Protegiendo los riñones del planeta... en la ría

El Parque Nacional Illas Atlánticas será espacio Ramsar, que vela por los humedales, un espacio clave


Toda el agua potable que consumimos (recordemos que es apenas el 0,007 % de la que existe en el mundo) se produce, purifica y renueva en los humedales. Ante semejante panorama podríamos pensar que dichos espacios, en su sentido más amplio, que incluye lagos y ríos, acuíferos subterráneos, pantanos y marismas, pastizales húmedos, turberas, oasis, estuarios, deltas y bajos de marea, son lugares especialmente protegidos, pero incomprensiblemente no es así.

Nuestra especial desconsideración con el agua se extiende a sus fuentes naturales. Los humedales son en este momento los ecosistemas más amenazados del planeta, hasta el punto de que la alerta por su degradación y desaparición motivó que se creara una convención internacional para su protección.

Saltamos en el tiempo y el espacio y nos vamos a una pequeña ciudad iraní a orillas del mar Caspio llamada Ramsar. Allí, en 1971 se firmó la convención para la conservación y el uso racional (especialmente importantes ambas cosas) de los humedales. Actualmente 169 países están adheridos a este convenio y 2.288 humedales incorporan esta figura de protección. Parece mucho, pero 221 millones de hectáreas son una parte muy pequeñita de este planeta, y apenas eso abarca el convenio. Muy poco si lo comparamos con lo que perdimos para siempre.

Tradicionalmente los humedales fueron considerados lugares insalubres y su desecación llegó a considerarse prioritaria. En Galicia no fuimos ajenos a ese proceso y desapariciones como la Lagoa de Antela en A Limia serían perfectamente equiparables a soterrar el Coto de Doñana. Demasiado tarde comprendimos que en realidad era todo lo contrario. Seguro que hemos escuchado muchas veces que los bosques son los pulmones del planeta. Esta analogía, aunque no sea rigurosamente cierta (en realidad esos pulmones estarían en el mar), nos ayuda a imaginar la tierra como un organismo. Si utilizamos esa metáfora los humedales serían los riñones del planeta, pues allí se filtran y depuran las aguas de las que depende todo.

Los humedales son ni más ni menos que depuradoras naturales que incluyen como bienes y servicios añadidos que nos brindan su condición de reservas de la biodiversidad al ser amables fronteras entre lo seco y lo húmedo, lo dulce y lo salado, la tierra y el agua. Lugares de encuentro de ambos mundos que acogen la complejidad de la vida de la que nuestra especie apenas es una pequeña representación interdependiente de estos espacios.

Quizás el largo prólogo nos parezca lejano y extraño pero ese salto en el tiempo y el espacio nos trae de regreso aquí y ahora. Las islas Cíes, y el conjunto del Parque Nacional de las Illas

Atlánticas están a punto de culminar su proceso de integración como parte de la convención Ramsar para la conservación y el uso racional de los humedales (tratándose de este parque nacional esperemos que lo del uso racional sea cierto de una vez). Las Illas Atlánticas son un conjunto de partes que forman un todo. La declaración de espacio Ramsar figurará en el conjunto de archipiélagos pero específicamente su referente serán las furnas de Ons y las aves acuáticas y limícolas de Cortegada. Esta circunstancia, lejos de ser algo negativo, refuerza la idea del valor añadido que aportan las particularidades de los distintos archipiélagos, justamente por su diversidad, al conjunto del parque nacional.

La integración formal del parque, Cíes incluidas, en la lista Ramsar será una excelente noticia, pero no la única. El siguiente espacio que inicia su camino para ser considerado espacio Ramsar es la Foz del Miñor entre Baiona y Nigrán.

Este último Concello asumió el reto de incorporarse al convenio Ramsar. Aunque este otoño está resultando atípico empiezan a llegar tímidamente las aves migratorias que encuentran en la Foz sus cuarteles de invierno. Los humedales nos cobijan y nos alimentan y nos dan de beber también a la especie humana; por eso, que en el entorno de Vigo las Cíes, como espacio subsidiario del puzle del parque nacional, y la Foz del Miñor, en Nigrán, avancen hacia la categoría de espacio Ramsar, que ya tiene desde hace unos años el complejo intermareal Umia Grove no es solo una excelente noticia, es una esperanza y una oportunidad de corregir los errores cometidos.

Pocas veces se nos conceden estas oportunidades. Lo de unir en un espacio simbiótico el estuario del Miño, Foz del Miñor, Playa América, A Madorra, Monteferro, Estelas, Cíes, Costa da vela, Ons y Umia Grove como espacio Ramsar sería una propuesta tan delirante que no podemos evitar proponerla. Y más.

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