El forraje con paja permite la regeneración del monte en Oia

Tres meses después del incendio, los primeros brotes verdes son de centeno


oia / la voz

«Las frondosas han brotado todas, el eucalipto también y el pino regenerará en los próximos años por la semilla que cayó». El diagnóstico es de Antonio Pimentel, agente forestal con casi tres décadas de experiencia a sus espaldas. Habla en los montes de Oia y O Rosal que fueron arrasados por las llamas del peor incendio que asoló Galicia este año. En ese lugar, la noche del 26 de agosto atacó los primeros focos del voraz fuego que calcinó en una semana más de 1.800 hectáreas.

La naturaleza ha obrado su milagro, pero también el trabajo del hombre ha permitido que se empiecen a ver los primeros brotes verdes. No hay metáfora. La parroquia oiense de Burgueira fue la pionera de la provincia en la aplicación del sistema llamado mulching. Se trata de un método de acolchado con paja para evitar la erosión y las riadas tras el fuego.

En algunas zonas se lanzó desde el aire y en otras se dispuso en líneas paralelas de 30 metros de ancho monte abajo. Superadas las primeras lluvias y ahora, con plantas ya en brotación, se confirma el éxito del sistema que partió del centro de investigación forestal de Lourizán y el Centro Superior de Investigaciones Científicas. El objetivo y prioridad tras el incendio era evitar las no menos graves inundaciones que dejó tras de sí el fuego cuando actuó en la otra ladera de la Serra da Groba en el 2006.

El escepticismo era evidente entre algunos lugareños pero todos han colaborado ante el temor de que se repitan los arrastres que taponaron los cauces del monte hace siete años y obstruyeron las canalizaciones. «Se colocaron unas sesenta toneladas de paja de centeno que se trajeron en camiones, en todas las zonas de gran pendiente desprovistas de arbolados y en las que las escorrentías podían dañar el terreno y afectar a viviendas o propiedades», explica Antonio Pimentel. Fue hace mes y medio.

A día de hoy, «toda la paja se mantiene formando esas líneas que sujetan el terreno y empiezan los síntomas de descomposición e integración en el terreno», confirma el experto. Además, «la semilla de la paja ha empezado a formar ya un manto de hierba», explica Pimentel.

El forraje de las zonas más castigadas y expuestas ha funcionado, y aleja el temido fantasma de las inundaciones, aunque hay varios frentes abiertos.

El sistema tiene tres funciones. El manto de paja amortigua primero la caída del agua para que no rompa el suelo y esa misma malla evita los arrastres al no haber un rozamiento directo. La tercera es la que ha puesto color entre tanto negro ya que la paja que se empleó es de cebada. «Esa semilla ha germinado y provoca un enraizamiento en la tierra, sujetándola a través de una entramado de raíces», confirma Antonio Pimentel.

Aunque no solo se ha empleado esa paja para forrar la zona ya que los restos de las podas programadas más apropiados también se reciclan con la misma función. Se cortan y retiran del monte todos los árboles calcinados y se trabaja para llegar antes que las lluvias.

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