Los 38 maratones solidarios de Lolo

El baionés Manuel Leyenda lleva más de 250.000 euros recaudados en treinta años corriendo por causas benéficas


baiona / la voz

Manuel Leyenda fue uno de los nombres destacados de la última Vig-Bay, por ser el participante más longevo. Pero el tiempo no es lo que marca la pauta del corredor más veterano de la prueba, que con 71 años corrió 21 kilómetros en dos horas y cuatro minutos. «Lo único importante es llegar a la meta, tardes lo que tardes», asegura. El representante del centro cultural de Baíña ha completado 34 veces la maratón de Londres, superando los 250.000 euros recaudados en beneficio de distintas causas benéficas.

Tiene un mérito incuestionable, dado que es muy difícil conseguir un dorsal para la maratón más solidaria del mundo. Para la de este año, que se disputa el día 28, se registraron más de 250.000 solicitudes para un máximo de 37.675 participantes. Lolo, como conocen todos sus amigos a Manuel Leyenda, acabó 34 veces este recorrido que discurre por el sur del Támesis y ha cubierto otras dos maratones en Madrid, una en París y otra en Sevilla. En su casa de Baíña guarda las medallas de todas ellas y también, los dorsales de más de medio centenar de medias maratones. Casi 3.000 kilómetros solo en este tipo de pruebas con fines caritativos, lo que le daría de sobra para venir a su villa natal desde Londres, ciudad en la que residió con su familia los últimos 45 años. El 1 de enero del 2018 se asentó definitivamente con Pilar Pazos, su mujer, en la parroquia de Baiona para disfrutar de su jubilación. «Tiene 71 años pero está como un chico de 40, supongo que por el deporte. Llevamos aquí dos años y aún no hemos tenido que ir nunca al médico», confirma su mujer.

«Corro porque me gusta y voy a mi ritmo», sentencia Lolo. Empezó al nacer su primera hija, que le acompañó con su nieta y su nuera en la última maratón londinense contra el cáncer de mama. «Trabajé durante 45 años como responsable del almacén de comida de una residencia para personas en situaciones terminales en Londres. Aprendí la suerte de poder andar y vivir», explica. Y no ha parado de hacerlo en los últimos 27 años, ni tiene visos de hacerlo. De media entrena tres o cuatro días a razón de 15 o 20 kilómetros por jornada, llueva o nieve, prevé repetir la de Londres en el 2020 y «algún día haré la de Nueva York, aunque aún no sé cuándo».

«Los ingleses son muy solidarios. Yo competí por distintas causas, la mayoría de veces para enfermos de cáncer, pero también para personas ciegas, afectados por enfermedades terminales o por alguna enfermedad rara, y conseguí recaudar más de 250.000 euros en total», explica. Recuerda que en su trabajo le preguntaban si su cuerpo era de goma, «porque siempre llegaba el primero el lunes tras la maratón y me decían que como si no hubiese corrido». Entre las jornadas vividas destaca el haber portado la llama en los Juegos Paralímpicos de Londres del 2012. Como anécdota, «que la maratón en la que peor lo pasé fue en la de Sevilla porque hacía tantísimo frío que tardé en recuperarme». Asegura que no hace dieta. «Como todo lo que me pone mi mujer en el plato», dice a la par que ella ratifica que «de todo menos cerdo salado y, antes de una maratón, pasta».

«Para correr distancias largas es muy importante tener fortaleza mental porque si no, el cuerpo a los 30 kilómetros ya no resiste», sostiene. Su sistema apunta a la constancia y al compromiso personal dentro y fuera de los circuitos: «Siempre hay algo por lo que correr. Quizás algún día alguien también tenga que correr por mí».

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