Nueva ruta de senderismo en A Guía

El Concello prepara la apertura a los excursionistas de este tramo de la ría


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Pues al menos tres días al año la concejala de la cosa ambiental se lo curra; que no se diga. Para nosotros sigue siendo un misterio saber qué hace los restantes 362 días del año con su dedicación exclusiva pero cuando hace algo bien hay que felicitarla. En realidad incluso estaríamos dispuestos a hacerlo cuando hiciera algo mal, pero que hiciera algo.

El caso es que se nos anunciaba hace unos días que se está preparando un sendero por el monte de A Guía y nos parece muy bien y muy bonito. Anímense a conocerlo, empezando por la carballeira de A Guía, en la que el Concello ni está ni se le espera. Son los propios vecinos quienes instalaron papeleras y se encargan de su vaciado y de colocar carteles solicitando la colaboración ciudadana en su limpieza. Algunos dicen, con cierta retranca, que solo falta el cartel de «Alcaldía free zone». Desde allí se desciende hacia el mar. El paseo es el auténtico paraíso de las especies exóticas invasoras donde prácticamente no falta ninguna y podemos contemplar eucaliptos, acacias, tradescatia, phytolacca, cortaderia, crocosmia, cyperus, ipomoea, robinia, tropaeolum? es un auténtico festival.

Difícilmente podemos hallar concentrado en tan poco espacio semejante caos ecológico, pero quizás esa sea la intención, mostrar un espacio degradado para que se valore, por contraste, la importancia de lo autóctono.

El descenso nos lleva a la playa de A Lagoa. Denominarla como playa tiene sus matices, pues aunque se trata de arena al borde del mar, es el propio Concello quien no se lo acaba de creer ya que, con buen criterio, en la web oficial nos recuerdan que no es una zona habilitada para baño, aunque eso sí, cuenta con una señal advirtiendo que se prohíben los perros en la temporada estival.

La contradicción es simpática, pero decimos que el criterio nos parece saludable porque se trata de una zona que conserva en sus sedimentos el recuerdo de procesos industriales altamente contaminantes, que allí siguen activos y conviene no mover. En contra del más elemental sentido común podremos ver en esa zona, especialmente en bajamar, a simpáticas familias mariscando alegremente. No estaría mal que se les ocurriera alguna vez someter a un análisis toxicológico lo que se van a comer, pero esto tampoco parece ser de especial preocupación para las autoridades competentes.

En A Lagoa podemos disfrutar como bello paisaje de fondo el puerto deportivo de Punta Lagoa, flamantemente inaugurado en su día con participación municipal, con sonrisa de oreja a oreja, pero, vaya, con buena parte de su infraestructura totalmente ilegal y que tantos años costó a los vecinos de Teis (gracias a la constancia ejemplar del colectivo de Voces polo Litoral) que se derribara por fin.

De la playa contaminada, en la que los vertidos de fuel son frecuentes (esos que según la autoridad portuaria no existen, por lo que suponemos que seis veces al año los vecinos sufren alucinaciones) ascendemos por el paseo del borde litoral hacia el faro. Este paseo es un milagro, pues resulta increíble que siga cerrado al tráfico rodado, pero de momento, y crucemos los dedos, sigue siendo peatonal. Llegamos al campo de fútbol, en el en verano podremos ver los aspersores regando como si no hubiera una mañana a pleno sol, por aquello de que conservar el agua como bien escaso no va con ellos, y desde allí bajamos a la playa de A Punta.

Para llegar transitaremos por uno de estos paseos marítimos que empieza al borde del mar, como su nombre indica, y termina directamente encima del mismo. El tramo final de acceso a la punta es un buen ejemplo de que esto del cambio climático nos parece broma? hasta que tenemos que pasar por allí un día de temporal. En este punto conviene fijarse porque podemos pasar de largo la playa de A Punta. Se trata de una de nuestras playas distinguidas con bandera azul y es un buen sitio para hacer una bonita actividad familiar que podríamos denominar «a ver quien encuentra la playa».

Parece fácil, pero con pleamar se necesita mucha imaginación para denominar como playa los cuarenta centímetros cuadrados de arena, y ni eso si se trata de mareas vivas. Quizás es un problema semántico y el Concello solicita para A Punta la bandera azul de playa cuando, en rigor, encajaría mejor la de puerto. Es un buen sitio para hacer un pequeño descanso viendo las abandonadas instalaciones de la ETEA y las evoluciones de los mariscadores furtivos faenando entre colectores de aguas residuales y desguaces navales.

Tras el merecido descanso corresponde ascender otra vez hacia la carballeira, a donde se agradecerá llegar porque de camino nos tocará otra angustiosa travesía entre especies invasoras. Y por fin finalizaremos la ruta que, para bien y para mal, vale la pena conocer. Pero no quisiéramos que esta descripción fuera interpretada con pesimismo; al contrario: es una invitación y llamamiento urgente para recuperar y regenerar ecológicamente un espacio que todavía, con esfuerzo, puede y debe ser rescatado.

Estamos a tiempo y ojalá esta nueva ruta de senderismo sirva para conseguirlo. Bromas aparte, por una vez y ojalá sirviera de precedente, felicitamos a Chus Lago porque ha tenido una buena idea (si se le ocurrió a ella), aunque ojo, Chus, con esa frontera peligrosa de meter a voluntarios sustituyendo lo que deberían ser puestos de trabajo.

CHEQUEO AL MEDIO AMBIENTE espacios abiertos a los caminantes

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