Los desechos de los pescadores del puente de Toralla causan estragos en perros

Una mascota se traga uno de los multiples anzuelos tirados, que también dañan aves


vigo / la voz

Un vecino de Canido acudió el jueves al veterinario para que atendiesen a su perra, que presentaba molestias tras haber ingerido un objeto punzante. Una radiografía desveló que se trataba de un anzuelo que el animal se había tragado durante un paseo por el puente de Toralla y que se había alojado en su esófago. La familia del animal señala como causantes a las personas que acuden a pescar con caña a esta pasarela y que dejan en el suelo anzuelos junto con otros desechos que suponen, además de un menosprecio de la salud pública, un un peligro para la fauna de la zona.

Cada verano muchos aficionados van al puente de Toralla para hacerse con un buen lugar desde el que capturar piezas que recogen con sus cañas. Los vecinos que pasean por la pasarela que lleva a la isla han comprobado que alguno de estos pescadores abandonan sus puestos junto a la barandilla dejando en el suelo desechos como colillas de cigarrillos, hilos de pesca y anzuelos. En el peor de los casos, alguno de estos garfios puntiagudos aún conservan el cebo o restos de este que atraen a los animales de la superficie.

La tarde del pasado jueves Luis Durán, vecino de Canido, paseaba a su perra Laia, una labradora retriever, por el puente de Toralla, cuando la mala suerte quiso que el animal, en un descuido de su dueño, se tragase un anzuelo. Luis no pudo hacer nada impedir que el pequeño gancho se quedase clavado en el esófago del animal, como reveló una radiografía que le realizaron a Laia posteriormente en la consulta veterinaria.

La extracción de la pieza metálica conllevaría una operación complicada, ya que la la zona en la que se encuentra el anzuelo contiene muchas terminaciones nerviosas que pueden resultar dañadas. Además, la perra tiene ya diez años y, a esa edad, tenerla demasiado tiempo bajo los efectos de la anestesia supondría un riesgo para su salud.

Como alternativa, la familia de Laia le ha impuesto una dieta rica en fibra para provocar que el propio cuerpo se encargue de expulsar le anzuelo de manera natural o, por lo menos, que el instrumento acabe alojándose en el estómago, de donde sería más fácil extraerlo. Esta última posibilidad, de ser necesaria, conllevaría una intervención quirúrgica que podría llegar a los trescientos euros.

Negligencia

Verónica, hija de Luis Durán, afirma que otros animales, como los pájaros, también sufren por el comportamiento negligente de los pescadores. Recuerda la mala suerte de una gaviota que se clavó en el pico un anzuelo de calamar, de cuatro garfios, y, intentando quitárselo, acabó por engancharse la pata al instrumento. También le constan quejas de otros vecinos del lugar que pasean cons sus mascotas.

Ante esta situación de descuido, los propietarios de Laia confiesan que no sabían a quien acudir. Desde la Policía Local los remitieron al servicio de atención ciudadana del Concello, al que los vigueses pueden acercar sus sugerencias y quejas sobre los servicios e instalaciones municipales.

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