La pasión no entiende de edades

El incansable Manolo González, de 78 años, sigue siendo el delegado del Celta femenino


VIGO / La Voz

Cuando alguien ve al Celta femenino de baloncesto actual y lo compara con la época dorada del club en la década de los 80, las semejanzas brillan por su ausencia pero la esencia sigue siendo la misma: ser una familia. Por ello, la pasión de Manolo González (Vigo, 1941), un mítico de los pabellones vigueses, por su Celta es, cuanto menos, igual o mayor que cuando empezó: «Sigo acudiendo a ver al Celta con la misma o más ilusión que antes». Desde hace poco más de una década Manolo es delegado de campo del histórico club vigués y a sus 78 años asegura que ver jugar y entrenar a las jugadoras le sigue generando una satisfacción enorme.

Manolo se define como un apasionado del deporte y es curioso que el baloncesto, el deporte que menos practicó, es por el que se ha acabado desviviendo más. «Siempre tuve una afición especial por el baloncesto», destaca. Su historia con el baloncesto femenino, especialmente con el Celta, se remonta al gran equipo de hace tres décadas que ganaba campeonatos de liga y Copas de la Reina. «Me acuerdo del gran Celta de antes, era emocionante ver el pabellón de As Travesas abarrotado con 5.000 personas vibrando», recuerda con cariño. Pero no formó parte del club hasta que el difunto presidente Paco Araujo contactó con él para colaborar desde dentro en la entidad: «Fui cogiendo amistad con Araújo y un día me llamó para que le echase una mano de delegado». Esto ocurrió hace 11 años y hoy todavía sigue al pie del cañón con casi 80 años.

La locura de Manolo por el baloncesto es evidente y es que cuando se prejubiló asistía a los entrenamientos porque «estar en el pabellón era una forma de entretenerme». Aunque su función era la de delegado, Manolo siempre ha sido una persona de club incansable. No falla a los entrenamientos (no hay un balón que se le escape), ser el anfitrión de cada rival que pisa el pabellón de Navia o encargarse de colocar la publicidad cada día de partido son algunas de las tareas que Manolo lleva haciendo todos estos años. Aunque admite que ahora tiene menos tareas porque «la edad se lo impide», el hecho de que la directiva haya crecido también ha sido importante para que se deleguen responsabilidades. «Noto que quieren que haga menos, lo hacen con finura para que no tenga que hacer tanto esfuerzo», comenta entre risas y recalca que está «para todo lo que necesiten y me pidan».

Sonará a tópico, pero Manolo es un hombre que está por y para el Celta, hasta el punto de denominarlo como una segunda familia: «Uno tiene su familia de sangre y sus amigos, pero yo tengo un sentimiento muy fuerte porque el Celta femenino de baloncesto, es mi segunda familia. Es una maravilla ver trabajar a toda esta gente, además de la ilusión y las ganas que tienen estas chicas tan jóvenes». Al fin y al cabo, las personas permanecen y las experiencias son lo verdaderamente importante para Manolo. «Es un orgullo que a cada pabellón que viajo me saludan con cariño, se agradece que después de tantos años te reconozcan», comenta.

El Celta femenino es una especie de droga para él y reconoce que en sus vacaciones echa de menos pasar el tiempo disfrutando de los entrenamientos. «El club es una gran familia, es una maravilla verlas crecer como jugadoras y personas», reconoce que es una de sus principales motivaciones. Admite que el Celta le ha ido envolviendo durante todo este tiempo y el buen hacer de la gente sumado a la ilusión de todo el entorno para el mejor futuro del club le han atrapado para siempre. «Después de tantos años me quedo con la satisfacción de la cantidad de gente y amigos que quiero, me quieren y me respetan», destaca orgulloso. Para Manolo no hay dinero que pague que alguien se acuerde de él cuando está en Vigo y la otra persona se encuentra a miles de kilómetros. Para él es «algo especial» y un orgullo poder crear estos lazos a partir de su pasión.

La última ilusión de Manolo, primero como aficionado al Celta y luego como miembro del club, es volver a ver a la entidad arriba. Las chicas de Cantero llevan dos años quedándose a las puertas del ansiado ascenso y Manolo piensa que este puede ser el año: «Este año con un poco más de empuje de la sociedad viguesa y las instituciones públicas volveremos a ver al Celta más pronto que tarde en la máxima categoría». Lo más fundamental para él es que el equipo ha vuelto a generar ilusión y que poco a poco «Navia se nos quede pequeño». Esa es su ilusión, volver a ver al equipo en lo más alto como en años anteriores. Por ello, gente de club tan entregada como Manolo se lo merece.

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