Los asubiones se despiden de la ría hasta el invierno

El ánade silbón deja la ensenada de San Simón para pasar el verano y la primavera en el norte de Europa


Amigos da terra vigo@tierra.org

Con frecuencia saludamos en estas páginas la llegada de las especies migratorias, pero siempre olvidamos despedirnos de las que regresan tras pasar unos meses a nuestro lado, y como la semana pasada tocábamos el asunto de la patología (que no es, pero podría ser, el estudio de los patos) hoy queremos presentarles a unos amigos que justamente estos días regresan al norte de Europa a pasar la primavera y el verano tras su invernada en la ensenada de San Simón y la Foz del Miñor.

 Existe un cierto consenso en que los patos hacen «cuac, cuac» por eso, que nuestros protagonistas se llamen asubiones, o ánade silbón (Anas penelope) ya nos indica un rasgo diferencial porque, como su nombre indica, nuestros primos se comunican con agudos y cortos silbidos. Se trata de patos de mediano tamaño, que no suelen superar el kilo de peso ni el medio metro de envergadura de alas. Viendo su perfil podemos deducir además que se trata de patos fundamentalmente nadadores y no buceadores.

La manera de diferenciarlos es muy sencilla. Si el perfil de un pato es alargado, especialmente con su parte final, lo que viene siendo el culo, si me disculpan, destacándose «hacia arriba», se trata de un pato nadador. Si por el contrario su silueta es redondeada y su perfil termina descendiendo hacia el agua se trata de un pato buceador. Otra adaptación de los asubiones es su pico mucho más corto que el de sus parientes cercanos, directamente relacionado con su alimentación específica porque, como suele suceder, el motivo de las migraciones tiene que ver con la disponibilidad de alimento y nuestros amigos, vegetarianos ellos, disfrutan aquí de un excelente restaurante en las praderas de zostera marítima, esas plantas adaptadas a las aguas salobres (que no algas) que tapizan en bajamar el fondo de la ría de Vigo y la Foz del Miñor, circunstancia que se suma a su predilección por los espacios abiertos y de aguas saladas cuando llegan a nuestras latitudes, cosa que cambiarán en la época de cría donde prefieren agua dulce y zonas cubiertas por abundante matorral y arbolado mucho más seguras para nidificar.

Aquí se suma también un rasgo diferencial que comparten con el resto de sus hermanos y hermanas: la diferencia de plumaje entre machos y hembras. Los machos siempre son mucho más vistosos en cuanto a variedad de colores y tonalidades de sus plumas. Ellas, mucho más discretas. Anoten como curiosidad que cuando entre machos y hembras de patos no exista diferencia de colores, el truco consiste en fijarse en las plumas de la cola. Si son rizadas, macho, si son lisas, hembra. Pero estas diferencias de colores no son casualidad sino supervivencia. En el período crucial de la incubación de sus huevos la hembra de asubión, como el resto de sus primas, no puede salir del nido para mantener el calor de su futura prole. Tener colores llamativos significaría ser un reclamo para los depredadores, de ahí sus tonalidades que la mimetizan perfectamente con su entorno. Ellos, en cambio, pues a presumir de colorido (que encima tienden a perder tras aparearse) y que la responsabilidad y el riesgo lo asuman ellas. No me digan que no les suena conocido a poco que extrapolemos.

Nuestros amigos asubiones están justamente ahora iniciando el viaje de vuelta tras pasar aquí el invierno. No deja de ser una cruel paradoja, que ya empieza a ser urgente revisar, que cuando nuestros primos llegan en busca de refugio precisamente en las estaciones más duras del año coincida precisamente con la temporada de caza. Por si fuera poco, la vertiginosa desaparición de los últimos espacios naturales en los que pueden encontrar todavía cobijo y alimento no les ayuda precisamente el riesgo añadido de ser víctimas de unas docenas de perdigones de plomo ardiente entrando en su cuerpo a modo de bienvenida.

Si aún así consiguen sobrevivir les espera un viaje de vuelta tampoco exento de riesgos hacia sus cuarteles estivales en los que, si todo va bien, conseguirán sacar adelante a una nueva generación que el próximo otoño les acompañará, y a quienes esperamos dar la bienvenida en apenas unos meses.

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