Cientos de demandas de abusos en tarjetas de crédito quedan en el aire

El Supremo debe confirmar si el cobro de intereses del 24 % se considera usura


VIGO / LA VOZ

Primero fueron las preferentes, luego las cláusulas suelo y ahora las tarjetas de crédito al consumo conocidas como revolving y que cargan intereses del 24 % o más por pequeños créditos al consumo. Este es el nuevo pleito que está ocupando a los bufetes de Vigo especializados en abusos bancarios. Alguno de ellos, como Asesority Abogados, ya ha captado a 770 demandantes en toda España. La mayoría debe al banco 5.000 euros de media y el perfil es de clase media. En Vigo, el mismo bufete lleva más de una docena de pleitos que están en el aire a la espera de una sentencia clave del Tribunal Supremo.

Muchos clientes están descubriendo que, tras usar su tarjeta para hacer compras o echar gasolina, el banco les carga altos intereses que forman una bola de nieve; el consumidor paga y paga sin liquidar el saldo del que dispuso. Las deudas se disparan a 10.000 o 15.000 euros y cientos de afectados acuden a los tribunales a reclamar la devolución.

Los demandantes están expectantes a la espera de que el Tribunal Supremo dicte este verano una sentencia que unifique el criterio de las Audiencias y establezca que los intereses del 24 % de una tarjeta revolving son usureros o no. Deberá confirmar o no su anterior pronunciamiento del 25 de noviembre del 2015 en el que vio usura. Ahora, un recurso de casación presentado desde Albacete lo cuestiona porque en el 2010 el Banco de España fijó una tabla con un tipo de interés medio del 19 o 20 %. La banca argumenta que, según ese criterio oficial, cargar el 24 % no es abusivo. Los afectados replican que el interés medio del crédito al consumo solo es del 8 %.

El Supremo estudiará ahora los requisitos para apreciar la usura en los intereses de las tarjetas de crédito. Le dará prioridad a esta sentencia para unificar la doctrina con rapidez ante la elevada litigiosidad que está surgiendo. Por su parte, la banca ha comunicado a los bufetes que los recursos quedan paralizados hasta que el Supremo se pronuncie, lo que se espera en unos meses.

Actualmente, las salas de la Audiencia de toda España discrepan sobre si un tipo de interés del 24 % es abusivo o no. Santander, A Coruña, Albacete y Valencia se oponen. En Galicia, una sala coruñesa lo niega pero otras dos lo consideran usurero. En Vigo, la Sexta Sección de la Audiencia aún no se ha pronunciado al no entrar de lleno en si hubo usura. Ante la disparidad de criterios, el Supremo unificará la doctrina en su próxima sentencia. Si es favorable al consumidor, el abogado vigués de Asesority, David Alfaya, prevé el bum de las demandas a partir del verano. «La sentencia tendrá una gran repercusión si se confirma», dice. La Audiencia de Álava acaba de devolver 17.000 euros a un cliente suyo.

La batalla en Vigo, por el momento, se centra en los tribunales de primera instancia. La jueza del número 6 celebró ayer una vista previa respecto a un cliente que usó una de estas tarjetas revolving en el 2000. La usó varios años y luego la aparcó pero los intereses siguieron creciendo silenciosamente hasta generarle una deuda de 15.000 euros.

«Es un negocio con trampa, las tarjetas vienen configuradas con el pago aplazado, cobran poco dinero al mes, 25 euros o así, y el cliente ve que siempre tiene saldo. Quieres que gastes para generar más intereses», afirma Alfaya. El letrado aconseja, en caso de activar la tarjeta, configurarla para pagar toda la deuda al final del mes sin generar intereses.

El mismo letrado comenta que en una reciente visita a un centro comercial de Portugal vio el anuncio de una de estas tarjetas con un tipo de interés del 16 %. Al volver a Vigo, en otro centro comercial, vio el mismo anuncio pero sin informar de los tipos de interés. Averiguó que cargaban el 26 %, diez puntos más que en el país vecino.

Un bolsillo mágico que se rellena para hacer compras o echar gasolina

E l Banco de España define las tarjetas revolving como aquellas de crédito en las que el cliente opta por un pago flexible. Permiten devolver el crédito de forma aplazada al pagar cuotas periódicas que varían según las cuantías que maneja. El banco puede prefijar unos límites y poner a disposición del usuario entre 600 y 6.000 euros. El consumidor que activa esta tarjeta puede luego fijar el importe de su cuota. Si quiere pagar poco al mes, la amortización de la deuda, que es acumulable, será más prolongada y generará grandes intereses. El Banco de España recalca que con cada cuota pagada el crédito disponible de la tarjeta se reconstituye, es decir, el cliente puede volver a disponer del importe del capital que amortiza en cada cuota.

En un escenario de salarios estancados, las tarjetas de crédito al consumo son una tabla de salvación para llegar a fin de mes. El límite del saldo disminuye según se realizan cargos (compras, disposiciones de efectivo, transferencias, liquidaciones de intereses y gastos y otros) pero se repone con abonos (pago de los recibos periódicos o devoluciones de compras). Es como un cofre del tesoro o un bolsillo mágico que se rellena continuamente con monedas. Pero tras el subidón de sentirse rico pagando a plazos llegan las sorpresas. Los intereses generados, las comisiones y otros gastos repercutibles al cliente se suman y financian junto con el resto de las operaciones (pagos en comercios, en Internet, o reintegros de cajero). Es lo que se llama la bola de nieve. De 300 euros, 200 son intereses.

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