Siete años de excesos en las Cíes

Los primeros expedientes a las navieras por burlar el cupo de visitantes a las islas se remontan al 2011, pero la tibieza de las sanciones ha favorecido la reincidencia en un negocio que mueve más de 10 millones de euros al año.


Vigo / La Voz

En agosto del 2011, los responsables del Parque Nacional das Illas Atlánticas veían cómo estaba Rodas y pensaban que algo no cuadraba. Aquello se parecía a la calle del Príncipe en las rebajas. Demasiada gente. A las Cíes solo se pueden llevar 2.200 viajeros como máximo al día. Sumados a las 800 plazas del cámping se considera suficiente presencia humana para evitar daños en un espacio protegido y evitar problemas en caso de evacuación. Así que los guardas se apostaron a pie de muelle y empezaron a contar pasajeros. El resultado fue la apertura de expedientes a cuatro navieras por vender billetes de más.

Ahí empezó un problema que, lejos de resolverse, ha ido creciendo como una bola. Llevamos siete años de excesos en las Cíes. Cada verano, llueve sobre mojado en las islas. Ya son más de medio centenar los expedientes administrativos que se acumulan encima de la mesa de la Xunta sin que las navieras se hayan amilanado. ¿Por qué? Fuentes de Parques Nacionales lo tienen claro: las sanciones han sido muy tibias. La máxima, de 12.000 euros. «A las empresas les compensa pagar multas pírricas, es dinero que pueden recuperar en dos o tres viajes con barcos grandes», apuntan.

Echemos la vista un poco más atrás. En el 2007 ocurrieron dos cosas muy significativas que, de alguna manera, explican el problema: el periódico The Guardian nombró a Rodas la mejor playa del mundo y el Gobierno aprobó la Ley de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. Solo triunfó lo primero. Al abrigo de la publicidad que supuso el reportaje del diario británico, empezó un auténtico bum turístico a las islas de Vigo. Los barcos se petaban en temporada alta y las navieras hacían su particular agosto. Sin embargo, la ley pasó absolutamente desapercibida. Tan es así que contemplaba multas de hasta 200.000 euros por infracciones graves que nunca se han llegado a aplicar.

No solo eso. También existe otra posibilidad con la ley en la mano: suspender cautelarmente la autorización a las navieras. La directora xeral de Patrimonio Natural de la Xunta, Ana María Díaz, ha anunciado «contundencia, con toda dureza y hasta las últimas consecuencias» contra los infractores, pero ha omitido esa posibilidad. Quizás porque sería perjudicar a muchos turistas que ya han reservado plaza y que todavía están pendientes de visitar las Cíes este verano. Es obvio que serían los grandes perjudicados.

El cupo de 2.200 personas diarias para no dañar la joya del único parque nacional que tiene Galicia tampoco ha sido problema para que a muchos políticos se les llene la boca hablando de récords de visitantes año tras año. Es ridículo sacar pecho con marcas turísticas en un espacio con la máxima protección medioambiental. Su gran reto, como reconocía hace poco el director del parque nacional, José Antonio Fernández Bouzas, es «desestacionalizar» el turismo a las islas. Esto es, poner en valor su atractivo fuera de la temporada de sol y playa. 

Ahora que Concello de Vigo y Xunta de Galicia vuelven a protagonizar un enfrentamiento político a propósito de la candidatura a patrimonio de la humanidad (Caballero quiere que sea declarado únicamente el archipiélago vigués y Feijoo entiende que debe ser todo el parque como unidad de gestión) ha estallado la mala imagen que suponen miles de pasajeros enrabietados por no poder pisar las islas. Está por ver que esto suponga un problema a ojos de la Unesco.

Si a alguien ha alegrado la intervención de la Parques Nacionales es a los grupos ecologistas. Luita Verde lo tiene claro: «De nada sirven todas as figuras de protección conseguidas e as que se pretenden conseguir se convertimos as illas nun parque de atraccións onde o que menos importa son os motivos polos que foi declarado parque nacional e a conservación é algo secundario». El colectivo anima incluso a rebajar el cupo de visitantes, un debate que sigue pendiente también desde hace muchos años porque no se ha aprobado un plan rector y de usos para las islas.

Al abrigo del turismo a Cíes hay un negocio suculento que explica todo el problema. Más de 4 millones de euros para las navieras que se dedican a llevar turistas desde los muelles de Vigo, Cangas y Baiona en Semana Santa y de mayo a comienzos de octubre. Más de 5 millones para los tres restaurantes que hay en las islas y que se convierten en un auténtico hervidero humano en los meses de julio y agosto. El año pasado, todo el Parque Nacional das Illas Atlánticas registró más de 380.000 visitas, de las que alrededor del 80 % fueron a Cíes. Son las cifras oficiales, claro. Las reales nadie las conoce. Siete años burlando los controles dan para muchos muchos excesos. 

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