El atractivo alimenticio de las rías garantiza la presencia de cetáceos

Son uno de los contados lugares del mundo en los que se han avistado 10 especies en un día


vigo / lavoz

«2017 ha sido el mejor año de mi vida de avistamiento de cetáceos en Galicia». La afirmación es de Bruno Díaz, investigador del Dolphin Research Institute de O Grove, y uno de los mayores expertos en este tipo de animales, a los que lleva estudiando cerca de tres lustros. En la charla sobre la importancia de tienen los estudios sorbe cetáceos para la conservación de los ecosistemas costeros, con la que el Instituto de Investigaciones Marinas inició ayer los seminarios científicos del año, Díaz aseguró que lo ocurrido el año pasado es algo excepcional. «Llegamos a avistar 10 especies distintas en un solo día. En este momento no encontramos dos lugares semejantes en el planeta», dijo.

El gran atractivo que ofrecen las rías gallegas y su entorno a delfines, ballenas, marsopas... está ligado a su enorme riqueza en biodiversidad y, por lo tanto, a las «interesantes» posibilidades de alimentación que ofrecen.

Bruno Díaz hizo hincapié en la importancia que tienen estos mamíferos a la hora de diseñar la gestión de los recursos marinos en una determinada zona. «El hecho de situarse en la cima de la cadena trófica les convierte en especies idóneas para evaluar el estado de salud del ecosistema, ya que cualquier cambio les va a afectar», argumentó.

Recordó que la costa gallega siempre ha sido una zona rica en cetáceos y que tuvo una importante industria ballenera. «Ahora han vuelto las ballenas azules», dijo. Señaló que, aunque no hay estudios que lo demuestren, su mayo presencia podría estar ligada a la prohibición del uso de dinamita en la flota de cerco. «Lo que sí es cierto es que la acústica de las ballenas es muy sensible», aseguró.

Desmontó en cierta forma la visión idílica que la mayoría de las personas tienen de los delfines. Así, pese a los años que lleva estudiándolos y nadando muy cerca de ellos, jamás ha tocado un ejemplar en libertad. «El tacto para un mamífero marino es muy importante. El animal no te va a tocar en principio, a no ser que tenga el comportamiento alterado, pero si tu lo haces y se mueve, puede romperte la columna de un coletazo».

Explicó que Gaspar, el delfín que se paseó por todas las rías gallegas, con el que muchos pescadores no solo jugaban, sino que alimentaban, sí terminó por tener alterado el comportamiento, «por eso, era un peligro», dijo. Añadió que la actividad pesquera interactúa de tal forma que muchas veces los delfines van a alimentarse a las redes de los pescadores, sobre todo en el Mediterráneo, «porque está mucho más esquilmado». Es un mar que también conoce bien Bruno Díaz, ya que el centro que dirige desde hace 2 años en O Grove, lo creó en Cerdeña en el 2005.

También trabajó en el Golfo Pérsico formando investigadores por encargo del Gobierno de los Emiratos Árabes. Reconoce que fue el encargo que le permitió abrir y equipar el Dolphin Research Institute.

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