El mejor ingeniero naval joven es de O Porriño

Ha sido galardonado y participa en el primer proyecto de energía eólica marina


VIGO / LA VOZ

Su nombre es Bernardino Couñago, un ingeniero naval natural de O Porriño. Con tan solo 35 años ya recibió el AINE 2017., uno de los galardones más distinguidos del sector. El Colegio de Ingenieros Navales lo premió a la mejor trayectoria profesional para menores de 35 años. El premio se lo entregó la ministra de Industria, Reyes Maroto. Trabaja en el primer aerogenerador marino en territorio español. Se encuentra en aguas canarias. Es un pionero, en su campo: son los primeros generadores que se instalan sin necesidad de buques grúa.

«Soy una persona difícil de impresionar. Pero estoy muy agradecido», explica Benardino. Es una distinción positiva que le abrirá el paso a nuevas oportunidades en su sector. Un gran reconocimiento por parte del resto de ingenieros navales que Couñago agradece. Es un esfuerzo bien merecido tras sus años de formación en la Escuela de Ingenieros Navales de la capital. Todo fue fruto de una casualidad. Cuando era un chaval, formaba parte del Atlético de Madrid y se trasladaba hasta allí para jugar los partidos. «Le pegaba bien al balón. Yo soy de la quinta del hermano de Iago Aspas, de Jonathan Aspas. De hecho, fuimos compañeros», bromea. Compaginaba sus estudios de bachillerato con esta pasión. Una vez finalizado el selectivo decidió apostar por el sector de los barcos. «La ingeniería naval me llamó la atención por cercanía», señala. Tras la carrera, trabajó en zonas de costa. Lo hizo en territorio español: primero en Cantabria y luego en el País Vasco. No tardaría en salir del país para lanzarse a aguas extranjeras. También ejerció su labor en Reino Unido.

Su proyecto es un aerogenerador que se instala sin buques grúa. «Es como un molino de viento que vemos desde la carretera», compara el ingeniero. Es «una especie de barco cilíndrico que llevamos flotando y remolcamos con remolcadores tradicionales como los que hay en cualquier puerto del mundo». Es un instrumento que hay que situar en «el medio del mar». Allí el viento es más estable y más constante: hay más energía. «Ubicar los generadores en el mar es más costoso, pero la producción es mucho mayor y se consiguen precios más competitivos», informa el experto. Una de las principales novedades de este proyecto es la torre, que es telescópica, esto es, se puede plegar y desplegar. Este generador, a diferencia de los que existen en el norte de Europa, utiliza una tecnología más barata que no precisa de buques grúa. «Son unos barcos que pueden llegar a costar unos 200.000 euros el día», informa Bernardino. Con su proyecto, los costes son mucho más económicos.

Colocar un aerogenerador en el mar supone una serie de «retos» y de barreras. Su empresa Esteyco nació hace tres años. Actualmente lleva el proyecto y posee una serie de patentes que hacen esto posible. «Todo ha sido gracias a una subvención de la Unión Europea de 20 millones de euros». Con este gran apoyo, Bernardino puede encarar las dificultades e impulsar su proyecto con mayor facilidad.

El ingeniero pone en marcha su proyecto en aguas canarias porque, junto con las vascas, presentan una serie de concesiones que se lo permiten. «El proceso es mucho más ágil», indica. Está convencido de que es adecuado situarlos en España porque es una industria con un alto valor añadido. «Se necesitan puestos cualificados y generaría mucho trabajo», añade. El coste es considerable. Aun así, el empresario reconoce que se precisa de una estrategia energética para desarrollarlo. Bernardino se arma de paciencia porque sabe que esta iniciativa requiere de tiempo. Asegura que estos aerogeneradores tienen cabida en las Rías Baixas. «Incluso no tendrían porqué situarse en las rías. Se pueden colocar a bastantes kilómetros de la costa. A partir de 15 ya no serían perceptibles», especifica. Con este razonamiento el impulsor afirma que estas construcciones no supondrían ningún tipo de problema para la población viguesa.

El sector naval gallego, de alta referencia en aguas extranjeras

Según el ingeniero, el sector naval gallego goza de una buena imagen fuera de España, sobre todo en Europa. «Es una industria de alto valor añadido para España. De hecho, hay envidias», matiza. El sector naval gallego consiguió aguantar gracias a la crisis. En estos momentos, se enfrenta a algunos problemas como la falta de mano de obra cualificada. Couñago habla de los buques que se fabrican en Vigo: «Son tecnológicos. Toca seguir reformando el sector. Se precisan electricistas, soldadores especializados, ingenieros...». A la tecnología naval todavía le queda un largo camino por recorrer, nuevos terrenos de exploración a la espera de ser encontrados.

La empresa de Bernardino trabaja con tesón. Tiene oficinas en Madrid, Barcelona e incluso fuera del continente: en América Latina. El ingeniero pasó unos meses en Canarias para desarrollar con eficacia su proyecto. No duda en reconocer que, en el futuro, le gustaría trabajar en Galicia, pero en estos momentos no es posible. «Al final, por haches o por bes aparecen puestos en otros sitios. Tengo un espíritu muy gallego: me gusta conocer nuevas culturas, lugares y países», explica. A pesar de que en el presente trabaja en Madrid, visita con frecuencia a Galicia para encontrarse de nuevo con su familia y con sus amigos. Su gran implicación y empeño en el sector lo hicieron merecedor del título que ostenta: uno de los mejores ingenieros navales más jóvenes de nuestro país. Es un gallego que expande su talento por el resto del mundo aplicando la innovación a la tecnología naval. Algunos entendidos del país, en cuanto vean uno de estos aerogeneradores en medio del mar, pensarán en su nombre. Galicia da lugar a una nueva forma de producir energía económica. 

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