Edu Salazar, portero por accidente

El héroe del Cangas ante el Puerto Sagunto comenzó siendo lateral


vigo / la voz

A Edu Salazar (Venezuela, 1993) ni le gustaba el deporte ni el balonmano, pero cuando cursaba primaria su madre se empeñó en que tenía que practicar alguno y acabó inscribiéndolo, casi obligado, en el Seis do Nadal de balonmano. Durante el primer año alternó el puesto de pivote con el de lateral, pero el hoy portero del Balonmán Cangas seguía sin cogerle el gusto «a lo de correr pista para arriba, pista para abajo». Hasta que un buen día, todo cambió.

«Se lesionó el portero del equipo, el entrenador pidió voluntarios para sustituirle, y yo me ofrecí». Edu no podía imaginarse que ese día cambiaría su forma de entender el balonmano. Se plantó bajo los palos, hizo un buen partido, se recicló a guardameta, y a partir de ahí se enamoró de su deporte. Fue así, casi por accidente, cómo el héroe de la victoria del Cangas ante el Puerto Sagunto inició un camino que ha desembocado en Asobal.

Tras formarse en el Seis do Nadal y probar suerte en el Octavio, la temporada pasada el Cangas lo fichó para su filial. «Me fui para el Cangas para jugar en Nacional y currármelo y pensando a ver qué pasaba a largo plazo. Hice buena temporada con el equipo y ya en las últimas jornadas empecé a integrarme con el grupo de Pillo». En verano, cuando llegó el momento de definir la plantilla para esta temporada, el club decidió darle un voto de confianza y apostó pro él para ser el segundo guardameta. La decisión, que parecía arriesgada, se confirmó acertada el pasado sábado.

Un 58 % de paradas exitosas (14) fue el promedio que Salazar se sacó de la chistera. Entró en pista en el segundo tiempo y comenzó a hacer magia en la portería hasta el punto de que el pabellón de O Gatañal se dispuso a corear su nombre. «Fue una emoción muy grande, se te ponen los pelos de punta cuando eso sucede. Fue espectacular», confesaba ayer al recordar lo vivido.

A cada parada que hacía, Edu se iba creciendo ante el Puerto Sagunto, aunque reconoce que «en ese momento no me dio la sensación de que había hecho tantas paradas». Fue el domingo, cuando sus amigos le cantaron los datos, cuando asumió que había protagonizado uno de esos partidos soñados. Paró lo imparable, y sobre todo sus intervenciones cimentaron la remontada del equipo. «Yo solo intento dar lo mejor de mí, y esta vez salió bien».

Las felicitaciones y los halagos fueron la resaca del partido, aunque recuerda que las mieles de la última jornada estaban precedidas de días más oscuros. «Al ser el primer año en la categoría siempre tienes algunas dudas. Al principio me fue muy difícil. En los primeros partidos estaba muy desanimado porque no me salían las cosas, pero mi entrenador de porteros siempre me decía lo mismo, da igual cómo empieces, lo importante es cómo termines». Y a base de ir disfrutando de minutos y de atesorar más confianza, Edu Salazar ha ido creciéndose bajo los palos. «Me hacía falta un partido como ese para darme cuenta de que valgo para esto». No sabe lo que le deparará el futuro, y por el momento el balonmano comparte horas con su ciclo superior de Administración y Finanzas. Si el día de mañana la portería marca su vida, «bienvenida sea».

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