Pecheches, una obra social

El equipo de fútbol sala de A Salgueira ejerce como dinamizador del barrio y su juvenil compite en la máxima categoría pese a entrenar en pésimas condiciones


Vigo / La Voz

Cae la tarde y un grupo de jóvenes entra en la cancha descubierta de baldosa del barrio vigués de A Salgueira, un recinto sin las dimensiones reglamentarias, con unas porterías que se pudren por el paso del tiempo y con unas redes de pescar colgadas detrás de los tres palos para evitar la fuga de balones. Aunque lo parezca, allí no se celebra una pachanga entre amigos, sino que se ejercita el equipo de División de Honor juvenil (la máxima categoría en el fútbol sala actual) del Pecheches, un club que nació para sacar de los malos hábitos a los jóvenes de un barrio que tuvo fama de conflictivo y que adoptó el nombre de uno de sus primeros jugadores, fallecido dos días antes de cumplir los 18 años en un accidente.

Pecheches es una forma de honrar y recordar por su apodo a Pablo Gallego, el portero del primer equipo del barrio. Dos días después de su muerte (el 15 de julio de 1998) ya se celebró en la cancha de A Salgueira un torneo sénior en su memoria, una cita que perduró en el tiempo hasta que la madre del fallecido propuso un cambio de rumbo. «Dixo que quería romper con ese torneo e que desexaba que montásemos un club para sacar aos rapaces dos malos hábitos nun barrio cunha fama que todos coñecemos», recuerda Sandra Miguéns, una de las fundadoras del Pecheches, vicepresidenta y tesorera del club.

El deseo se convirtió en realidad en septiembre del 2012. Salieron con un equipo infantil compuesto por una docena de jugadores de los cuales dos gemelos perviven hoy en el juvenil A, el mascarón de proa de la entidad. Un año después se proclamaron campeones gallegos de la categoría y a día de hoy han superado el centenar de licencias y cuentan con ocho equipos que van desde benjamines hasta el sénior, que vive su primer año de existencia por deseo de los futbolistas que pasaban de edad. «Moitos rapaces que cumprían a idade pediron que lles montáramos un equipo para non irse e xogan eles e os adestradores do club», comenta Sandra.

La mejor prueba de que desafían a todos los elementos a la hora de entrenar y competir. Porque conseguir que el juvenil de División de Honor se codee con la élite de este deporte en Galicia puede considerarse un pequeño milagro dadas sus condiciones de trabajo. «Hicimos la pretemporada por el sendero del Lagares, entrenamos en una pista de baldosa y cuando llueve mucho no queda más remedio que suspender la sesión y las redes las ponemos nosotros como podemos», comenta Pedro Sobrino, el entrenador del juvenil A con la ayuda de Ángel Álvarez, su segundo. Mención aparte merecen los balones, que destroza la superficie a razón de 60 por año lo que significa un gasto de 720 euros.

Por encima no pueden utilizar esta cancha como aliada, sino que el reglamento de competición les obliga a jugar en un pabellón cubierto a algo que para ellos es «otro deporte», una expresión utilizada Sobrino en base a un argumento convincente: «Cuando vas a un pabellón cambia la manera de deslizarse el balón, los controles, los golpeos, todo es diferente». Aun así están plantando cara a nivel deportivo.

Os Pecheches viajan en coches particulares por toda Galicia sin cobrar ni la gasolina ni los peajes y por supuesto, sin ninguna remuneración. «Aquí los medios son 0. Aquí no hay nadie que cobre un duro porque los recursos son limitados, esto es una obra social más que otra cosa, esto es poner tu dinero, tu coche y tu tiempo, tus medios», comenta Sobrino.

A los jugadores no le cobraron ni un euro durante los tres primeros años de vida de la entidad y ahora abonan 10 euros al mes (100 al año, ficha federativa incluida). Lo único que tienen que costearse a mayores son las equipaciones. Para las zapatillas han creado un banco para que pasen de un futbolista a otro.

Iniciativas para sobrevivir que se completan con la manida expresión del club familiar que en este barrio vigués vive su plasmación práctica: «Nós si que somos unha familia, porque noutros clubs os rapaces son números e aquí non, se un ten un problema estamos todos con el». Todos a una según Sandra.

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