De «delegado palmero» a técnico todoterreno

Aunque de familia ligada al baloncesto, no comenzó hasta los 16, pero ya nunca lo ha dejado


vigo / La Voz

Darío Méndez practicó béisbol y balonmano antes de decantarse por el deporte al que parecía estar predestinado. Porque aunque la mayor parte de su familia estaba ligada al baloncesto, no fue hasta los 16 años cuando se inició. Desde que lo hizo, eso sí, ya nunca se ha desvinculado. Técnico de ese club desde 1993, es difícil entender el Porriño Baloncesto Base sin su figura.

Todo empezó por su hermano, Miguel Méndez. «El círculo de amistades que tenía era del baloncesto porque él jugaba en el Ademar», recuerda Darío. A base de ir a los partidos y acompañarle en entrenamientos, le liaron. «Fui delegado del equipo júnior, pero me limitaba a aplaudir, decir que muy bien y estar pendiente de los balones y de las fichas. No era un trabajo muy responsable porque el entrenador entonces lo hacía casi todo», detalla.

Para él aquella etapa era «como ser uno más del equipo que no tenía ficha y aplaudía en el banquillo, un palmero de toda la vida», describe divertido. De ahí pasó a jugar para echar una mano cuando faltaba alguien a entrenar. «Yo practicaba todo tipo de deportes y me metí. Al año siguiente había plazas en júnior y entré en el equipo». De entonces recuerda una anécdota que aplica como técnico: «Éramos ocho y yo no jugué nada hasta mayo. ¡Como para que me hablen a mí de minutos de juego!».

Su primer técnico, el luego médico de la selección española Fernando Zapata, tuvo mucha culpa de que a Méndez se le «metiera el gusanillo» de ser entrenador. Fue a mediados de los 80 cuando decidió formarse, sacar el título nacional y comenzar a ejercer esta faceta. Lo hizo con los infantiles del Ademar y luego estuvo en el Peleteiro antes de recalar en Porriño, adonde llegó para quedarse.

Inmerso esta temporada en llevar a varios equipos de formación, asegura que la motivación jamás le ha faltado en estos 25 años. «Vivir de algo que te gusta es menos trabajo y al ser un club tan grande, con 23 equipos, nunca estás muchos años con una misma categoría o un mismo grupo, con lo que estás continuamente empezando de nuevo», explica. Cada grupo o cada generación supone «un objetivo diferente» con lo que desde su prisma «es imposible agotarte de esto».

Sí reconoce que le han tentado para cambiar de club y que, en una ocasión, llegó incluso a planteárselo. Fue en la temporada 1999/2000, un año complicado en que el futuro del equipo porriñés estuvo en el aire. «Separamos el equipo LEB de las categorías de formación y no sabía qué iba a pasar. Ahí me planteé irme, pero me convencieron para quedarme. Fue cuando nació el PBB», dice sobre el proyecto actual, que daba continuidad a la base del club anterior. «No siendo en ese momento, siempre tuve claro seguir y me veo mucho más tiempo», avanza.

Méndez raramente sabe lo que es tener un fin de semana libre -«mi domingo es el martes», dice, y tampoco desconecta del baloncesto-, pero a cambio el baloncesto le ha dado muchas otras cosas. «He vivido muchas experiencias y tocado todos los palos desde que el presidente del Alertanavia y profesor mío del instituto me invitó a llevar el equipo de baloncesto del San Rafael», recuerda. Vivencias que nunca hubiera imaginado, agrega.

Si se le pregunta por algo que le quede pendiente en el mundo del baloncesto, necesita pensárselo para encontrar una respuesta. «Igual ir a ver una Copa del Rey y una final four, vivirlo como espectador», improvisa antes de reiterar que está «muy satisfecho» con lo que hace y no tiene «ningún sueño especial». «Me hubiera gustado ser ayudante de entrenador de un equipo profesional, pero nunca tuve ocasión». Sí pudo observar de cerca el trabajo de Cholas y Larry, «lo mejor que había en Vigo».

Para Darío el baloncesto significa «todo», asegura. «Te ayuda como persona a enfrentarte a los problemas. Yo siempre digo: ‘Esta película ya la vi’. Vas cogiendo poso y otro punto de vista», analiza. En su caso, pasando de «ser maximalista y plantear las cosas en todo o nada» a ser capaz de ver más allá. «Está el crecimiento de los niños, el sacrificio de los padres para que hagan deporte… Hay otro baloncesto del que no siempre estamos pendientes y es muy importante», reivindica.

Entre lo aprendido está el hecho de que los técnicos también son un espejo donde los niños se miran. «Se fijan en nuestra manera de desenvolvernos, actuar, gestionar problemas. Tenemos una responsabilidad importante», asume. Y el PBB se ha convertido en su lugar en el mundo donde ejercerla.

Personal

Darío Martínez Méndez, que usa su segundo apellido, nació en Vigo en 1965 en una familia muy ligada al baloncesto.

Equipos Su primer vínculo con este deporte fue en el Ademar y estuvo en el Peleteiro.

PBB

Lleva en el equipo desde 1993.

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