La cantante viguesa Seilaesencia, cuya popularidad se disparó tras participar en el concurso de talentos «The Hit», reparte sus filias entre la música y los animales, colaborando además en una protectora
07 abr 2015 . Actualizado a las 09:42 h.La viguesa Seila Álvarez, rebautizada Seilaesencia para el mundo del espectáculo, lleva desde que tenía 17 años peleando por hacerse un hueco como cantante y compositora. A pesar de haberse curtido en múltiples escenarios durante más de una década, (tiene ahora 28 años) el poder mediático de la televisión ha sido el que finalmente le ha dado el empujón de popularidad que la ha hecho famosa en todo el país. Se presentó al programa concurso de Televisión Española The Hit y aunque no fue la ganadora, se llevó de rebote un buen premio, ya que Marta Sánchez le arrebató para su nuevo álbum la canción Duermes mientas yo escribo. Seila espera ahora que ese trampolín, del que la joven no ha sacado otra cosa que difusión, le sirva además de respaldo para grabar su primer álbum en solitario, ya que todos sus discos anteriores son compartidos (con el El Puto Coke, Wöyza o el grupo de funk Phantom Club). «Pero no aspiro a vivir de vender discos, sino de dar conciertos en directo sin parar», explica.
Con su irrupción en televisión ha logrado, al menos, ser conocida. «Esta semana me han llamado de Jerez, de México y de Barcelona, y ¡tengo hasta un club de fans en Soria!, cuenta, sorprendida, casi tanto como con la actitud de sus vecinos. «Llevan toda la vida sin hacerme ni caso y mira ahora», reflexiona.
La poesía fue la puerta de salida a sus inquietudes creativas. «Tuve la suerte de tener como profesor al escritor Antonio García Teijeiro, que me animó mucho», asegura. El rap, que al fin y al cabo se basa en el ritmo lírico, fue su primera vía de escape, aunque reconoce que también le gustaba bailar. «Lo mío es el artisteo», afirma la cantante, que ha sorteado todo tipo de dificultades. La escasez de medios nunca ha sido un obstáculo para ella. «Toco la guitarra, el teclado, la batería y el bajo, pero de oído. no sé música», reconoce. «Mi primera guitarra la encontré en la basura. Tenía solo dos cuerdas y estuve tres años con ella. ¡Cuando la pude afinar aluciné!», admite. Aún así, Seila le arrancaba melodías al instrumento y todavía ahora sueña con poder mejorar sus cimientos. «Ojalá pudiera estudiar. Cuando me admitieron en la Escuela Municipal de Música no tenía dinero para pagar la matrícula», asegura, añadiendo que a pesar de todo, compone y canta desde los 13 años. «Y cuando registré mi primera grabación, con el músico de jazz Marcelino Galán, tenía 16. Luego estuve en Phantom Club durante 10 años», recuerda.
Del mismo modo que intuyó desde pequeña la importancia de la música en su vida, siempre supo que los animales eran igualmente vitales. «Yo creo que incluso antes que la música. Me crié con ellos y para mí es algo muy especial. Cuando tenía 2 años tuve a mi primer perro, una cachorrita de pastor belga que se llamaba Belty, que estuvo conmigo hasta los 12. Le lavaba los dientes, le fuchicaba en las orejas, le limpiaba los ojos, le hacía de todo a la pobre...», recuerda. Y es que otra de las aspiraciones de Seila era ser veterinaria, y así comenzó las prácticas, y aunque no llegó la cosa a mayores, de algún modo llena ese hueco colaborando con colectivos que se vuelcan con los animales abandonados. Actualmente lo hace en la protectora de Guillarei, donde es voluntaria desde hace 2 años.
A su perro Denko, un husky de 14 años, lo recogió antes de que los gerentes de una residencia canina lo dejasen en una protectora después de que sus dueños no lo recogiesen nunca. A Tella, una labrador mezcla de pastor belga, la vio en una foto en Facebook que alguien colgó tras encontrarla, en Segovia, apaleada y en una bolsa de basura. Aunque creía que no le gustaban, también tiene gatos, el de su madre, Ra, «de rabudo», aclara, y los hermanos Guante y Charco, que duermen a sus pies «que aunque tengo asma, me hacen más bien que mal», opina.
La canción es la vocación de Seila, pero lo que engloba todas sus filias es el amparo. De hecho, se formó como auxiliar de enfermería, especializándose en ayuda a domicilio. «Trabajo con ancianos y con personas con alzhéimer. Valgo para ayudar a la gente. Me gusta y se me da bien», cuenta.
Pero para salir adelante ha hecho de todo, desde descargar cajas en la lonja a pasear perros, atender una línea de contactos, trabajar en una clínica dental, vender teléfonos o pasar por la cadena de Citroën. «No se me caen los anillos, me gusta aprender cosas nuevas», afirma.