La galería de las piedras pintadas

Juan Fernández Rivas abre un espacio en Moaña para vender sus barcos pétreos


vigo / la voz

Miramart Gallery es el nombre del espacio artístico abierto al público en la calle Concepción Arenal de Moaña por Juan Fernández Rivas. El nombre juega con el pasado y presente del local. «El bar Miramar estuvo abierto en este mismo lugar entre 1942 y 1962, y mi familia lo ha conservado con su barra original y algunos elementos de entonces, como la cafetera», explica el arquitecto, que ahora está casi totalmente inclinado hacia la creación escultórica.

Stone boats -embarcaciones de piedra- es el título de la colección que actualmente exhibe la galería, primera que abre en la villa de Moaña. Piedras convertidas en obras de arte es la oferta del establecimiento hasta el 11 de enero.

La idea surgió en Holanda durante una estancia de Juan Fernández Rivas, que tuvo como finalidad encontrar un representante para mover sus esculturas, hasta entonces más centradas en los grandes formatos, como se puede ver en el paseo marítimo de Moaña. «Empecé a trabajar con piedras, haciendo embarcaciones típicas de allí, y gustaron mucho», sitúa el artista el origen de su actual trabajo. «Alcancé un acuerdo con un galerista de Róterdam con quien firmé un contrato para dejarle veinte piezas», continúa Fernández Rivas. «Le gustaron y me pidió más; incluso también le dejé dos acuarelas, que había hecho durante mi estancia en Holanda».

Con semejante éxito inicial, el escultor y arquitecto regresó a Moaña donde personas relacionadas con el arte también se sorprendieron con el resultado de su trabajo. Afirma el artista moañés que dos galerías de Oporto le solicitaron obra. «Ahí ya empecé yo a moverme», recuerda.

Así que aceleró su producción pero no para vender con intermediarios sino directamente en Miramart Gallery. «El espacio estaba ya acondicionado porque allí tenía yo mi estudio de arquitectura, así que en una semana abrí al público», avanza. La idea de Juan Fernández es que este espacio combine las labores de taller y de galería, «es una idea muy extendida en Holanda, un lugar donde el artista realizar su trabajo y que abre al público dos o tres días a la semana para ponerla a la venta». Esta modalidad se pondrá en marcha a partir de mediados de este mismo mes.

Cuarzo

Estas embarcaciones parten de piedras de cuarzo encontradas en diferentes lugares, el principal material de trabajo de Rivas. «En Galicia lo hay por todas las partes», recuerda. Sin embargo, en Holanda la elección del material con el que inició esta producción tuvo un origen bien distinto, el jardín de un particular.

Si las piedras son sometidas a una leve transformación escultórica, mucho mayor es el trabajo pictórico que aplica Juan Fernández Rivas a sus creaciones. O por lo menos, mucho más lucido porque «a la gente le gusta mucho el color». En este aspecto, el trabajo actual del artista moañés es muy reconocible respecto a su trayectoria anterior aunque en sus esculturas anteriores el motivo principal eran siempre los seres vivos.

Juan Fernández mantiene abiertas sus expectativas arquitectónicas pero, en este momento, le llena más la faceta escultórica «porque el proceso creativo es más rápido y, al final, el artista se autoalimentan de la creación». En este sentido, el artista explica que la parte creativa de la arquitectura, «la que más me gusta», se sitúa al principio, pero después se abre un largo y engorroso proceso hasta culminar la obra. Con las piedras está más familiarizado, no en vano las lleva recogiendo toda la vida. Lo hace mucha gente, pero poca es capaz de activar ese proceso transformado que el ser humano ha denominado arte.

«Es una idea muy novedosa y un trabajo muy visual», explica Juan Fernández Rivas, que no sabe si es él quien elige las piedras o son ellas las que le eligen a él. En cualquier caso afirma que piedras que por sí mismas carecen de cualquier valor, «dándoles sentido» se convierten en esculturas, que pinta y firma.

Estas piezas únicas reproducen barcos tradicionales, lanchas rápidas, yates, trasatlánticos, submarinos e incluso una nave espacial. «Desde hace tiempo que pienso en hacer obras pequeña y asequible de precio porque la obra grande no se mueve ahora», señala el escultor. Así, en su galería-taller se pueden adquirir piezas a partir de los veinticinco euros. «Quiero que cualquier persona, incluso un niño, pueda llevarse una obra mía» insiste el artista. Hasta el 11 de enero abre la galería todos los días de 11 a 14 y de 17 a 20 horas. Después, solo abrirá tres días a la semana.

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