«La literatura no choca con la sociedad, pero la literacura sí»

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO

M.MORALEJO

La psicóloga es pionera en tratar dolencias a través del uso de textos

27 abr 2014 . Actualizado a las 14:10 h.

La psicóloga ourensana Julia Pérez Arias lleva diez años poniendo en práctica una terapia revolucionaria que tiene como herramienta principal la literatura, tratamiento que ha bautizado como literacura y que aplica de diferentes maneras dependiendo del paciente. El año pasado abrió su primera consulta en Vigo, a la que acude una vez por semana desde su actual residencia en Oporto.

-¿Cómo comenzó con esto?

-Empecé conmigo misma, escribiendo una novela que me sirvió para apartarme de cosas que no me hacían bien. Tras estudiar Psicología en Santiago, hice una tesis en Filosofía sobre la escritora y psicoanalista Julia Kristeva y asistí a sus cursos en la Universidad de París. En su libro Las nuevas enfermedades del alma ella contaba casos clínicos como el de una chica anoréxica que llegaba a la curación coincidiendo conn la publicación de los cuentos que escribía. La obra de Kristeva es tan inmensa que creo que no reparó en eso. Pero a mí me encajó todo ahí. Lo pensé, fui a hablar con ella y se lo dije. La primera consulta la abrí en Madrid, donde vivía entonces.

-¿Qué pasa cuando llega a usted un paciente que casi no tiene contacto con la literatura?

-Es muy difícil que alguien no tenga contacto con la literatura. Por supuesto, la primera pregunta es qué suele leer. Traté a personas que no leían y no hubo manera de llegar a la literacura. No sirve para todo el mundo, es para gente con aficiones intelectuales y culturales. Pero uno no tiene por qué leer a grandes maestros universales. Puedes ser lector de María Dueñas. De hecho me encantaría hacer terapia con alguien que siga su obra, pero creo que no se iban a dejar porque está llena de estereotipos sociales. El tiempo entre costuras está increíblemente bien escrita, pero para mí es una exaltación del nazismo, simbología adornada. No toda la literatura sirve para la literacura.