Toda una vida «rachando plumas»

VIGO

XOAN CARLOS GIL

Se inició en el bádminton con el pionero de la disciplina y la ha vivido desde todos los ángulos

14 nov 2016 . Actualizado a las 10:17 h.

Juan Manuel Vila tiene dentro el gusanillo del bádminton desde los años 70, prácticamente desde que llegó a España. El hoy técnico del Rachaplumas vigués comenzó a practicar este deporte en la escuela de la mano de su introductor en España, Luis Mirón, que le daba clases de Educación Física. «Empezamos a jugar un grupo de compañeros de clase y ya no lo dejé», señala. Lo ha vivido como jugador, directivo y, sobre todo, entrenador. Tras trabajar en otros clubes, formó el suyo propio, en funcionamiento desde el año 2008. Ahora mueven a alrededor de 200 deportistas.

«Los niños que estaban en las escuelas deportivas -de las que se venía ocupando desde 1996-no tenían oportunidad de seguir una vez que cumplían los 16 porque se acababa la competición escolar. Por eso decidimos crear el club para que los que quisieran lo pudieran hacer como federados», recuerda. Existía demanda como fruto de un intenso trabajo previo. «Hubo una época en la que este deporte había decaído e hicimos campañas e intervenciones en las escuelas para darle un nuevo impulso. Por suerte la cosa salió bien», celebra.

Aunque la primera categoría establecida es la de sub-9, cuentan con pequeños desde los «cinco o seis años». «Es lo típico que vienen con el hermano mayor y quieren probar». Esa primera fase es clave para que les entre el gusanillo como en su día le ocurrió a Vila. «La idea es que hagan ejercicios para ir conociendo la raqueta y familiarizándose con ella, pero más que nada que se diviertan», recalca. Porque luego viene lo complicado. «El progreso desde cero a pasar el volante al otro lado es rápido, pero luego puede llegar a ser algo más monótono, hay que machacar mucho para mejorar». Se consigue, pero más despacio. «Al principio avanzas más en un mes o dos que luego en dos años. Pero no diría que es un deporte más difícil que cualquier otro».

Por encima de cualquier otra cualidad, es importante, dice Vila, la coordinación para enfrentarse a la pluma, «que no es un elemento regular como puede ser una pelota». Define su disciplina como «rápida y explosiva», marcada por la ausencia del bote que caracteriza por ejemplo al tenis. «Necesitas una gran capacidad de reacción. Por la tele parece fácil, da la impresión de que la pista es reducida y por eso llegan a todos los sitios. Pero cuando estás allí te parece enorme». Por eso es importante también «saber colocarte, desplazarte teniendo presentes las referencias de la pista, lo que implica un gran trabajo».

Con los pequeños entrenan dos horas a la semana, cifra que asciende a ocho en el caso de los federados. «Como máximo tenemos a cuatro jugadores por pista y a veces hay problemas de espacio», señala. Los van sorteando como pueden, sobre todo desde que la demanda aumenta por las noticias que ha generado el bádminton «Se notan los éxitos de Carolina Marín. Hay gente que viene a probar gracias a que la ha visto, o simplemente cuando vas a un colegio ya no tienes que explicarles el bádminton desde cero porque algo han visto y tienen idea de qué va». Pero deja claro que para llegar a lo que ha conseguido la campeona olímpica se requieren «muchas más horas de trabajo, esfuerzo y sacrificio».

Ellos se presentan como un club de base donde los resultados quedan en segundo plano, aunque cuentan. «Ahora tenemos un sistema de grips que ha implantado la Federación, como los caballitos en natación, que sirve de estímulo a los niños». Porque los pequeños enseguida quieren empezar a medirse a otros. «Tenemos una competición interna por niveles para que lo puedan empezar a hacer cuando quieran. Al no ir por edades, ya ha habido algún caso de abuelo contra nieto».

Precisamente, se definen como un club familiar y abierto a todo el mundo. «Incluso tenemos un grupo de veteranos donde intentamos que los padres de involucren y conozcan el esfuerzo que hacen sus hijos. Nuestras puertas están abiertas».