Rusia ficha a Mata Hari en Vigo

En el interrogatorio en el año 1917, la bailarina narró una escala en Vigo en que fue tentada por los rusos por un millón de francos

La holandesa Margaretta Gertrude Zelle se transformaría en la bailarina javanesa Mata Hari.
La holandesa Margaretta Gertrude Zelle se transformaría en la bailarina javanesa Mata Hari.

Mata Hari es un epónimo para definir a cualquier mujer espía, especialmente si es misteriosa y sofisticada. El cine, la literatura y la leyenda han permitido este paso de un nombre propio a uno común. Pero la realidad es que Margaretta Gertrude Zelle, el nombre real de nuestra protagonista, de espía tuvo poco. Aunque fue fusilada por ello en Francia en 1917. Pero, al repasar su biografía, descubrimos a una persona tan extremadamente frívola que, en plena Gran Guerra, se paseaba por Europa presumiendo de ser agente secreta u ofreciéndose a unos y a otros a cambio de dinero, su gran pasión. Nunca fue consciente de que su vida corría peligro. Y su historia, hasta ser ajusticiada como chivo expiatorio, produce en realidad una profunda compasión.

Su vida es bien conocida. Nacida en Holanda en 1876, Margarita se casa con 18 años y se traslada a Java con su esposo. Su matrimonio es un desastre. Pero aprovecha su estancia para conocer la cultura oriental. Gracias a ello, a su regreso a Europa, se presenta en París como una princesa javanesa y alcanza gran éxito en espectáculos como bailarina exótica. Las entradas se agotan para presenciar sus strip-tease. Mientras un amplio sector social, escandalizado, la detesta. Esto último ayudaría a su malogrado destino.

Cuando, en 1914, estalla la I Guerra Mundial, Mata Hari -su nombre artístico, que significa «ojo del día» en malayo- ve cómo su carrera languidece. Una vida de excesos, la cercanía de los 40 años y la inexorable Ley de la Gravedad de Newton han hecho que los encantos de Margarita ya no sean los mismos que cuando se presentaba como una princesa veinteañera. De hecho, está fatal de dinero. Algo que a cualquiera inquietaría, pero que a ella le supera absolutamente. Es entonces cuando idea su plan para hacerse espía. En 1915, es captada por los alemanes y consigue filtrar a Berlín algunas informaciones menores sobre actividades francesas en el protectorado de Marruecos. Posteriormente, los franceses le ofrecen convertirse en agente doble. Mientras que los ingleses la someten a vigilancia permanente. Pero todo resulta muy nebuloso, porque está trufado de equívocos, que ella misma alimenta, pues está acostumbrada a fantasear con su propia vida.

Lo seguro es que, durante menos de dos años, hasta su ejecución en 1917, incumple la primera norma de un agente secreto: la discreción. Mata Hari parece divertirse contando a unos y a otros su condición de espía. U ofreciéndose directamente para trabajar como informante.

Cuatro visitas

En estos años locos es cuando visita Vigo. Lo hará, al menos, en cuatro ocasiones en 1916, la última sólo dos meses antes de ser detenida. La razón de su estancia en la ciudad es que, desde el puerto vigués, puede trasladarse en barco a Holanda, en viajes de ida o de vuelta. Siempre se aloja en el hotel Continental, hoy desaparecido, situado frente a donde hoy está la piscina del Náutico. Cuando llega, pernocta y sale en tren al día siguiente hacia Madrid, a alojarse, hacer vida social y conspirar a su manera en el hotel Ritz.

De todas sus visitas, hay una especialmente interesante. La narra ella misma, en el segundo interrogatorio a que es sometida en Francia, en febrero de 1917. En él, Mata Hari cuenta cómo desembarca en Vigo el 6 de diciembre de 1916. Llega a bordo del buque Araguya, procedente de Liverpool, tras ser retenida en el Reino Unido bajo la acusación de espionaje y posteriormente liberada.

Mata Hari se aloja en el Continental y, a la mañana siguiente, recibe una oferta para rizar el rizo de su lío con el espionaje. Supuestamente, los rusos le ofrecen convertirse en su agente. La oferta se la hace Martial Cazeaux, secretario del consulado holandés y de origen francés. En realidad, un espía que opera en Vigo, un nido de los servicios de inteligencia en esa época.

Así lo cuenta la propia Mata Hari: «Al día siguiente, me paseaba por el muelle cuando el señor Cazeaux me abordó en estos términos: ?Dígame entonces, ¿querría usted ir a Austria para trabajar para los rusos? Venimos de su parte'.

-¿Por qué no?

-¿Qué pediría?

-Un millón cien mil francos de adelanto (confieso que lo dije un poco en broma).

-Es muy caro.

-Si esto sirve para salvar cien mil hombres, bien vale diez francos por cabeza, ¿no cree usted?

-Me parece que están en negociaciones con los americanos, que lo hacen por menos dinero. Pero, bromas aparte, hablaré de esto. El ruso vendrá a verme. ¿Dónde puede, llegado el caso, ir a verla en Madrid?

-En el Ritz, ¿Cómo le reconoceré?

-Por la mitad de mi tarjeta

Y rompió una de sus tarjetas y me dio uno de los fragmentos. (...) Yo le dejé diciéndome que esperara a su enviado en Madrid. Tomé el tren en Vigo y llegué a Madrid al día siguiente. Esperé cinco días o más y no recibí nada de Vigo. Así que telegrafié al señor Cazeaux: '¿Hay que esperar mucho aún?'. Él me contestó por carta, pero su correspondencia se retrasó debido a la avalancha de nieve que cubría en esta época la región de Vigo. En su carta me decía: 'Espere un poco más. El ruso está ahora en Suiza'».

Es la transcripción del interrogatorio a Mata Hari del año 1917, que recoge el historiador Lionel Dumarcet. La presunta oferta rusa, desde luego, no cuajó. Pero lo cierto es que Vigo formó parte de su historia. Y Mata Hari, de la historia de Vigo. El 15 de octubre de 1917, la pobre Margarita caía fusilada lanzando un beso a sus ejecutores.

eduardorolland@hotmail.com

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