Un antiguo ballenero de Massó, joya de museo en Noruega

La ciudad de Sandefjord salvó el «Ibsa I» del desguace y, tras rehabilitarlo, hoy lo exhibe con orgullo como reclamo turístico


vigo / la voz

Sandefjord es una ciudad del sur de Noruega de poco más de 42.000 habitantes conocida por sus balnearios y, sobre todo, por su tradición ballenera. Las embarcaciones de este puerto natural, que antaño servía de refugio a los vikingos, se dedicaron a cazar cetáceos en el Ártico desde el año 1850 y en 1905 protagonizaron su primera expedición al Antártico. La época dorada llegó en los felices años 20, cuando Sandefjord llegó a tener una flota de casi cien buques. Hasta que la actividad se fue reduciendo gradualmente a mediados del siglo pasado.

Hoy, el recuerdo de ese período se mantiene vivo gracias a un museo de la caza de ballenas, el Hvalfangstmuseet. Es único en Europa, ya que no existe otro con esa temática, y visita obligada para los turistas. Estos tienen incluso la posibilidad de acercarse a los muelles del centro de exposición y subirse a bordo de un buque llamado Southern Actor. Se trata de un ballenero construido en 1950 en un astillero de la localidad inglesa de Middlesbrough que tiene una hoja de ruta increíble, digna de un documental, y que demuestra cómo Galicia sigue despreciando su patrimonio.

Antes de acabar en el museo escandinavo, el Southern Actor se llamó Ibsa I. Formaba parte de la flota de Massó Hermanos. La conservera de Cangas fue la mayor de Europa en su época y un auténtica máquina exportadora, sobre todo al mercado japonés. En sus mejores años cazaba más de medio millar de piezas. La compañía controlaba Industria Ballenera SA, que había adquirido el barco en 1975. Con él y otros gemelos sorteaba las reducciones de cuota impuestas a nivel internacional y las presiones de los grupos ecologistas como Greenpeace (el mítico Rainbow Warrior llegó a interponerse en la singladura del Ibsa III).

El 27 de abril de 1980, una bomba hundió casi por completo el Ibsa I mientras permanecía atracado en el puerto de Marín a la espera de emprender una nueva campaña. Otra explosión afectó en menor medida al Ibsa II. Afortunadamente, no había tripulantes a bordo. El coordinador en Vigo de Amigos de la Tierra, otro de los grupos que abanderaron las protestas contra la caza de ballenas aquellos años, recuerda que nadie reivindicó el atentando, aunque se dio por hecho que era «una acción ecoterrorista». Antón Lois advierte que «la actividad sangrienta» de Massó duró todavía cinco años más.

En 1989, cuando ya era historia la caza de ballenas en Galicia, el club de marineros y antiguos trabajadores de la industria ballenera de Sandefjord salvó el Ibsa I del desguace por el que esperaba en Cee. Se lo llevaron a su ciudad para restaurarlo por completo, pieza por pieza, y «para su mayor gloria dejarlo completamente operativo». Hoy lo cuentan con orgullo y no ocultan el pasado de su joya cultural. Incluso se atreven a atribuir directamente a Sea Shepherd la autoría del atentado de Marín solo porque el líder de esa organización no gubernamental, el pirata Paul Watson «respondió que estaba muy feliz de que el barco estuviese al fin en el lugar que le correspondía... un museo».

Los visitantes del centro hacen excursiones en el rebautizado Southern Actor, que luce su arpón en la proa, tras empaparse de la historia ballenera de esta zona de Noruega. Mientras, los terrenos de Massó en Cangas son un compendio de ruinas. No fructificó la creación de un museo de la ballena en las instalaciones de Balea, pero el alcalde José Enrique Sotelo mantiene su empeño de salvaguardar «una parte tan significativa de la historia del municipio». Espera la desafectación por parte de Costas de las naves de Ojea que hay en el centro del pueblo, detrás del Ayuntamiento, para montar una pequeña sala de exposiciones donde se cuente la importancia de la pesca en la villa y se muestre parte del material que tienen guardado de la vieja factoría. En la propia zona de Massó, el Concello desarrolla un gran paseo litoral gracias a la cesión de terrenos portuarios que incluyen parte de la ballenera. «Aunque tenemos algunas ideas, como crear una escuela de vela o un lugar de conciertos, el futuro de ese lugar queda abierto», apunta el alcalde. En cualquier caso, hay un barco histórico que no formará parte de él.

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