Cómo brillar con una moto a plazos

Tania Fernández ha sido la única gallega en competición nacional pese a las dificultades económicas


Vigo

Cuenta que siendo muy niña le daba miedo ir de paquete en la moto. «Conducirla es otra cosa», aclara la piloto de la escuela Lorenzo Pontevedra, con sede en Mos, Tania Fernández Rosendo (Pontevedra, 2001). Comenzó con las mini motos a los once cuando acudía para ser cronometradora de su primo. «Me dijeron que probara y me encantó. Desde pequeña veía carreras con mi tío -director de la escuela- y me llamaba mucho la atención», rememora.

Fue probarlo y pedirles a sus padres continuar. Aunque los problemas económicos de la familia siempre han sido un escollo, se han ido sobreponiendo hasta conseguir que Tania haya sido este año la única gallega en competición nacional, la Yamaha R3 Woman Cup, en la que fue la participante más joven y quedó cuarta, a un solo punto de la tercera. Le faltó poco para no poder disputarla.

«Nuestra situación económica no es buena, ni su padre ni yo llegamos a los 1.000 euros de sueldo, así que cuando Tania lo planteó la respuesta fue que iba a ser muy complicado. No podíamos», relata su progenitora, Marisa Rosendo. Esfuerzo tras esfuerzo lograron que compitiera en la liga interescuelas con la mini moto y luego en el Gallego, donde el primer año no puntuó -«no había niños y competía con mayores»- y el segundo fue tercera. «Luego Chicho, el padre de Jorge, nos animó a dar el salto de correr a nivel nacional».

Compraron la moto lal misma semana en la que empezaba la competición. In extremis. «Nos parecía imposible hacer frente a los gastos. Al final nos animaron a comprar la moto a plazos para un par de carreras. Pero ves que sin apenas tocarla antes queda entre las mejores y sigues, porque por un hijo se hace lo que sea», subraya Rosendo. Hasta compaginar dos trabajos, en el caso de la madre, o no sacarse en carné de conducir para aportar su granito de arena, como ha hecho su hermano mayor.

«Mi familia se ha endeudado para que yo pueda cumplir mi sueño. Es una gran responsabilidad. A veces si me caigo lo que más me duele es no poder hacerlo mejor con todo lo que luchan por mí», dice la joven piloto. Pero al mismo tiempo, cada caída es un estímulo para mejorar. «Tuve muchas fuertes y otras de tontería, pero nunca le cogí miedo. Las motos me hacen feliz, me hacen sentirme completa. Son parte de mi vida», señala.

La que sí pasa «miedo no, pánico» es Marisa. «Cuando empezaba me decía ‘dale, dale’, pero al llegar a la curva cambiaba al ‘frena, ¡frena!», relata Tania divertida. La madre se pone más seria. «Cada fin de semana que compite adelgazo dos kilos, y eso que como toda la porquería que se me pone delante. De estar acostumbrada a verla durante todo el recorrido llegas a Jerez o a Albacete, donde estás detrás del muro y hay partes de la pista en las que no la ves y cuando oyes cualquier ruido o ves la bandera de que ha habido alguna caída se te corta la respiración», cuenta.

El hecho de que sus padres lo pasen mal y el esfuerzo económico de la familia son las únicas pegas para Tania, que agradece el apoyo y está convencida de seguir. «Quiero repetir en la Woman Cup e intentar quedar más arriba. Fue una experiencia que disfruté muchísimo. Pero para volver a hacerlo voy a necesitar patrocinador», recuerda. Y no descuida los estudios porque sabe que «si no aprueba se acaba la moto», apostilla Marisa.

No se ha librado de los comentarios machistas que la instan a «fregar y cocinar», lamenta su madre, pero tampoco eso ha podido con ella. Lo contrarresta con el apoyo de muchas otras personas que la guían o han guiado en esta aventura, como Fully Solo. «Era como un padre para mí en el mundo del motociclismo y murió hace seis meses en un accidente. Cada carrera que corro es por él».

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