El castro de Santa Trega envejece dos siglos

Construcciones halladas por el equipo del arqueólogo Rafael Rodríguez demuestran que los primeros pobladores llegaron a la citania en el IV a. de C., 200 años antes de lo que se creía

En la excavación se localizaron tres ánforas completas.
En la excavación se localizaron tres ánforas completas.

a guarda / la voz

Al Trega le acaban de caer otros 200 años. El equipo de Rafael Rodríguez, arqueólogo que dirige la mayor intervención realizada hasta la fecha en el barrio descubierto por Cayetano de Mergelina en las excavaciones efectuadas entre 1928 y 1933, ha conseguido confirmar la hipótesis de este catedrático. Se trata de un descubrimiento de enorme interés: remonta la primera ocupación del principal castro gallego hasta el siglo IV antes de Cristo.

Validar esta teoría, basada hasta ahora en materiales hallados en la zona, era la principal aspiración del equipo. Este también se ha topado con otras sorpresas en el ecuador de la intervención. «Hasta ahora parecía que en el siglo I antes de Cristo había habido en el Trega una superpoblación que desapareció en cien años, pero en este momento ya sabemos que se trató de un proceso de largo recorrido. Ya había ocupación dos siglos antes, en el IV antes de Cristo», confirma con entusiasmo Rafael Rodríguez.

Los expertos no solo acaban de desenterrar y documentar las estructuras arqueológicas más antiguas del Santa Trega, sino que abren además la puerta a otras localizaciones. «En arqueología surgen siempre más preguntas que respuestas», comenta. Y es que «teniendo en cuenta que hasta la fecha solo se han excavado 8.000 metros cuadrados de un castro que se estima en 20 hectáreas, hay que pensar que, aunque en Mergelina hemos localizado construcciones del IV antes de Cristo, puede haberlas anteriores en otras zonas». «No sabemos hasta dónde llega la parte antigua, hay dudas sobre cronologías y extensiones, no podemos conocer si la ocupación de las 20 hectáreas fue a la vez», explica el arqueólogo.

Antecedentes

Sobre el histórico hallazgo, destaca el mérito del catedrático que descubrió el barrio y al que debe su nombre. Su legado documental se perdió en un incendio. «Mergelina nos dejó las construcciones a flor de piel y tenía razón, hubo una ocupación previa. Después de ochenta años a la intemperie las hemos identificado, tras trabajar en la zona a unos cuarenta centímetros de las superiores», desvela Rodríguez.

Los arqueólogos que trabajan en la zona desde hace unos tres meses, se han topado con varias cabañas circulares de entre los siglos IV y II antes de Cristo, así como con materiales de cerámica diversa.

«Se evidencia que en el siglo IV antes de Cristo el noroeste peninsular ya formaba parte de los circuitos de los comerciantes púnicos que venían de Cádiz y subían por Portugal hasta Galicia para ir a no se sabe dónde; buscaban estaño, esclavos y pieles», comenta el investigador.

Las pesquisas realizadas por Mergelina y los petroglifos de la zona evidenciaban actividad anterior pero hasta ahora se creía que la fundación del castro era, como muchísimo, de finales de II o de principios del I antes de Cristo». «Estamos llevando la cronología del Trega 200 años atrás. Es importante porque se da una vuelta de tuerca todo lo que se sabía, había materiales pero no tenían contexto, no estaban vinculados a ninguna construcción», apunta el experto.

Financiación

Su actuación es fruto del convenio suscrito entre la Diputación de Pontevedra y el Ministerio de Fomento, que supera los 6 millones de euros y que pretende diseñar a cuatro años vista una red de 23 yacimientos que se promocionará como ruta turística.

El Santa Trega, monumento histórico artístico nacional, continúa siendo el segundo lugar más visitado de Galicia tras la Plaza del Obradoiro. Su plan director, redactado por la empresa Mario Crecente Asesores, duerme el sueño de los justos desde hace tres años. Aunque se presentó a bombo y platillo en la Diputación, está pendiente de desarrollo por falta de financiación.

La magnitud de la intervención no es solo porque sea la mayor en superficie, con 2.000 metros cuadrados en estudio o la primera del siglo, si no por la cantidad y calidad de los materiales que se están localizando y catalogando. Hace un par de meses rescataron una escultura de carácter antropomorfo de 2.000 años de antigüedad, una cabeza de unos 15 centímetros de alto en la que están perfectamente definidos los ojos, la nariz y hasta las orejas. Ahora, 40.000 piezas después, el experto arqueólogo confirma el hallazgo de tres ánforas. «Estamos abrumados por la cantidad de material arqueológico que está apareciendo. Se estima que la población en el siglo I antes de Cristo en el castro rondara las 5.000 personas». Las nuevas joyas descubiertas incluyen tres ánforas completas «que vinieron de la Bética, o sea de Andalucía, en el siglo I antes de Cristo y que contenían en su interior algo parecido a vino».

La ciudad fortificada más visitada de España aún no tiene servicios básicos como el agua

Sobre la necesidad de mantenimiento del que «sin duda es el castro más visitado de toda la península», el arqueólogo Rafael Rodríguez antepone la premisa de que se programen todas las actuaciones a realizar a partir de ahora. «Por supuesto que hay que hacer más campañas y excavaciones, pero con proyectos pequeños y más prolongados en el tiempo. Debe ser un trabajo constante y continuo. Es con más campañas y sondeos como llegas a diferenciar la cronología. En el Monte Santa Trega aún no se sabe ni por dónde van las murallas», dice.

Hay un 95 % de la citania escondido aún. De todo el poblado, ahora solo está excavada la Porta Sur y los barrios de Mergelina y el de Calvos, el más conocido y visitado por las más de 60.000 personas que acuden cada año a este emblemático espacio. Está pegado a la carretera de subida al monte y es donde más intervenciones se han realizado. La última, dirigida por Antonio de la Peña Santos entre 1983 y 1988.

El gobierno local mantiene una cruzada desde hace años para intentar realizar nuevas excavaciones y salvaguardar y promocionar su gran joya pero, en 2.000 años, aún no han conseguido llevarse los servicios mínimos básicos hasta la cima. Por ello el agua se sube en camiones cisterna para poder abastecer al restaurante y el hotel que están en el pico más alto de la montaña desde la que se divisa toda la desembocadura del río Miño.

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