Homenaje a un indigente que murió en el anonimato

El colectivo Os Ninguéns y la Red Solidaria Popular han organizado un acto para visibilizar que la pobreza acelera el proceso hacia la muerte


Cuando Rafael Gabarri murió el 25 de agosto nadie reclamó su cuerpo para velarlo y darle sepultura. Cinco días después el ayuntamiento lo enterró en una parcela del cementerio municipal de Pereiró reservada para la gente sin nombre ni apellidos. En la tumba 166 de la zona 9, bajo una cruz, reposan los restos de Rafael, que no se sabe si era creyente, pero que en vida ya conoció el infierno de las drogas. 

Miembros del colectivo Os Ninguens y de la RSP han acudido este mediodía al cementerio para poner nombre y apellidos en su tumba. «Queremos hacer ver que en vida lo conocíamos y lo queríamos», ha dicho esta mañana el portavoz de Os  Ninguéns, Antón Bouza. El gaiteiro Antón ofreció un recital desinteresadamente.

Rafael Gabarri residía en una pensión que lo acogió por caridad. Allí apareció muerto a los 39 años. Con este homenaje, los organizadores quieren hacer visible que la pobreza acelera el proceso hacia la muere. Los pobres, ha recordado Antón Bouza, viven doce años menos que quienes tienen cubiertas sus necesidades básicas.

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