«No saben las chicas lo que se pierden»

La abadesa, sor Herminia López Andrade, valora su vida intramuros. «No me duele que me llamen encerrada, porque estoy aquí por amor», asegura tras 58 años en Tui


tui / la voz

«Las jóvenes no saben lo que se pierden, porque aquí serían felices. Por estar encerradas creen que somos infelices, pero qué va, aquí lo tenemos todo». El discurso de sor Herminia López Andrade, que el 3 de enero de 1960 cumplió su deseo vital de enclaustrarse en el convento de las Clarisas de Tui, podría rasgar vestiduras. El testimonio de la abadesa de la comunidad, con solo seis hermanas de entre 69 y 96 años, habla de libertad, respeto y, sobre todo, de felicidad. El trabajo intramuros se ha multiplicado desde hace semanas y el torno a través del que despachan los encargos gira estos días más que nunca. No hay peregrino o turista que no haya escuchado hablar de sus dulces de clausura, así que trabajan doblando esfuerzos porque, además, el lunes celebrarán la festividad de Santa Clara.

Los meses de julio y agosto son, con la Navidad, los momentos que más tiempo dedican a la cocina. «La demanda de postres siempre se dispara estos meses, porque la gente que viaja los lleva de regalo a la familia», explica la abadesa. Sus peces, tartas y pastas de almendra alimentan a creyentes y ateos de muchas casas estos días. No solo de España, porque hay veces que empaquetan para otros países como Inglaterra, Alemania o Canadá. En estas fechas salen de su horno unas 80 docenas a la semana de sus populares peces de almendra, y decenas de tartas. «Ahora mismo debemos tener unos 500 kilos de almendra, pero utilizamos más de 1.200 al año», indica.

La receta del postre que identifica a Tui es uno de los secretos mejor guardados y se ha protegido con el celo debido durante los más de cinco siglos de presencia clarisa en el municipio. «La fórmula tampoco interesa por el trabajo que da. Hay que dedicar un día entero para hacer los pececitos. Realmente los hacemos gratis, por amor al arte y a Tui, porque son dificilísimos de hacer y hay que pelar la almendra a mano el mismo día», revela sor Herminia.

La falta de relevo preocupa a la comunidad. «Es el momento más crítico de vocaciones en la Iglesia y Tui lo refleja. Lo que más nos duele es que no haya ninguna vocación de aquí», explica la abadesa. Afronta la situación con objetividad, ya que hace treinta años que ya no profesa ninguna hermana en su comunidad. Parece que hay lugar a la esperanza. «Pensamos que va a haber alguna promesa este año», deja caer. Lo cierto es que forman parte de Tui desde hace siglos «y tenemos como garantías la catedral, el Ayuntamiento y el seminario menor».

Tal es su devoción por Tui, y viceversa, que la abadesa cree que si algún día tuvieran que irse, sería el momento de desvelar sus recetas. «Si nos tuviéramos que ir, querríamos que la fórmula de los peces siguiera en Tui. No sé cómo lo haríamos, pero ese sería nuestro deseo», asegura esta pontevedresa que aún pisa con garbo en hábito.

«Cuando mi hermana mayor le dijo a mi padre que quería ser monja, él contestó que prefería verla muerta», recuerda. Ella optó por la modalidad de hechos consumados. «Como él estaba de viaje, solo se lo dije a mi madre y a él se lo conté por carta cuando ya estaba en el monasterio», desvela. Esa templanza pervive tras 58 años de compromiso. «No me arrepentí jamás. Creen que para ser monja hay que ser una mujer apocada y yo misma me preguntaba entonces cómo podía sentir la vocación siendo una rebelde. Pero soy muy feliz y no me duele que me llamen encerrada. Lo estamos porque queremos y por amor», dice la abadesa con un sentimiento de paz contagioso.

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