El destripador del banquillo

Los que han trabajado con él destcan su análisis exhaustivo del rival, su buen manejo del vestuario y su gran capacidad de trabajo

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vigo / la voz

Asumir el mando del Rápido de Bouzas, un equipo de barrio con el que nadie contaba en Segunda B era un riesgo y un reto, y Borja Jiménez (Ávila, 1985), lo cogió sin complejos. La teoría decía que el grupo lo iba a pasar realmente mal, pero la realidad ha seguido un camino opuesto. Tras catorce jornadas está a un solo punto de la zona de play-off, ha conseguido victorias de relumbrón y ha demostrado una capacidad de adaptación y de aprovechamiento de recursos sobresaliente. Y buena parte de ese éxito se sienta en el banquillo.

Borja es un entrenador moderno. Un destripador del fútbol propio y del ajeno que escribe un guion diferente para cada contienda. «Analiza mucho al rival, hace muchísimos vídeos sobre cada contrincante y te da todo tipo de detalles. Cuando empezó la temporada recuerdo que era algo que me gustaba sin más, pero no era consciente del valor añadido que tiene. Ahora pasan los partidos y percibes que todo ese análisis, tanto colectivo como individual, te facilita los partidos», desvela Cotilla, uno de los jugadores aurinegros.

El examen de Jiménez y su cuerpo técnico es exhaustivo en la medida de los posible. Estudian desde los minutos en los que los rivales tienden a marcar a la forma en la que cada jugador se mueve, si son zurdos, diestros o ambidiestros, el rendimiento en la estrategia o su forma de combinar. «Te repasa hasta a los futbolistas lesionados del rival, por si acaso salen unos minutos», añade el lateral del Rápido, que define como «brutal» el trabajo oscuro que hay tras cada contienda. Una forma de proceder habitual en grandes clubes con sistemas metodológicos implantados, pero que resulta innovador en equipos más humildes.

En el último partido, sin ir más lejos, el Rápido cambió el sistema y jugó con tres centrales y dos carrileros para parar los pies al potente Majadahonda. En otras ocasiones no cambia los esquemas o los puestos, sino los perfiles, buscando un delantero más estilista o más de trabajo, eligiendo un centrocampista más o menos ofensivo, etc...

Pero el control de Jiménez del mundo en el que se mueve no se queda solo en lo grupal. «Es un tío muy preparado, muchísimo, muchísimo. Da el 200 % en todos los sitios donde entra y si luego tiene suerte y le acompañan los resultados, pues mejor que mejor. Tiene un control del mercado de fichajes exhaustivo», subraya Alfonso Canela, el hombre que le fichó para el Izarra un año atrás.

El proyecto del Rápido no es el primero de Borja en Segunda B. El curso anterior había hecho un dingo trabajo con el equipo de Merkatondoa y antes había dejado una buena impresión en el Valladolid Promesas, dirigiendo al Ávila de Tercera e incluso como entrenador de cadetes de la academia del AC Milan allá por el 2010.

Jiménez ha ido dando pasos sólidos y formándose, al tiempo que se ganaba la etiqueta de tipo serio y formal. «Cuando le contraté lo hice porque tenía muy buenas referencias de él y porque quería hacer al equipo un poco más profesional», detalla el presidente del Izarra. Y eso fue lo que encontró en Borja, seriedad, profesionalidad y esfuerzo. La fórmula que ahora aplica en Bouzas.

Heredar el banquillo del Rápido tras el paso de veteranos exfutbolistas de nombre y garra como Otero y Patxi Salinas era otro examen más, pero Jiménez lo está superando con guante de seda y mano de hierro. «Es enrollado pero a la vez exigente, incluso ha conseguido que la gente que no participa habitualmente esté metida, y tener a 16 tíos enchufados día a día es muy difícil. A él le funciona la cercanía, el bromearte, pero a la vez te puede reñir en la jugada siguiente», cuenta Coti. La fórmula exacta que el joven entrenador ha importado a un Rápido en el que se está ganando un nombre. Hacia dónde le llevará el fútbol solo el tiempo lo dirá.

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