Cuando el baloncesto y celtismo corren por las venas

Nacho Silva heredó las pasiones de su padre, Telmo, expreparador físico de la selección  y del Celta, donde llegaron a coincidir

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Vigo

Nacho Silva lleva el Celta de baloncesto en las venas. «Crecí en un pabellón», dice este vigués de 29 años, miembro del cuerpo técnico del primer equipo desde hace cuatro. Su actual responsabilidad es la punta del iceberg de una trayectoria como entrenador celeste que cumple diez años y de una pasión por el deporte de la canasta que empezó mucho antes. La culpa la tiene en gran medida su padre, el excéltico y antiguo preparador físico del club y de la selección española Telmo Silva.

«Uno de mis primeros recuerdos del Celta es ganar la Liga en Vigo contra el Salamanca de Amaya Valdemoro. ¡A los partidos de fuera siempre quería ir, pero nunca me dejaban!», recuerda evocando su infancia. En aquel equipo de los años dorados el preparador físico del bloque que dirigía el mítico Cholas era Silva padre. «Cuando yo nací él ya estaba en el club», rememora. Y con ese vínculo casi innato, no es raro que al director deportivo de la entidad, Carlos Colinas, le costara poco convencerlo para comenzar a hacer sus pinitos como celeste con 18 años.

Porque en el Celta de baloncesto el proyecto de cantera no es algo que se circunscriba a las jugadoras. Su filosofía pasa por formar a baloncestistas, pero también a técnicos, y el mejor ejemplo es el propio Silva. «Carlos me dio la oportunidad y durante unos cuantos años jugaba y entrenaba a la vez. Al principio no me llamaba del todo la atención lo de entrenar, hasta que me lo propuso nunca lo había pensado, pero luego...», comenta divertido. Fue a los 24 cuando dejó de jugar para centrarse en su actual faceta. «Un día cambié de idea, le dedicaba tantas horas que era una locura y tuve que elegir», dice. Escogió los banquillos.

Millones de vivencias

Ahora asume la coordinación de las categorías de minibasket, entrena a un equipo júnior y otro de preinfantiles y, además, forma parte del cuerpo técnico de Cristina Cantero. Por si fuera poco, lleva seis años trabajando en la Federación Gallega y actualmente ejerce de seleccionador cadete tras haber pasado por alevín e infantil. Cuando hace balance recuerda que han pasado «millones de cosas» y que la mayoría han sido buenas. «Sobre todo me quedo con la gente que vas conociendo, con la evolución de las jugadoras. Luego siempre pasa algo negativo que te marca, pero tienes que tirar para adelante», señala.

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, desde el club hablan de él como alguien cercano y a la vez exigente. La primera faceta se mantiene hasta con jugadoras que ya no están en el equipo. «Nuestro mayor orgullo es ver cómo triunfan en ligas americanas, o ver que alguien como María Araújo, que ha estado tantos años con nosotros, llega a la selección española», indica. Se alegran de sus éxitos como miembros de la familia que se consideran en el Celta. «Paso más tiempo con la gente del equipo que en casa, con mis amigos o haciendo cualquier otra cosa. Está claro que somos como una familia».

El sueño de la Liga 1

Silva es de los que piensan que lo mejor está por venir. Y para él lo mejor sería celebrar un ascenso que a día de hoy, aunque con mucha competición por delante, no parece un reto en absoluto descabellado. El primer equipo lleva siete victorias de siete posibles. «¡Sería la mejor manera de celebrar el décimo aniversario!», asegura. Y supondría emular los tiempos en que su padre era partícipe de algunos de los grandes éxitos del club y vivirlos en primera persona.

Sin embargo, Nacho prefiere no lanzar las campanas al vuelo y pide prudencia en la línea del resto del cuerpo técnico. «Otros años ya se habló de ascenso y luego, por distintas circunstancias, no se dio», recalca. Incide en que será clave comprobar cuál es la reacción a la primera derrota de un grupo en su mayoría muy joven. «Va a llegar y hay que ver cómo la encajamos. De momento hay que tener los pies en el suelo», pide.

Nacho y Telmo llegaron a coincidir en el club cuando el padre aún ejercía de preparador físico con Miguel Méndez. Asegura el hijo que aunque «está ahí apoyando para todo» nunca le ha dado demasiados consejos. Pero ha sido siempre su mejor ejemplo.

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