La policía estrecha el cerco al asesino de una joven a la que mató de 10 puñaladas en Vigo

Los agentes interrogaron a la pareja, al exnovio y a compañeros de la víctima e hicieron registros anoche


Vigo

La Policía Nacional estrecha el círculo sobre posibles sospechosos de haber asesinado ayer de madrugada a la ingeniera Ana María Enjamio Carrillo, de 25 años. Esta joven natural de la parroquia de Gastrar, en Boqueixón, y que vivía y trabajaba en Vigo, fue abordada por una persona que la apuñaló hasta diez veces en cuello y pecho en el rellano del portal de su edificio en Vigo. El agresor huyó y la policía investiga el entorno de la víctima.

Por el momento no hay detenidos aunque la policía realizaba anoche registros en vehículos y viviendas en busca de pruebas. La investigación se centró ayer en el entorno de la víctima, sin resultado, por lo que es posible que la comisaría deba aumentar el perímetro de sospechosos.

A lo largo de la tarde, la policía interrogó en la comisaría al novio de la víctima, que también trabaja en Vigo, al exnovio y a uno o más compañeros de la empresa de O Porriño donde ella trabaja. La UDEV (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta) quiere saber si la joven llegó acompañada a su portal. Un implicado designó a un abogado de pago para asesorarlo en su declaración. A media tarde, uno de los interrogados quedó libre y, entre sollozos, fue arropado por sus padres, que lo esperaron fuera. Todo apunta a que era uno de los amigos más allegados de la víctima. Prefirieron guardar silencio: «Ya ha sufrido bastante».

La policía ha podido reconstruir las últimas horas de la joven. Ana Enjamio asistió a una cena de su empresa, una auxiliar de Citroën de O Porriño que fabrica cables, para la que trabaja como ingeniera industrial desde el verano. La fiesta se celebró en el céntrico hotel NH de Vigo, en la avenida de García Barbón. Al terminar el evento, volvió a su casa, en un cuarto piso del número 40 de la avenida de Madrid. Vivía de alquiler con otra trabajadora y una estudiante.

Minutos antes, a las cinco de la madrugada, un vecino de 18 años del primer piso entró en el edificio y subió a casa de su madre, que lo esperaba despierta por miedo a la inseguridad en el barrio, pues la zona está muy desangelada por la noche. Ninguno notó nada raro, pero al acostarse el joven oyó gemidos de dolor de una mujer. Las voces parecían proceder del rellano. Duraron varios minutos y llamó a su progenitora. Pensaron que era una juerga y descartaron avisar a la policía.

Entre las seis y las siete de la mañana, otro vecino bajó en ascensor y al abrir la puerta se topó el cadáver de Ana Enjamio en el suelo rodeado de un gran charco de sangre. La joven había recibido entre ocho y diez puñaladas repartidas por el cuello y el lado izquierdo del pecho. Presentaba pequeños cortes que, a juicio de los expertos, parecían unas pruebas o primeros intentos de hundir la hoja hasta el fondo.

Es posible que la mujer se hubiese defendido del agresor porque tenía rota la correa de su reloj, quizás por el forcejeo para luchar por su vida. La policía no encontró su teléfono móvil, por lo que su búsqueda es prioritaria. Descartan el robo porque la víctima conservaba 30 euros. La puerta del portal no estaba forzada y el vestíbulo solo ofrece como escondite el tramo de las escaleras al fondo, frente al ascensor. El coche de la víctima apareció aparcado ante el edificio pero no se sabe si lo usó para la cena.

Los agentes peinaron el barrio en busca del arma homicida, un cuchillo o una navaja con sangre. A última hora, la jueza ordenó el registro de un vehículo y del piso de un sospechoso para localizar el teléfono, el arma blanca y las ropas ensangrentadas.

Todas las vías abiertas

La investigación está dirigida por el Juzgado de Instrucción número 5 de Vigo. Fuentes judiciales indicaron que «todas las vías están abiertas» y no descartan la violencia machista ni otras alternativas. Todo apunta a que la jueza podría cerrar el caso hoy mismo con una detención. El hecho de que el portal no estuviese forzado implica que o bien el agresor se coló antes, o entró acompañando a la joven, o pasó cuando ella abrió la puerta. Luego la abordó y la amenazó para obtener algo de ella. O tenía planificado el crimen y la esperó.

El robo es discutible porque el teléfono de la asesinada desapareció, pero el agresor despreció 30 euros que portaba. El asaltante se pudo llevar el terminal para borrar pistas o evitar que la herida pidiese auxilio mientras él huía. «Hay algo raro en todo este asunto», admite un conocido de la joven.

 

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