Un balcón a las islas Cíes descuidado

Marquesinas abandonadas, edificios en ruina y esculturas sucias afean esta histórica calle


Vigo / la voz

Es una de las calles de Vigo con más posibilidades de impresionar a los turistas. Esta vía está cargada de historia. En ella se alzaba la vieja muralla de la ciudad y en el siglo pasado los nazis llegaron a desfilar por su asfalto. La arquitectura también es singular, con los restos del asilo del barrio del cura y de la panificadora. Pero lo mejor de este paseo son las excepcionales vistas que ofrece a las islas Cíes, por no hablar del bicentenario olivo que lo preside. Sin embargo, la calle no atraviesa su mejor momento. A pesar de que fue humanizada hace menos de diez años para ampliar las aceras y limitar la velocidad y el tránsito de vehículos, los coches siguen atravesando el paseo con frecuencia y los transportistas aparcan sus furgonetas sobre el empedrado. Muchos de los edificios que se alzan a lo lados de este icónico paseo están estado ruinoso, las esculturas de piedra han sucumbido a la acción de los vándalos y a las inclemencias del tiempo y, por si fuera poco, el mobiliario urbano abandonado convierte una de las mejores postales de Vigo en una calle sin brillo.

La última reforma que sufrió el paseo data del año 2009 y costó 2,7 millones de euros. El gobierno de Abel Caballero redujo de cuatro a dos los carriles de circulación, suprimió aparcamientos, cambió el pavimento e instaló semáforos para dar prioridad al peatón sobre los vehículos. Sin embargo, el adoquinado no deja de agrietarse desde entonces y ya ha tenido que ser repuesto en numerosas ocasiones.

Pero los problemas no solo tienen que ver con el tráfico. La vieja marquesina que ocupaba hace años el bulevar central del paseo de Alfonso XII y que ahora está abandonada en uno de los laterales es el blanco perfecto para grafiteros y empresas de cartelería. La estructura en la que se vendieron periódicos, cupones, gominolas o se informaba sobre los horarios del Vitrasa, está oculta hoy detrás de una pared de carteles que anuncian eventos caducados y de la tinta de los espráis de artistas callejeros de dudoso talento. Su huella la han dejado también en los bajos del mirador ?al que se accede a través de la humanizada calle Poboadores que funciona como aparcamiento para residentes del Casco Vello? que está plagado de pintadas y restos del botellón.

De las pintadas no se libran ni las esculturas que adornan el paseo del mirador. Muchos de estos querubines están llenos de musgo y denegridos por la acción de la lluvia, el viento y el sol. Pero el ataque a uno de estos ángeles fue cosa de algún vándalo al que le pareció divertido pintar con pintura en espray dos pezones azules en el pecho de esta escultura.

En la plaza situada frente al olivo, la fuente también está padeciendo el azote de la naturaleza. Una de sus caras, la que está orientada a las faldas del Castro, está tan llena de musgo que apenas se distinguen sus adornos.

El abandono de los edificios de este paseo es otro de los aspectos que aumentan la sensación de abandono de la vía. A un lado se alza la parte trasera de la Panificadora, que lleva años en estado ruinoso a la espera de que el proyecto de rehabilitación vea la luz de forma definitiva. Al otro, el barrio do cura, en el que empieza a haber movimiento. El Concello ya ordenó el derribo de algunas construcciones a la espera de que se desbloquee el urbanismo de la ciudad para edificar.

A pesar de la mala imagen que transmite el paseo, contemplar la desembocadura de la ría, con las islas Cíes al fondo eclipsa cualquier tipo de desperfecto. Son muchos los peatones que caminan a diario por esta calle y se sientan a contemplar el horizonte. «Qué bonito», exclamaba una pareja de turistas, sin preocuparse por los descuidado del entorno.

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