Un matrimonio desahuciado deja la vivienda antes de que los eche la policía

La pareja se negaba a marcharse del piso pero consiguieron otro lugar donde vivir tras mediar la federación de vecinos


vigo / la voz

La primera Travesía do Camiño do Chouzo vivió ayer el desalojo dramático de un matrimonio de escasos recursos que fue desahuciado de la vivienda en la que llevaban casi toda la vida residiendo de alquiler. La pareja se negó en un primer momento a marcharse porque no tienen posibilidad para acceder a otro alquiler con dos perros y los precios actuales del mercado.

Gracias a la gestión «in extremis» de la presidenta de la Federación de Vecinos Eduardo Chao, María Pérez, consiguieron otro piso donde vivir provisionalmente hasta encontrar un lugar definitivo.

La comisión judicial se presentó pasadas las diez de la mañana en el domicilio situado detrás de los juzgados de Vigo. Un cerrajero esperaba en las inmediaciones para cambiar la cerradura, como corresponde en cada lanzamiento. Pero se encontraron con la negativa de sus moradores. «De aquí no nos movemos», aseguró el hombre, José Rodríguez Otero.

El procurador de la parte demandante se presentó en el domicilio. Recordó al matrimonio que no tenían más remedio que abandonar la vivienda porque así lo estipula una sentencia firme del Tribunal Supremo que data de hace ya tres años. Ya no caben más prórrogas ni recursos. El lanzamiento se iba a ejecutar hace un mes y ya consumieron el último plazo que les quedaba.

La comisión judicial avisó a la Policía Nacional. Una pareja de agentes de la UPR se presentó poco después en el domicilio. El matrimonio seguía firme en su decisión de no marchase. «No nos pueden mandar a la calle si no tenemos ningún sitio donde ir», decía Begoña Martín, que llevaba 40 años viviendo en la casa. «No sé cómo pueden dormir en paz viendo que nos van a dejar en la calle», sollozaba.

Los agentes se mostraron dialogantes con el matrimonio. Les invitaron a marchase para no empeorar aún más la situación porque si no tendrían que echarles por la fuerza. «Que vengan los más fuertes porque yo de aquí no me muevo», decía el hombre. Los policías dejaron a la pareja que reflexionara durante cinco minutos. En eso llegó la llamada a la presidenta vecinal de un propietario que se apiadó de ellos en el último momento.

El matrimonio cogió sus pocas pertenencias y, entre lágrimas, abandonó la vivienda.

El piso en el que vivían se encontraba en muy mal estado. Se había caído el falso techo de una sala, dejando tejado al descubierto y la piedra está afectada por la humedad.

No se trata de un desahucio por impago. El problema es que el contrato de alquiler finalizó al morir la madre de ella en el 2012. El acuerdo de arrendamiento quedó sin efecto, pero ellos siguieron pagando la misma renta. La dueña de la casa hizo valer sus derechos y logró que el juzgado les diera la razón. A este matrimonio no les quedaba más remedio que irse.

La presidenta vecinal, María Pérez, opinó ayer de lo injusta que le pareció esta situación. Esta entidad había reclamado una solución habitacional digna para este matrimonio que se iba a ver en la calle con sus dos perros, y unos ingresos de poco más de 470 de la Risga.

La federación vecinal va a emprender una campaña para recoger firmas con el fin de exigir a las administraciones que haya alternativas para las personas que van a ser desahuciadas. Demandan que el Concello firme con la Xunta el convenio de viviendas vacías. El alcalde, Abel Caballero, manifestó ayer desconocer este desahucio. La administración local conoce la situación desde hace varios años y les han ofrecido ayuda, pero no la aceptaron, según informó hace días la concejala de Servicios Sociales, Isaura Abelairas.

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