«Mi secreto es haber trabajado mucho en el campo y un vasito de vino con gaseosa»

María Oitavén celebró ayer su 103 cumpleaños con sus hijas, nietos, bisnietos y tataranietos


Cuatro generaciones se reunieron ayer en un restaurante de Vigo. La ocasión lo merecía porque celebraban el cumpleaños de la miembro de la familia de más edad. María Oitavén Lago cumplió 103 años y brindó rodeada de dos hijas, sus nietos, bisnietos, tataranietos y más allegados. Más de un siglo la separan del benjamín de la familia, que tiene un año y medio de vida. María conserva una envidiable salud a su edad. Solo toma una pastilla al día para regular la tensión arterial. Su secreto dice que es haber trabajado duramente en el campo la mayor parte de su vida. Eso y también un vaso de vino con gaseosa durante las comidas, que no perdona nunca.

Nació en Eiras, se crió en la parroquia de Reboreda de Redondela, de donde era su madre, y se marchó a vivir a Oitavén, en Fornelos de Montes, cuando se casó. Allí crecieron sus tres hijos, que ya son octogenarios. También ayudó a nacer a muchos vecinos. Le echaba una mano al médico del pueblo, que siempre la reclamaba cuando tenía que asistir un parto en aquella época en la que los niños nacían en las casas.

Fueron tiempos difíciles en los que lo que había que comer era lo que producían en el campo. La leche de la vaca, la carne de la matanza, el maíz y las verduras de la huerta. Todo era natural y hacían trueque con sus vecinos para conseguir otros productos como, por ejemplo, el pescado. Su marido se marchó a trabajar a Perú, pero ella optó por quedarse en su tierra. Recuerda que su suegro, Francisco Perdiz Amoedo, fue alcalde de Fornelos en dos ocasiones. Fue el regidor que logró que el correo postal llegara hasta el municipio. Antes hubo que arreglar la carretera de Redondela, que María todavía la recuerda cuando era una pista sin asfaltar por la que circulaban carros de caballos. Los presos que durante la Guerra Civil eran recluidos en la Isla de San Simón, que conocían como Lazareto, es otra de las imágenes que conserva en su retina. María vivió en Oitavén hasta que se construyó el embalse que surte de agua potable a la ciudad de Vigo.

Embalse

Las fincas que trabajaron durante décadas quedaron anegadas con la presa y la familia se trasladó a Vigo al no querer aceptar otras tierras de labradío que les ofrecieron en Amoedo. Pero ella nunca perdió el contacto con la aldea. Todos los fines de semana se escapa de la ciudad para respirar aire puro y jugar una partida de tute con su hijo Daniel, que tiene 81 años. Esto último es lo que más feliz le hace, señala su nieto político José Manuel, su chófer particular en las idas y venidas a Oitavén y cuando tiene que ir al médico a hacerse curas. «Después de comer, echan toda la tarde con las cartas. No hay quien le haga trampas», afirma el marido de su nieta. La centenaria reside desde hace tiempo en un piso de la Travesía de Vigo con sus dos hijas, donde lleva una vida muy tranquila.

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«Mi secreto es haber trabajado mucho en el campo y un vasito de vino con gaseosa»