Vigo tiene 13 desfibriladores en las playas para resucitar a bañistas

A Guarda y O Val Miñor piden equipos de reanimación automática en los arenales de bandera azul porque la inmediatez del servicio es crucial

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vigo / la voz

Tres bañistas murieron en los arenales de Samil, Praia América (Nigrán) y la fluvial As Eiras (O Rosal) en la última semana al sufrir una indisposición al meterse en el agua o caminar por la orilla bajo el calor. En el caso de Vigo, los sanitarios del puesto municipal de Samil usaron sin éxito un desfibrilador para revivir al veraneante, que cayó fulminado por un infarto a pie de mar. El Concello tiene montado un dispositivo en diez playas de Vigo, con gran afluencia y consideradas peligrosas, que suma 26 socorristas, cuatro enfermeras y seis auxiliares de primeros auxilios. Se reparten 13 desfibriladores para resucitar a bañistas con parada cardiorrespiratoria.

El coordinador municipal de playas de Vigo, Carlos Vales, explica que en Samil guardan las máquinas de reanimación en el centro de coordinación. En esos boxes de atención sanitaria están la enfermera y tres auxiliares de primeros auxilios y una ambulancia. Los boxes cuentan con camilla, oxigenoterapia y desfibrilador. En las torres de vigilancia de Samil, los seis socorristas acuáticos tienen tubos de rescate, aletas y prismáticos. Hay otros dos vigilantes en Argazada, tres en O Vao, tres en Rodas y dos en Figueiras, en Cíes.

En Samil hay tres desfibriladores, además del que tiene la ambulancia, así como uno de repuesto y el del puesto de Argazada, el arenal contiguo. «En la última parada cardíaca se cumplió el protocolo. Acudieron la enfermera y los auxiliares, la ambulancia y los socorristas. El pasado domingo, un señor sufrió una parada en Samil cerca de la orilla, padecía una afección, ya le dolía el pecho al entrar en el agua, el socorrista lo vio, tardaron un minuto en detectarlo, más medios no pudieron llegar y no se pudo hacer nada. Otras veces, son salvables», explica Vales. Ante una parada, la enfermera sale con el botiquín de reanimación y los auxiliares con la medicación. «En minuto y medio llegamos desde el control de mando a cada extremo de Samil y O Vao, estamos ahí, es una garantía. A Saiáns llegamos en cuatro minutos», dice.

El coordinador ve poco viable situar desfibriladores a pie de playa, en las torres de socorrismo o en postes repartidos por el arenal de Samil para agilizar la respuesta. «Cualquier medida para salvar vidas es buena pero conociendo el vandalismo que hay, un desfibrilador en un poste iba a durar poco y son caros, hay que saber usarlos y requieren supervisión. Guardar el material en el puesto de control es una manera de tenerlo seguro», afirma. Aconseja a los bañistas de edad avanzada con cardiopatías: «Es mejor que vayan acompañados al agua, si sufren un ataque, la otra persona puede avisar y evitamos una tragedia. Si está solo, el socorrista puede verlo pero dudar», dice Vales.

En Ons y A Guarda

Estos aparatos suponen la diferencia entre vivir o morir si se actúa justo después del fallo cardíaco y se mantiene el masaje hasta 35 minutos. Hay poco margen de respuesta. Por eso, los socorristas de la Cruz Roja de Vigo llevan siempre consigo un desfibrilador en su equipo de primeros auxilios. Este verano solo cubren la isla de Ons. «Cuando trabajamos, el desfibrilador nunca nos falta porque es muy útil, te puede salvar la vida, lo tenemos siempre al lado. En las playas de Vigo se usaron en su día y salió relativamente bien», dice un coordinador de Cruz Roja.

Vigo está protegido pero no ocurre lo mismo en su área. Fuentes del GES de A Guarda reclaman que, al menos, en las playas de bandera azul de las comarcas cuenten con estos equipos de reanimación cardíaco. «Fáltanos o desfibrilador e o salvavidas para tirarllo a alguén na auga pois non temos máis medios materiais. É un tema político O Concello ou a Deputación poderían poñelos nas praias de bandeira azul», dicen en A Guarda.

«Llevamos la máquina en el coche pero tardamos siete minutos en llegar a Praia América»

En Protección Civil de O Val Miñor admiten que «os desfibriladores non estarían de máis, nunca sobran». El desfibrilador es útil si se actúa en los primeros minutos del ataque cardíaco. La proximidad a la playa es clave. En Protección Civil de O Val Miñor solo disponen de una máquina para Nigrán y Baiona y lo guardan en su centro de control. Los puestos de playa carecen de reanimadores eléctricos. Si hay una emergencia en un arenal, «lo llevamos nosotros en el coche». El problema es que su oficina está a siete minutos de Praia América, una eternidad en caso de un bañista que sufra un fallo cardíaco. Allí murió de infarto un veraneante vasco esta misma semana.

«En los casos que tuvimos que llevarlo, no dio tiempo a hacer nada. Incluso en el hospital, era demasiado tarde. Los médicos nos dijeron que hacía falta usarlo antes pero solo tenemos uno y no podemos dejarlo en la playa, lo necesitamos para llegar con él a todos los sitios de la comarca», cuenta un miembro de esta dotación. La solución, cree, es que hubiese más aparatos y no solo el que tienen adjudicados ellos. Son aparatos caros, que cuestan entre 800 y mil euros, y no se pueden dejar solos en la playa.

Dos en O Morrazo

En Cangas, tienen dos desfibriladores. Uno está en la playa de Melide, por ser la más alejada y donde más tarde llegan las ambulancias. El otro lo lleva Protección Civil en su furgoneta. «Lo ideal sería tener uno en cada puesto, este año conseguimos dos y sería bueno tener dos más cada año», dice el coordinador de socorrismo, Rubén Paz.

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