De un día inolvidable a la amenaza de un billete sin retorno


Hace exactamente cinco años, el 15 de octubre de 2008, Fabián Orellana vivía un momento inolvidable. Marcelo Bielsa, entonces técnico de la selección chilena, lo hacía debutar en la Roja en un choque frente a Argentina, por las eliminatorias para Sudáfrica 2010. Y el jugador respondía a lo crack, marcando el único gol en el primer triunfo oficial de Chile sobre la albiceleste. Fue el despegue del Poeta, como lo apodaban por su parecido con un comediante. A partir de esa noche feliz, lo llamarían el Histórico.

Pero el fútbol, al igual que la vida, da muchas vueltas y en el caso de Orellana el asunto se trató de un remolino sin frenos. Hoy, mientras los mismos compañeros con los que festejó esa victoria sobre Argentina están a punto de sellar una nueva clasificación a un Mundial, él se encuentra empantanado en el Celta de Vigo y, obviamente, a años luz de su selección.

¿Qué pasó con Orellana? Eso es algo que ni él debe tener claro. Pasó por el Xerez, por el Granada y brilló en el ascenso del Celta, pero de ahí en adelante nada más. Y lo peor es que hoy el hombre está dormido en el mismo club donde mejor se vio y en el que se suponía más cómodo se sentía.

Se podría debatir sobre su personalidad retraída o su necesidad de contar con afectos en el camarín, pero se trata de un futbolista de 27 años, que lleva cuatro temporadas en el fútbol europeo y que, a estas alturas de su carrera, debería haber encontrado una solución a esos temas.

Si Orellana no despierta ya, corre un peligro que quizás él no ha dimensionado: iniciar su retorno a Sudamérica, sin boleto de regreso a Europa.

A lo mejor, eso sería lo mejor para él.

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