Del desahucio a la Praza do Rei

Una pareja que tuvo que abandonar su casa por orden judicial al terminar el contrato de alquiler acaba en la acampada contra la pobreza porque con un Risga de 478 euros nadie les alquila una vivienda


Vigo / la voz

Un matrimonio que fue desahuciado de la vivienda en la que pagaban religiosamente el alquiler ha terminado en la acampada de la Praza do Rei. La Policía Nacional acudió a mediados del mes pasado a la casa en la que Begoña Martín Martín y su marido José Rodríguez Otero vivieron durante las últimas décadas. La dueña de la vivienda anuló el contrato de renta de baja de la casa de la segunda Travesía del Camiño do Chouzo y no tuvieron más remedio que marcharse al haber una orden judicial que ya era irrevocable.

El Ayuntamiento prometió ayudarles. De hecho estuvieron diez días viviendo en un hotel de la calle Florida gracias al apoyo municipal.

Pero se acabaron los días y ellos no pudieron seguir pagándose este alojamiento. Con una Risga de 478 euros como únicos ingresos, no han encontrado ningún lugar donde poder vivir. No vieron una alternativa habitacional y se vieron abocados a vivir en la calle o ir a un albergue.

Confían en que su situación sea provisional y no acabe dilatándose en el tiempo. No desean que nadie les regale nada. Están dispuestos a pagar un alquiler acorde con su bajo nivel de ingresos. El problema es que nadie les quiere alquilar una vivienda. «Cuando llamas por teléfono, que ya me he gastado bastante dinero con el móvil, y mencionas la palabra Risga cuando te preguntan por los ingresos que tienes, ya se echan para atrás», lamenta José Rodríguez. Otras veces les piden unas cantidades completamente inasumibles. «Nos piden más de 500 euros y no podemos afrontar ese gasto», afirma Begoña.

Les cierran las puertas a pesar de que cuentan con un aval y la ayuda del Concello para los primeros meses de alquiler. «Hasta 300 euros siempre los podemos pagar. Siempre hemos sido legales en nuestros pagos. El problema es que no encontramos nada», lamenta José. «Si encontramos una vivienda, el Ayuntamiento pagaría el primer mes y luego otros dos. No habría problema porque nosotros seguiríamos pagando los meses siguientes», añade Begoña.

Echan de menos su antigua casa. «Llevábamos viviendo allí desde 1981 y de repente la dueña decidió resolver el contrato y ya llevamos doce días en la acampada», lamenta Begoña

Ayer imploraban porque algún alma benefactora les pueda proporcionar una pequeña casa con un patio para poder tener allí a sus perros. Llevan meses buscando por su cuenta un lugar donde vivir. Antes del desahucio ya sabían lo que se les podía venir encima. «Me levantaba a las siete de la mañana para patear la ciudad, pero con una Risga nadie se quiere hacer cargo», afirma José Rodríguez.

Futuro incierto

Hasta que no les aparezca una oportunidad, se ven abocados a a vivir en la acampada de la Praza do Rei. «Esto no es vida. No te puedes duchar y estamos los dos enfermos, tomando medicación. Aquí no podemos estar», afirma el hombre. José está enfermo de corazón, mientras que su esposa tiene artrosis y hernias en la columna.

Begoña Martín echa de menos a sus dos perros. La Policía Local no le deja tenerlos dentro del recinto y se los cuida un amigo de la familia. Ella los va a ver a diario los saca a pasear a un parque canino de la ciudad.

Acuden a los baños del Concello o del párking para lavarse. Si no encuentran nada, se les echará encima la época de frío y su situación empeorará todavía más. «Pedimos humildemente una casita. No somos gente abandonada, siempre hemos cuidado nuestra casa. Que alguien pueda devolverme la felicidad», imploraba ayer Begoña Martín con lágrimas en los ojos. Aseguran que sus familias no les pueden apoyar. «Los tíos de mi mujer están enfermos y son muy mayores y no tienen habitación. Tengo hermanos, pero no hay hueco ninguno. No pedimos una casa gratis, sino que alguien nos ayude».

Colapso

José y Begoña han pasado a ser un inquilinos más de la acampada que lleva más de dos años abierta para demandar más medios para la lucha contra la pobreza. «Es triste que la solución sea una tienda de campaña en la puerta del Concello, afirma su impulsor, Juan Carollo. Dice que están colapsados en el campamento desde hace varias semanas. «Antes nos echábamos las manos a la cabeza cuando teníamos a 10 o a 12 personas y ahora no bajamos de esa cifra. Hemos llegado a tener 20», afirma Carollo. Los últimos en llegar fueron varios okupas expulsados por la policía del número 14 de la calle Llorente el pasado miércoles.

Mientras tanto, el alcalde mencionó hace unos días que suele haber plazas libres en el albergue municipal de la calle Marqués de Valterra y en el concertado de los Hermanos Misioneros de los Enfermos Pobres de Teis.

«Si ha habido plazas es triste y quisiera saber porqué hay personas que suben a dormir a una tienda de campaña teniendo plazas libres en el albergue, qué es lo que ocurre allí. Creo que tienen que hacer algo más que dar de comer y de dormir o una toalla para una ducha», afirma Carollo, que lamenta que desde hace unos días no se deje entrar a quien no tiene ingresos.

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