Maucune, general sanguinario

Hace 210 años, este oficial napoleónico arrasó villas y aldeas en expediciones de castigo ordenadas por el mariscal Ney


Soult y Ney son dos nombres de perro en el sur de Galicia. Se comenzó a bautizar así a muchos canes en recuerdo de los dos mariscales de Napoleón que invadieron el país en 1809. Sin embargo, quedó un homenaje por hacer: el de Maucune, el general más sanguinario de aquella guerra. Quizá su apellido no tenía la fuerza de los monosílabos para llamar a tu mascota. Da más para gato, que aunque lo llames tampoco te va a hacer caso.

 Pero Antoine Louis Popon de Maucune merece un lugar de honor entre los carniceros que abundan en cualquier guerra. Porque en abril y mayo de 1809 arrasó villas y aldeas en media Galicia, ensañándose con la provincia de Tui, en una razzia brutal que fue la reacción a la derrota francesa en la Reconquista de Vigo.

Porque, tras recuperar la villa olívica, los rebeldes plantaron campamentos para intentar liberar Tui. Desde Ponteareas y Salvaterra, los sublevados lanzaron ataques que fueron repelidos por el general Lamartinière, que gobernaba la capital episcopal. Además, la rebelión había prendido en todo el país y es entonces cuando el mariscal Ney ordena a Maucune lanzar expediciones de castigo. En Muros, arrasa la villa dejando ocho muertos y 185 casas incendiadas.

Ney publica un bando amenazante: «Que en todos los lugares ocupados por tropas francesas no se permita por ningún pretexto tocar las campanas desde el anochecer hasta el amanecer, no siendo en el caso de un incendio». Y continúa: «Todo lugar en que se toque a rebato bien sea a la llegada o a la salida de las tropas francesas, se pondrá en el caso de ser incendiado, si este toque tuviera por efecto fomentar alborotos».

Maucune avanza luego con tres mil hombres sobre el sur de Galicia. El 12 de abril, entran en Pontevedra, arrasándola. Luego, continúan hasta Ponteasampaio, donde les espera Morillo, con unos dos mil hombres, mal armados. En la tarde del 13 de abril de 1809 entran las tropas napoleónicas en Redondela, la villa es saqueada, las casas incendiadas y ocho redondelanos mueren asesinados.

Continúa Maucune hacia el sur. En la zona de As Gándaras de Budiño, los paisanos del entusiasta fraile Giráldez acosan a los galos, atacando su retaguardia con fusileros, logrando hacerles cuatro muertos y siete prisioneros.

El general Maucune llega a la capital tudense en la noche del mismo día 13 de abril, pero ven que no son necesarios, pues las tropas del general Heudelet han llegado desde Portugal para reforzar a Lamartinière. Así que el 14 de abril inicia esta columna una ruta de muerte en la que sembrará de cadáveres e incendios desde A Louriña a Pontesampaio. Osuna Rey calculó que en esa jornada fueron asesinados 104 paisanos, de los que 28 eran mujeres, mientras que eran quemadas aldeas enteras en Guillarei, Budiño, Atios, Porriño, Mos, Santo Esteban de Negros, Redondela, Vigo y Arcade.

José de Santiago cita a Schepler para narrar así el desastre: «A su vuelta, los franceses pegaron fuego a Redondela y ejercitaron su inhumanidad en los enfermos que allí habían quedado. Arrastraron por las calles a algunos de aquellos infelices, arrancándoles las entrañas, rompieron a otros la boca hasta las narices, violaron a las ancianas enfermas hasta que murieran, y profanaron las iglesias, devastadas con refinadísima depravación».

Sólo en Redondela, quemaron 200 casas. Mientras tanto, en Tui, contra todo pronóstico Lamartiniere abandona la ciudad el 16 de abril, para unir sus tropas al mariscal Soult, que sufre para conquistar Oporto.

Pero Maucune conocería la derrota un mes más tarde. En Pontecesures, la batalla del 26 de abril se salda con derrota gallega, pero deja a los franceses muy tocados. Tras reagruparse, las fuerzas rebeldes se reunirán en Vigo, desde donde parten el 20 de mayo hacia Compostela. Allí sentaron un discreto sitio a la ciudad. El capitán francés Marcel, en sus memorias, narra el desasosiego que se vivía en Compostela: «El general Maucunne enviaba cada día cazadores a caballo en reconocimiento del terreno, cazadores que regresaban sin encontrar nada. Con todo, una mañana, un cazador que había partido con su teniente y seis de sus camaradas, regresó herido, como único superviviente, ya que la patrulla había caído en manos del grueso del enemigo. La guarnición se puso en guardia y durante muchas noches, los soldados durmieron con sus armas, mientras que grandes guardias vigilaban».

El 23 de mayo, Maucune era derrotado y herido en la batalla a las afueras de Santiago, que era liberada por las fuerzas llegadas desde Vigo. Los franceses tienen que huir, tras sufrir 400 muertos y se hacen 260 prisioneros.

Ya en junio, el mariscal Ney lanzará un último ataque, con la batalla de Pontesampaio, en la que es derrotado y esto supone el fin de la ocupación de Galicia. Pero, antes, el general Maucune, se retira de la vanguarida para recuperarse de sus heridas. Antoine Louis Popon de Maucune aún continuaría luchando en España durante toda la guerra napoleónica. Y hoy es uno de los 660 héroes franceses cuyo nombre figura grabado en el Arco de Triunfo situado al final de los Campos Elíseos de París.

Pero esa celebridad no la comparte en Galicia, donde se comportó como un auténtico carnicero contra la población civil. Sólo las dificultades para pronunciar su apellido evitaron que Maucune sea también hoy un nombre de perro.

eduardorolland@hotmail.com

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