El guiño vigués de Almada Negreiros, pionero del modernismo en Portugal

Oporto alberga una exposición del artista más importante de la vanguardia portuguesa


Instituto de Estudios vigueses

José de Almada Negreiros: desenho em movimento es el título de la exposición que el Museu

Nacional de Soares dos Reis en Oporto alberga desde el pasado 30 de noviembre hasta el 18 de marzo del 2018. La exposición complementa la realizada en la primavera pasada en la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa.

Almada Negreiros (1893-1970) fue el artista más importante de la vanguardia portuguesa por su larga trayectoria, su activismo y un repertorio que le llevó por el dibujo, la pintura, el teatro, la novela, la poesía, la tipografía, el ballet... Desde su primera exposición de dibujos (1913) y su participación en la revista Orpheu (1915) junto a Pessoa y otros, Almada se erigió en un artista singular. No dudó en enfrentarse al gusto conservador de su época, como demostró en su famoso Manifesto Anti-Dantas, o en subirse a un palco del Teatro de la República para pronunciar el Ultimatum Futurista ás Geracoes Portuguesas do Século XX (1917) e iniciar junto al pintor Santa Rita lo que fue el movimiento modernista portugués. En ese período, gracias a Amadeo de Souza, entró en contacto con el matrimonio Robert y Sonia Delaunay, que vivieron en Vila do Conde refugiados de la Primera Guerra Mundial.

En mayo de 1916 le escribía desde Lisboa a Sonia Delaunay, entonces residente en Vigo, sobre el impacto de Zenith, un poema de Cendrars interpretado por Sonia. Aquella carta en verso expresaba su admiración por la artista a la vez que le prometía el próximo envío de su Manifiesto Anti- Dantas dedicado. Meses después, Almada publicaba un cuento futurista titulado K4, o quadrado azul, coeditado con Amadeo de Souza-Cardoso, en el que introducía un matasellos de correos de Vigo, seguramente impreso en una de las cartas que la artista le envío desde nuestra ciudad.

La exposición de Oporto se centra en el papel del dibujo y su relación con el cine, destacando algunos de sus proyectos realizados en España, donde se codeó con la vanguardia artística (1927-1932). Los dibujos de linterna mágica concebidos para La trajedia de Doña Ajada, con música de Salvador Bacarisse y poemas de Manuel Abril (1929) y los paneles que realizó para el cine San Carlos (1930) en los que plasmó un repertorio de imágenes del music hall, el jazz-band, los reflectores, etc. Además incorpora un proyecto dibujado para una futura película de dibujos animados que se desarrolla en la plata de Moledo (Caminha), lugar donde Almada gustaba veranear.

Precisamente, esta vertiente del dibujo animado acaba de ser rescatada por el editor tudense Feliciano Novoa Portela, que ha publicado Dibujos animados, realidad imaginada (De la Umbría y de la Solana, 2017), un par de conferencias de Almada sobre las producciones del cine norteamericano llegadas a su país y su reflexión sobre el dialogo entre el dibujo y el cine.

En 1971, un químico de origen portugués que había llegado a Vigo para trabajar en La Artística, Eduardo Calvet Magalhaes, creaba el Estudio Quid dentro de lo que fue el Consorcio Industrial del Miño (grupo de empresas lusas de serigrafía, tintas y productos químicos pretendían entrar en el mercado español desde la plaza de Vigo). Al frente de Quid estaba Carlos Gentil-Homem, rodeado de un colectivo de diseñadores gráficos portugueses y gallegos, algunos fichados de La Artística. Méndez Ferrín escribió el texto fundacional de aquel estudio definiendo el objetivo de aquella empresa que trataba de renovar el panorama de las artes gráficas en la ciudad.

Gentil-Homem incorporó a esta aventura a una personalidad singular, Eduardo de Sousa, que había sido profesor suyo además de colaborador de este artista multidisciplinar desde comienzos de los 70. Sousa fue una de las figuras de referencia de la cultura portuguesa de la segunda mitad del siglo XX aunque su obra no ha tenido reconocimiento hasta después de su fallecimiento en 1988. Artista de vanguardia, historiador del arte, periodista, fotógrafo, poeta, performer, realizador de vídeo y

cine fueron algunas de las disciplinas que practicó. Fundador del movimiento cineclubista portugués tras su formación con los maestros de la nouvelle vague, su película Dom Roberto ya fuera premiada en Cannes en 1963 además de entrar en contacto con el movimiento Fluxus.

Para Sousa, Almada era una personalidad artística referente. Entre 1969 y 1972 realiza Almada, um Nome de Guerra, film performista en el que combina diferentes momentos grabados con el artista futurista con proyecciones swiper-slides acompañadas de una intensidad sonora creada por el músico Jorge Peixinho. Almada había fallecido en 1970 y era necesario dar fin a su proyecto y la imprenta de Quid en la calle Portela, en el Calvario, un lugar decisivo para ello. La colaboración de Gentil-Homem, Sousa, Isabel Alves, Calvet, etc. generó la parte gráfica que se incorporaría al filme en el verano de 1971 en la ciudad olívica: leyendas con frases de Almada, palabras, poemas: «Uma investigaçao gráfica centrada na palavra, O Gentil-Homem inventa um grafismo fundamental. Tem uma importância extrema a palabra (escrita, falada, cantada), tudo a partir de elementos de Almada» (Diário de Noticias, Lisboa 15, agosto 1971).

Esta experiencia, denominada como un anti-filme, por lo que tenía de autoría colectiva, producida con recursos propios y sin apoyos institucionales, era un intento de poner el cine al servicio de una libertad moderna, frente al cine comercial o de consumo. «Desta liberdade e desta modernidade, Almada é a melhor figura de prosa portuguesa, um nome de guerra», aseguraba Sousa.

Esta película de culto incorporaba los pormenores de la recuperación de los paneles que Almada

Negreiros había pintado en el cine San Carlos de Madrid en 1929 y que Sousa recuperó materialmente de su destrucción (estos se pueden ver en la exposición del Museo Soares dos Reis). Acompañado de Isabel Alves (su compañera) y Manuel de Brito entraron en las salas abandonadas de aquel cine para retirar, embalar y transportar hasta Lisboa los paneles que hoy se conservan en la Fundación Gubelkian de Lisboa.

Almada no llegó a hacer la prometida visita al matrimonio Delaunay en sus años de Vila do Conde y Vigo. Pero, años después, Ernesto de Sousa imprimió en nuestra ciudad un repertorio iconográfico del artista futurista que ha pasado desapercibido a nuestros ojos. Visitar la exposición de Almada en Oporto es una oportunidad de descubrir al artista en toda su grandeza.

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