Rubén Soliño se doctora

Balonmano Su gol de penalti con el tiempo cumplido dio dos puntos al Cangas


Vigo / La Voz

«Se me pasaron muchas cosas por la cabeza, pero tenía claro que iba a amagar y ver lo que hacía el portero. Cuando vi lo que pensaba hacer, no dudé, tiré arriba y marqué gol». A Rubén Soliño todavía se le dibuja una sonrisa en la voz cuando recuerda el gol de penalti con el que el sábado dio dos puntos al Cangas ante el Granollers. Le tocó la responsabilidad de ejecutar el disparo definitivo con el tiempo agotado ante un Gatañal tan expectante como ilusionado, y cumplió su cometido. Con el balón en el fondo de la red, la euforia se desató en un pabellón que cada vez siente más cerca el ver a los suyos llevando el nombre del Frigoríficos por las pistas de Europa.

El partido ante el Granollers fue un chute anímico para Rubén Soliño. El central, reconvertido a extremo, fue el hombre al que Pillo le encomendó la tarea de ejecutar las penas máximas, después de que los primeros lanzamientos se fuesen al limbo, y el pequeño de los Soliño respondió. Acabó marcando sus cuatro lanzamientos desde siete metros y un quinto de contraataque. «Sin duda ha sido uno de mis mejores partidos del año», reflexionaba ayer.

Para Rubén esta está siendo una temporada distinta. La llegada de Alberto Casares para reforzar el puesto de central hizo que Pillo reconsiderase el papel del jugador y apostó por vestirlo de extremo. «Quizás no estoy haciendo una temporada muy allá porque es mi primer año como extremo, ya que mi puesto natural era el de central, aunque alguna vez había jugado ahí». Durante los últimos meses se ha ido adaptando a su nueva demarcación, y aunque admite que está más cómodo como central, cree que con trabajo y esfuerzo acabará siendo un extremo más. Si el ADN cuenta en el balonmano, Rubén ya tiene mucho camino andado. «Mi hermano Suso es un mundo aparte. Le he pedido consejo alguna vez, pero lo que él me puede decir es imposible, porque él, balón que tiene, balón que mete. Sé que no voy a llegar a su nivel, lo tengo asumido», proclama entre risas.

Y es que Rubén creció viendo cómo su hermano Suso se hinchaba a marcar goles en O Gatañal defendiendo la camiseta que ahora comparten. «Nos llevamos catorce años. Cuando era niño, para mí era un sueño jugar algún día con mi hermano, y lo he conseguido. Vas trabajando año tras año y al final alcanzas las metas», reflexiona el jugador, que lleva desde el colegio con el balón en la mano.

Rubén Soliño llegó al primer equipo hace cinco temporadas, y desde entonces su balonmano no ha dejado de crecer. «Mi juego va a más, es lo que tiene la experiencia. Cuanto más juegas, más confianza coges y mejor te van las cosas».

Aunque esta temporada aporta más en defensa y se está adaptando a su nuevo rol, su crecimiento, amparado en buena medida en su rapidez, es imparable. Él solo quiere seguir medrando y ayudando a su Cangas, y, si puede ser, cumplir su nuevo sueño. «Jugar en Europa». Un sueño que cada vez tiene más trazos de realidad.

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