«Top Chef»: Galicia caldea los egos de los cocineros y enfrenta a Marc con Peña y Carlos

El tercer programa ha servido para presumir de marisco y materia prima autóctona y para abrir una brecha entre el catalán Marc y sus compañeros


Lo prometido es deuda. Amenazaba tormenta en la visita de los concursantes de Top Chef a Galicia y la hubo, en el cielo y en las cocinas. La de las nubes se sufragó con buen humor y unos paraguas blancos al pie de la catedral de Santiago de Compostela. La de los fogones ha creado una tensión eléctrica en el programa de cocineros que extenderá los problemas entre dos de sus concursantes, Marc y Carlos, por el resto de la edición.

El tercer programa de la temporada trajo ración triple de Galicia, fue rodado en el mercado de abastos santiagués y el hostal Reyes Católicos, el jurado Yayo Daporta aprovechó para presumir de productos de su tierra y la concursante viguesa Inés Abril alivió su morriña aunque luego defraudara a la hora de abrir ostras.

En un alarde de materia prima, tanto Alberto Chicote como Susi, jurados de Top Chef, no dudaron en poner por las nubes la oferta gastronómica autóctona. «Producto de primera división» o «el sueño de cualquier cocinero», fueron algunos de los adjetivos que derrocharon los chefs. Para demostrar además la frescura y calidad de la que hablaba Daporta, los concursantes se enfrentaron en la primera parte a la apertura de ostras, «justo lo que yo no he tocado en mi vida», aseguró la participante gallega. En realidad su mal sabor de boca lo compartieron la mayoría de sus compañeros, de entre los que finalmente quedó seleccionado David como inmune.

Equipo de la testosterona

Y aquí fue donde empezó el rock & roll, que diría Carlos. La selección de los equipos dejó poco al azar. Con elegancia y aire de inocencia David decidió unir en un mismo grupo toda la «testosterona» y los carácteres que más han chocado en el programa. Peña, Carlos, Marc y Pablo terminaron en un grupo cargado de ego en el que la polémica empezó en el minuto uno. Porque en el minuto cero fue elegido Marc como capitán, el mismo que la semana pasada intentó boicotear el liderazgo de Inés desoyendo sus órdenes y obligando a su equipo a cambiar de plato sobre la marcha. «Un tío que la semana pasada sólo ha creado conflictos», apuntó el imaginativo Carlos.

El reto principal del día consistía en hacer un plato para 50 peregrinos cuyo ingrediente fundamental fuera el pulpo y al que asistieron también de comensales los cocineros gallegos Pepe Solla y Javier Olleros, de Culler de Pau y Casa Solla. En las cocinas del Hostal Reyes Católicos de Santiago fue donde salió el peor lado del catalán Marc frente a su equipo naranja. Ya desde el principio, no dudó en marcar las pautas, amenazando con que habría que bailar al son que él cantara por ser el capitán. Pero ni lo supo cantar ni ejecutar.

Equipo gris consensuado

Frente a un equipo gris con consenso, bien organizado y resolutivo, capitaneado por David y con Inés, Fran y Honorato, el naranja comenzó una espiral de enfrentamientos y caos que se repitió a lo largo de los 70 minutos de la preparación del plato. Pese a lo que cabía esperar era que el ego de Carlos supusiera el mayor problema del grupo, finalmente la discusión más agria fue entre Marc y Peña por culpa de la preparación de las patatas. Claro que esa fue solo la guinda del pastel, ya que el equipo estaba en desacuerdo con cada una de las decisiones del catalán: desde cómo cortar la ternera gallega a como presentar el plato. Pese a los intentos de conciliación de Pablo, el equipo naufragó. No lograron hacer los 50 platos prometidos, se quedaron en treinta, y el menú distó mucho del gusto de los jueces y los peregrinos.

Su patinazo permitió salvar el del equipo violeta, formado por Marta, Rebeca, Teresa y Victor, que tuvieron problemas con la cocción del pulpo y acabaron haciendo una mezcla de guisos que no convenció especialmente a Chicote.

Así que el resultado no trajo sorpresas. El equipo gris, en el que la gallega se sintió en su salsa y se declaró fan de Honorato, quedó salvado y dejó clara la buena actitud de David, que departió con placeras de Santiago igual que con los pregrinos a los que dió de comer. El violeta, entre nervios y pequeños errores, logró salvarse. Y el naranja, que al final del servicio terminó con los gritos de Marc resonando en la cocina, fue nominado para la ronda de expulsión. «Lo que hizo Marc fue un asesinato», aseguró Carlos. El catalán no dudó en pedirle disculpas a Pablo, que fue con quien menos discutió, y deseándole que no se marchara. Un deseo que no fue recíproco.

La cruzada de Carlos

En la ronda de eliminación quedó aún más clara la posición de Marc en Top Chef: cero respaldo de sus compañeros por su actitud. «Quiero que se vaya Marc, quiero que se vaya Marc y también me gustaría que se fuera Marc», no dudó en repetir Carlos. Un deseo que también expresó Marc, pero añadiendo a Peña a la ecuación. Incluso se negó a darle la mano cuando todos se desearon suerte antes de comenzar la prueba. Una falta de caballerosidad que sentó muy mal entre los cocineros.

En la fase de eliminación y con las técnicas de vanguardia como principal reto, el desenlace fue también el previsto. Mientras que los archienemigos Marc y Carlos se salvaron con uns platos de diseño, Peña y Pablo se enfrentaron con el arma del sabor a un jurado que votó a ciegas y terminó eliminando al segundo. Tristeza entre todos los compañeros y una prometa de revancha por parte de Carlos «Mi cruzada ya sabéis con quien va».

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