«Operación casete» en la fachada

Los responsables del bar vintage Jukebox solicitan cintas grabadas u originales para recubrir el frontal y parte del interior del local, buscando darle identidad

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vigo / la voz

La cinta de casete, ese artilugio que sobrevive arrumbado en altillos, cajas de zapatos y trasteros insondables, ha dejado de formar parte del club de los objetos de ocio que usamos a diario, compendiados casi todos en el móvil y el ordenador. Pero la arqueología pop despierta de vez en cuando el espíritu explorador que muchos llevan dentro, y sale a flote a través de iniciativas como la que actualmente llevan a cabo los dueños del Jukebox, un bar vintage que el mes pasado lanzó a través de las redes sociales una curiosa propuesta: pedían, y siguen pidiendo, cintas de casete para formar parte del rediseño de la fachada del local ubicado en Heraclio Botana, 4.

El vigués José Martín, uno de los socios del establecimiento junto al ribeirense Marcial Pérez, cuenta que la idea partió de este último como forma de contar quiénes son. «Mucha gente que nos ha conocido nos comenta que tardaron en decidirse a entrar por no sabían muy bien qué se iban a encontrar, que la fachada no representa lo que es. Le estuvimos dando vueltas y ya no sabíamos qué hacer para expresar nuestra identidad y fue cuando pusimos en marcha esta idea visual, haciendo partícipe a la gente», asegura.

Los empresarios tenían algunas cintas, pero no les llegaba para cubrir la superficie del frontal. Desde entonces han recibido casetes a manos llenas, y con ellas podrían esbozar también un estudio que arrojase luz sobre la música que escuchábamos, o que arrinconábamos sin atrevernos a tirarla a la basura.

«La mayor parte, más de la mitad, son cintas vírgenes grabadas, desde mezclas personales a discos enteros», relata José, que en otra etapa de su trayectoria profesional fue Dj y da fe de una época en la que todo el mundo grababa en casetes limpios o reutilizaba los que venían de fábrica tapando los huecos con papel o con celo. «¿Me grabas una cinta? era la pregunta estrella de los que se acercaban a la cabina», recuerda.

También han recibido cintas de pachanga latina de antes, música española, rock y muchas sorpresas, como encontrarte con casetes de bandas de rockabilly.

Clientes del Jukebox y otros que se han enterado de su llamamiento, han querido participar aportando sus tesoros. «Reconocen que tuvieron que rebuscar en sus casas, porque ya no están a mano». El hostelero indica que desde que abrieron hace tres años, tiene habilitado un rincón en el que las cintas ya formaban parte de la decoración. Algunos casetes los pintarán de dorado o plateado por encima, alternándolos con los que mantendrán la etiqueta original y si consiguen los suficientes, también forrarán las paredes de la entrada de un local en el que el menú se compone de música desde los 50 a la actualidad que se escucha y también se ve, porque cada tarde-noche proyectan videoclips. «Somos como una MTV», resume.

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