Okupas e incendios disparan el uso de alarmas en segundas viviendas de Vigo

Los propietarios temen acabar en el juzgado por lo que supone de tiempo y gasto


vigo / la voz

Tener una vivienda de segunda ocupación vacía provoca cada vez más dolores de cabeza. Al temor a los frecuentes robos se suma el de la ocupación, no solo por el problema en sí que representa, sino por la oleada de incendios ocasionados como consecuencia de despistes o de prácticas poco ortodoxas por parte de los okupas.

Es tal la preocupación existente, que la demanda de alarmas, que en un principio era cosa más bien de viviendas unifamiliares, se ha extendido a las comunidades de propietarios de Vigo en las que existe algún piso vacío. Cada vez son más las que se oponen a la colocación de carteles en las ventanas con anuncios de alquiler o venta de pisos por si actúan de imán.

De este aumento de la demanda de alarmas da fe Francisco Prado, jefe de ventas de Prosegur en Pontevedra y Ourense, quien advierte sobre el peligro del clásico método bumping, muy utilizado no solo por delincuentes para hacerse con lo ajeno, sino también por okupas. Consiste en el uso de una llave especial que permite abrir cerraduras al instante con un ligero golpe y sin causar destrozos, lo que hace que se considere solo hurto.

«La gente que vive fuera y tiene una vivienda vacía es lo primero que hace, poner un sistema de alarma; es ya un porcentaje muy alto. Al okupa le resulta complicado echarlo y si tiene un recibo domiciliado en la vivienda o un pago, es un lío. Acaba en los juzgados y pueden pasar meses hasta que se resuelva», indica el experto en seguridad. Eso, al margen de los gastos, lo que anima también a la prevención.

El temor a la ocupación ha llegado a tal extremo que se dan casos en los que, una vez que logran desalojar la vivienda de okupas, lo primero que hacen es tomar medidas. «Nos pasó en unas casitas pequeñas de la calle Aragón. El cliente nos llamó para poner la alarma el mismo día que hacían el desalojo», apunta.

Cuando los propietarios se desentienden de la casa, puede pasar lo ocurrido en la calle Navarra, en el entorno del futuro centro comercial Vialia de la estación de Urzaiz, donde los okupas se hicieron con un gran inmueble y el fenómeno se extendió a otros edificios cercanos. Los propietarios tuvieron que recurrir a los tribunales.

Lo mismo les sucedió a los herederos del chalé conocido como Villa Juanita, en la avenida da Hispanidade. El inmueble fue ocupado durante varios años por una organización social, donde se prestaban servicios a las personas sin recursos y se impartían charlas. Finalmente, los herederos reclamaron la vivienda en los juzgados de Vigo, los okupas la abandonaron y se trasladaron a otra zona de la ciudad.

Una comunidad de vecinos de Samil se apunta al «ojo de halcón», un vigilante virtual

Antes de acceder a la ocupación de pisos por el método bumping en los bloques de edificios los intrusos se fijan en los telefonillos de los portales, los marcan y los tantean durante una temporada para constatar que están vacíos.

El sistema más novedoso para las comunidades de propietarios es el conocido como «ojo de halcón», una especie de vigilante virtual con varios ojos que no pierden de vista las diferentes estancias de la comunidad, como sucede en un edificio de Samil.

Este método inteligente garantiza la seguridad las 24 horas del día durante todo el año y cubre estancias como pasillos, garajes o trasteros interactuando en tiempo real con los propietarios. En caso de registrarse alguna incidencia, alerta a la policía.

Tanto con este sistema como con otros la normativa es muy rigurosa. «No podemos dar aviso a la policía si no hay imágenes que lo verifiquen, por lo que todos los sensores tienen cámaras. Accedemos, vemos lo que ocurre y si hay intrusismo se llama a la policía o a la Guardia Civil en el caso del ámbito rural», explica el responsable comercial de Prosegur Francisco Prado.

Los inmuebles protegidos suelen tener una pegatina en la que se advierte de ello, aunque también existen algunos carteles falsos colocados simplemente con el ánimo de ahuyentar y que raramente cumplen su función al ser ya son conocidos entre los okupas y los cacos.

Las organizaciones sociales de la ciudad calculan que hay entre sesenta y ochenta personas que residen como okupas en la zona del centro de Vigo, incluido el Casco Vello.

Arde dos veces en seis horas una casa del centro

Una casa abandonada de dos plantas situada frente al número 36 de la calle Rosalía de Castro se incendió ayer dos veces en apenas seis horas. El primer fuego se registró el jueves a las 18.45 horas. Se inició en la entrada (protegida por una verja) y fueron los propios testigos los que lo apagaron. Los vecinos no ven okupas porque está muy tapiado. En la madrugada de ayer, a las 2.58 horas, hubo un segundo fuego en el mismo inmueble, lo que obligó a movilizar otra vez a los bomberos.

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