Enganchadas al rugbi sin edad

Veteranas del Vigo inician un proyecto para formar un equipo de antiguas jugadoras entre 37 y 50 años


Vigo

Lo mejor y lo peor que tiene el rugbi es que engancha, dice Helena Rodríguez. Lo sabe bien ella, que por ese motivo fue una de las impulsoras del grupo de veteranas del Vigo Rugbi que da sus primeros pasos con vistas a convertirse en equipo formal y estable en el futuro. Van paso a paso, pero el interés y la ilusión que despertó la iniciativa han provocado que esos pasos iniciales pronto hayan sido sucedidos por zancadas.

«La idea era juntarnos para entrenar una vez cada trimestre, por aquello del miedo al compromiso. Pensamos que malo sería no ser capaces de juntarnos dos o tres veces al año», señala. Pero tan buena fue la primera experiencia, pese a que «se notó quiénes habían hecho deporte en estos años y quiénes no», que al día siguiente ya tenían claro que la periodicidad debía ser otra. «Fue tan bien, que enseguida estábamos hablando de hacerlo mensual. Y eso que en el grupo de WhatsApp alguna comentaba lo que le costaba agacharse, pero aun así todas muchas ganas de repetir», confiesa.

La idea llevaba tiempo rondando las cabezas de sus tres impulsoras. Todas las que hoy son las integrantes, con edades comprendidas entre los 37 y los 50 años, jugaron al rugbi en el pasado, algunas incluso en la máxima categoría a nivel nacional como la propia Helena, jugadora durante 23 años. «Pertenecemos a cuatro hornadas diferentes, pero nos conocíamos todas porque hemos seguido ligadas a este deporte», relata. Ya fuera como entrenadoras, madres de deportistas que lo practican ahora o jugadoras ocasionales en el torneo abierto de playa que organizan los Melgachos -equipo veterano masculino vigués-, donde solían coincidir al menos una vez al año, seguían viéndose. Y de ahí vino todo. «Nos dijimos, o ahora o nunca», rememora.

Cuenta Helena que fueron «a lo seguro», a aquellas que sabían que «iban a decir que sí». «Fuimos listas, a tiro fijo a por las que teníamos caro que iban a responder», recuerda. Y no se equivocaron. «Ahora, desde este núcleo de doce o catorce, queremos volver a crear un hábito de entrenar mensualmente, que se vayan sumando más veteranas que andan diseminadas por ahí y por qué no montar un equipo en el futuro», dice.

Rugbi touch

Aunque tienen claro que el suyo es un proyecto donde prima el objetivo de divertirse, son deportistas, algunas con pasado en la élite, y mujeres competitivas. Por eso no se conforman con reunirse para pachangas, sino que entienden como básico ajustarse a las normas de la modalidad que han elegido, en este caso el rugbi touch, una variante sin contacto. «Para eso tenemos a una entrenadora, Margot Montes. Aunque nos gestionamos un poco entre todas, ella es quien se encarga de darnos las pautas, porque al final esto es deporte y hay unas normas que cumplir», destaca.

Muchas de ellas son madres (sus hijos están «encantados» de verlas en acción) y la conciliación va a ser el gran reto. No solo de las vidas familiares, sino de las deportivas de sus hijos. «Necesitamos que nuestros entrenamientos no coincidan con los de las escuelas y que no haya partidos», recuerda. Aún no saben cuándo, pero lo que es seguro es que en este mes de noviembre volverán a encontrar un hueco.

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