El gobierno de Caballero rentabiliza los pactos alcanzados con BNG y PP

El equipo del alcalde logra un aprobado cómodo de los ciudadanos


vigo / la voz

Abel Caballero llegó al sillón municipal tras un período convulso en las relaciones PSOE-BNG, en el que terminó gobernando en minoría la popular Corina Porro. Tras el choque que supuso en el año 2003 la eliminación del alcalde Ventura Pérez Mariño (PSOE), el exministro de Transportes logró un aceptable resultado cuatro años después con el que compensó la bajada del BNG. Aquellos nueve concejales socialistas (por cinco nacionalistas) se convirtieron en 11 hace tres años, con los que la izquierda sumó en ambos casos 14 concejales, justos la mayoría absoluta. La diferencia es que el PSOE medraba exactamente lo que perdía el BNG, mientras el PP se quedaba siempre en el peor resultado posible, 13 concejales, que certifican una holgada mayoría que te coloca en la oposición.

A menos de seis meses de las próximas elecciones, los resultados de la encuesta de Sondaxe para La Voz de Galicia vaticinan un cambio de tendencia. Por primera vez contemplan un PSOE lanzado con posibilidades de obtener 13 concejales que se asoma a una mayoría absoluta que siempre le fue negada. Endulzado, además, por el cómodo 5,56 que le otorgan los ciudadanos al gobierno local.

Una de las causas de este resultado reside en que Caballero ha logrado convencer a los vigueses de que gobierna la ciudad con una mayoría política. Gracias a ella ejerce el poder sin ataduras y puede llevar a cabo sus proyectos, sean o no del agrado del resto de la corporación.

Esto sucede porque ha conseguido desactivar a la oposición, un BNG que le nombra alcalde pero rechaza gobernar, y un PP que cuando los nacionalistas se cansan de ser muleta del PSOE se ofrecen como esquiroles sin obtener la menor muestra de agradecimiento. Con este sistema Caballero ha podido seguir aprobando presupuestos sin grandes problemas, humanizando la ciudad por todas las esquinas pese a las críticas iniciales de los demás grupos, llevando a los escolares a aprender inglés al extranjero (a lo que se oponía el BNG) y cuadrando el círculo al disponer de los votos del PP para aprobar el presupuesto y pese a ello atacar con dureza, día sí y día también, al presidente de su partido socio que lo es también de la Xunta.

A la vista de los resultados del trabajo de Sondaxe, la estrategia del victimismo ante el Gobierno gallego le refuerza. Con la Xunta no tiene trato alguno, le torpedea el nuevo hospital, la ningunea a la hora de construir la nueva depuradora mientras su amiga Elena Espinosa era ministra de Medio Ambiente y trata de puentearla en Madrid cuidando su relación con la ahora titular de Fomento, Ana Pastor. Y sus ataques diarios a Santiago tampoco le pasan factura inversora ya que ninguna consellería tiene proyectos pendientes en la ciudad. Como quedó claro con las cuentas del 2015, resuelto el hospital de Beade y con la depuradora del Lagares enfilando la recta final, lo demás es calderilla. Por tanto, puede permitirse el lujo del ataque constante en la seguridad de que no hay espacio para a la represalia. Y por parte autonómica, la creación de una delegación en Vigo no ha servido de contrapeso al omnipresente poder municipal que caracteriza a Vigo desde hace décadas.

Lo evidente es que Caballero gobierna sin mayor problema el Concello y acalla cuando puede las disidencias sociales aplicando una mano dura que no siempre le sale bien, pero que no parece tener consecuencias electorales. Trató de laminar a la Federación Vecinal, sin lograrlo, aunque la ha debilitado. También tiene un grano en Teis con una asociación vecinal combativa, pero si la perspectiva es obtener 13 concejales casi podría anticiparse un ejercicio del poder más autoritario.

El único nubarrón en el horizonte para el regidor socialista es intuir lo que puede dar se sí en Vigo el efecto Podemos caso de que concurra unido a una Esquerda Unida veterana y activa. Hoy por hoy, poco más.

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