La batalla más dura de la batería militar de Cabo Silleiro

Contruida en los 40 para proteger la Ría de Vigo, la base nunca ha vivido un combate como el que mantienen las administraciones por su custodia. Su abandono no cesa


baiona / la voz

El complejo de Cabo Silleiro, «hai que recuperalo, pero non a calquera precio». Lo defiende el arqueólogo del Instituto de Estudios Miñoranos, Xosé Lois Vilar, que conoce cada palmo del recinto desde pequeño. El estado de abandono absoluto de las construcciones militares y del entorno, obligan a una actuación urgente, afirma. Pero con la misma rotundidad ampara la legitimidad de la propiedad. «Os terreos foron roubados aos veciños de Baredo, nunca comprados e, cando se usurpa algo para unha finalidade débese devolver cando finalice a mesma», insiste Vilar. «Nos anos 80 rexistraron os terreos a nome do Estado, pero iso non ten valor», deja claro.

Hay una batalla sobre la superficie afectada, otra sobre la titularidad de los 70 o 90.000 metros cuadrados en causa y una tercera sobre la posible compraventa entre administraciones. Ninguna sobre el terreno de la batería J-4, que espera hace dos décadas el indulto tras aguantar los sucesivos saqueos.

La posible adquisición del espacio ha desempolvado proyectos como el del arquitecto Pedro González Souto, autor de un proyecto de rehabilitación de la batería que contempla construir un hotel en la zona de cuarteles y habitaciones de los altos mandos. Su proyecto contempla una concesión administrativa a una empresa privada para explotar el complejo lúdico sin cargar costes a las arcas públicas. «Es un proyecto de gestión autosostenible porque tenemos que evitar las recuperaciones que provoquen costes inasumibles», indicaba ayer. Este arquitecto defiende su recuperación por «el valor de sus construcciones, el histórico y su potencial de atracción turística».

Sobre este aspecto confirma que «aún abandonado, siempre hay gente vistando el recinto, muchos de los cientos de soldados que hicieron ahí el servicio militar y regresan ahora con sus familias, por ejemplo». Entiende que la línea a seguir «es la de Manuel Fraga con los Paradores». Señala que la estructura de las baterías y los túneles está bien. «Son 200 metros de túneles subterráneos que dan acceso a los cuatro cañones y que podrían ser un centro de interpretación».

Esta reconversión, pero en manos de la comunidad de montes de Baredo, sería también aceptable para Xosé Lois Vilar. Para el arqueólogo la parte constructiva puede ser museo. «O resto debe devolverse ós veciños», recalca.

Vilar destaca el valor de todo el entorno, «riquísimo culturalmente». El la zona, destaca, un faro de 1862 «descoidado que en outro país xa sería un museo fotográfico» y el nuevo, de 1924. Para este último, aspirante también al plan de reconversión de faros en hoteles impulsado por Ana Pastor, el IEM lleva años demandando un uso a su altura. Sería, a su entender, el emplazamiento idóneo para el museo de las señales marítimas de Galicia. Se trata de un reconocimiento merecido. «Na tese de Xoán Bernárdez Vilar recóllense referencias xa a este último Gran Cabo de Galicia, como Promontorio Aryum, do ano 580 antes de Cristo», confirma Vilar. El entorno es «riquísimo, testemuña de grandes naufraxios, de históricas artes de pesca, no que abundan numerosas especies de algas». Solo en el entorno de los faros, el Instituto ha recogido medio centenar de topónimos.

Ha habido numerosos proyectos, todos vinculados a la reconversión turística de este enclave en suelo protegido. Duermen el sueño de los justos mientras se deteriora la memoria y el patrimonio. Los soldados del último retén abandonaron el recinto militar habilitado en la década de los 40 para para proteger la entrada Sur de la Ría de Vigo en el año 1998.

El complejo tiene 200 metros de túneles en cuatro niveles con otros tantos cañones

Hay un proyecto para reconvertirlo en hotel con centro de interpretación

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