El clúster de la automoción y Feijoo reclaman que no se prohíban los motores convencionales

El sector facturó 8.650 millones el año pasado y aumentó las exportaciones en 1.500

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Feijoo felicita a la industria de la automoción por sus resultados El director de Citroën, Ignacio Bueno y el presidente de Ceaga, Juan Antonio Lloves, intervinieron en la asamblea del sector de la automoción para realizar un balance del año

Ceaga, el cluster de la automoción que aglutina 125 socios a los que hay que añadir 35 empresas emergentes, reclama que se ralentice la prohibición de los motores de combustión. El clúster ha celebrado asamblea anual en el Centro tecnológico de la automoción en O Porriño. En la reunión se ha puesto de relieve el estancamiento de la facturación que fue de 8650 millones de euros, 0,3% menos que el año anterior. Sin embargo las empresas incrementaron sus exportaciones en 1.500 millones de euros. Durante el año pasado se contabilizaron 22.300 empleos. Es la mejor cifra desde el año 2007, según ha puesto de relieve el presidente del cluster Juan Antonio Lloves.

El responsable de Ceaga ha manifestado su preocupación por la normativa de emisiones que está afectando al sector de la automoción. El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo ha compartido esta preocupación y ha pedido a las autoridades europeas que se vaya despacio y no se prohíba el motor convencional antes de analizar las consecuencias que puede traer. Por su parte, el director del grupo PSA en España, Ignacio Bueno, ha puesto de relieve el potencial del grupo puede llegar a fabricar más de 1 millón de coches en España. En este sentido Feijoo ha expresado su confianza en el nuevo modelo todocamino como impulsor de las ventas.

El presidente de la Xunta ha incidido en la necesidad de bajar los impuestos para seguir siendo competitivos en el sector de la automoción y también disminuir el coste de la coste de la electricidad para mejorar la posición de las empresas gallegas frente sus competidores.

El diésel no tiene los días contados

Javier Armesto

El Mercedes Clase B nació en el 2005 como una apuesta para el segmento monovolumen. Seis años más tarde llegó la segunda generación, pero es ahora, con la tercera, cuando Mercedes se ha decidido a darle una filosofía más deportiva. Sigue siendo un coche familiar, amplio y con los acabados y el tacto de conducción inconfundibles de la casa alemana, pero también puede ser ágil y rápido. Este coche tiene un punto de rock and roll.

El Clase B tiene un aspecto de coche familiar, con una buena altura de la carrocería y mucha superficie acristalada. Las formas redondeadas y fluidas consiguen un coeficiente aerodinámico muy bajo de 0,24. Los faros delanteros y traseros se han estilizado y la línea de las ventanillas asciende ahora ligeramente en el pilar posterior. Esta versión llevaba además el kit estético AMG en los faldones y la parrilla del radiador de efecto diamante.

Al abrir las puertas vemos las taloneras con el nombre de Mercedes iluminado, al igual que los tiradores exteriores, detalles de calidad que reflejan el alto nivel presente en todo el habitáculo. El volante es plano por abajo y los asientos son extremadamente cómodos y además sujetan muy bien. Tienen banqueta extensible y ajuste de altura e inclinación, y están tapizados con símil cuero y microfibra, un material que también se emplea en otras partes del revestimiento interior. Vamos sentados en una posición elevada, pero hay mucho espacio hasta el techo y las rodillas no tocan con el salpicadero. Atrás pueden ir cómodos dos adultos, no así el pasajero del medio por el grueso túnel central.

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