la zona».

Los ejemplares de tiburón azul que visitan las costas gallegas son crías, con solo semanas o meses de vida, que para alimentarse se adentran en las rías y cada vez más en las playas. El biólogo Toño Maño explica en su blog digital, Tiburonesengalicia, que las quenllas solo se acercan a unas pocas millas de Galicia para parir. Recuerda que la tintorera es una especie de hábitos oceánicos y que «a medida que crece se aleja más y más de nosotros».

Alfredo López explica que los tiburones están llegando «as nosas costas máis tarde que o ano pasado», pero según los primeros datos recogidos el número de avistamientos es «máis ou menos o mesmo que o de 2018». El verano pasado los biólogos del Cemma registraron el año pasado más de doscientos avistamientos (uno de ellos en O Vao, muy cerca del que se produjo el lunes).

Alfredo López recuerda que las tintorera son «inofensivas, porque se tratan de exemplares moi pequenos e que se adentran nas rías para poder alimentarse de peixes pequenos». Aunque incide en que hay que tratarlos con cuidado porque «teñen dentes e poden facer algo de dano». Recomienda que si alguien se encuentra en la playa una tintorera viva en el agua «non a toquen nin a collan». A los pescadores les pide que si el tiburón pica lo traten con «coidado» y lo devuelvan al mar, mientras que a los bañistas que los encuentren varados les recuerda que introduzcan lo más posible al tiburón en el agua con una toalla, nunca agarrándolo por la cola porque es una manera peligrosa de cogerlo, «para que no sufra danos». Los dientes del tiburón son pequeños, pero pueden llegar a causar alguna herida.

Alfredo López recuerda que la colaboración ciudadana es esencial para la protección de la especie. Pide que se atienda a los consejos de los expertos y que se llame al Cemma cuando exista alguna duda. Lamenta que aún se den casos en los que los bañistas no tratan de la manera adecuada a las crías y pone como ejemplo una llamada que recibieron recientemente: «unha señora nos avisou por teléfono que había unha tintorera atrapada nunha charca pola baixada da marea. Mentres falábamos, ela non paraba de repetir aos bañistas que deixaran de tocar a quenlla», un ejemplo, para López, de la falta de concienciación entre la población.

La tintorera no es la única especie de tiburón que se puede encontrar en las rías de Galicia. «Tamén se poden atopar melgachos, patarroxas e cazóns, fáciles de distinguir da quenlla» recueda López. Ninguno peligroso para los bañistas.

En julio y agosto vararon en la comarca 17 cetáceos, la mayoría delfines

El verano del 2019 ha sido el más accidentado para los cetáceos en Galicia desde 1990. Han varado en las costas de toda la comunidad 90 ejemplares, lejos de los 20 que se registran de media entre el 1990 y el 2018, lo que supone un aumento del 269 %. En la ría de Vigo fueron 17 los cetáceos que vararon entre los meses de julio y agosto, un 5 % más respecto al año pasado.

La mayor parte de los ejemplares varados fueron delfines comunes por lo que el Cemma ha puesto en la especie el foco de sus estudios para buscar a una explicación a la alta cantidad de varamientos. Una de las hipótesis que adquiere más fuerza es que los delfines no se trasladaron a aguas más profundas explica López. «Non sabemos o motivo, pero se non marchan hai moitas probabilidades de que rematen nas nosas praias», concluye.

Durante la investigación, los biólogos no han encontrado un patrón común entre los distintos casos, por lo que, por ahora, descartan que haya una enfermedad que afecte a la mayoría de los delfines. Aunque López recuerda que la especie se enfrenta a una «enfermidade crónica» en Galicia por la destrucción de su ecosistema y por el aumento de la contaminación derivada de actividades industriales. «Os golfiños de Galicia son los más contaminados de Europa», denuncia López.

Otro dato preocupante que han constatado durante este verano es que la mortalidad en los delfines es más elevada en las «crías». Por ahora, tampoco han encontrado respuesta, pero es un asunto que necesita de un «estudio en profundidade».

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