Las redes de la heroína echan raíces

La policía cree que los entramados quieren asentarse en las Rías Baixas


Pontevedra / la voz

El pasado fin de semana, la Policía Nacional daba por desarticulado un grupo multinacional dedicado al tráfico de heroína. Les intervinieron 32,5 kilos de droga. Hace un año, en abril del 2016, eran más de 60 los kilos incautados a una red galaicoalbanesa por la Udyco en el marco de la operación Moska-Atenea, la misma que permitió detener a Castor Manuel García González, uno de los nombres con los que los investigadores policiales vinculan el repunte en el tráfico de este estupefaciente.

Aunque separadas en el tiempo, estas dos investigaciones ponen de manifiesto, según confirman fuentes policiales, un salto cuantitativo, ya no solo a nivel estadístico -en el 2016 se incautaron 253 kilos de heroína en toda España, por lo que solo lo decomisado en estas dos operaciones supondría el 37,3 % de esta cantidad-, sino presencial. Y es que existe el convencimiento de que las redes internacionales de la heroína, en la mayoría de las ocasiones coordinándose con organizaciones de las Rías Baixas, están intensificando sus esfuerzos por asentarse en la provincia.

Los motivos obedecen a distintas circunstancias. Por un lado, el incremento de la demanda de esta droga, circunstancia que, si bien no es recogida por el Plan Nacional sobre Drogas, sí que es percibida en el seno de la Guardia Civil y la Policía Nacional.

La explicación recurrente está relacionada con la proximidad de la frontera lusa y su permeabilidad. De hecho, la última organización desmantelada, constituida por ciudadanos de nacionalidad turca, búlgara, serbia y española, «tenía su centro de operaciones en Madrid con ramificaciones en otras provincias españolas», tenía como objetivo distribuir los 32,5 kilos intervenidos en distintos puntos de la comunidad autónoma y también en Portugal.

Además, los grupos foráneos encuentran en la provincia pontevedresa una estructura ya consolidada y mano de obra especializada en el tráfico de estupefacientes. Se trata de clanes que habitualmente se venían dedicando a la cocaína y tangencialmente a la heroína.

Algunas voces advierten de que el aparente y paulatino aumento de delincuentes foráneos en suelo pontevedrés que llevan aparejados estas tramas internacionales puede obedecer a una estrategia para consolidar su presencia y, de este modo, ir asumiendo el rol de los delincuentes locales. El objetivo es colocar a sus hombres de confianza.

Es un fenómeno que podría, en cierto modo, compararse con la reconversión que sufrieron los clanes de la droga. Los narcos gallegos ya no son, excepto en muy contadas ocasiones, propietarios de la droga, sino que se alquilan como transportistas, como los profesionales que se ocuparán de llevar el alijo desde un buque nodriza hasta tierra firme.

Un alijo de 62 kilos venía a Pontevedra y los beneficios iban a Barcelona

El Tribunal Supremo ha descartado que la Audiencia Nacional asuma la investigación sobre la red galaicoalbanesa a la que decomisaron 62 kilos de heroína hace un año. Afirma que, «al contrario, se afirma que la heroína tenía por exclusivo destino su distribución en la provincia de Pontevedra». La tesis es que los beneficios terminaban en Barcelona. El fiscal sostiene que uno de los integrantes de la rama albanesa era «el encargado de recibir, en nombre de la misma, los envíos regulares de dinero procedentes de la venta final de la droga en la provincia de Pontevedra que Castor Manuel García González y su esposa llevaban personalmente» a la ciudad condal. El transporte de la heroína se realizaba por carretera por parte de otro de los albaneses desde Centroeuropa.

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