Un millar de musulmanes de Vigo se preparan para el Ramadán

La mayoría procede de Marruecos, Senegal, Argelia, Túnez y Nigeria


Vigo / La Voz

El martes, con la aparición de la luna creciente, en torno a un millar de musulmanes residentes en Vigo iniciarán el mes del Ramadán. Ayer, último viernes de rezo antes de la celebración, la comunidad se preparaba en la mezquita de la ciudad. El lugar de oración está situado en el número 56 de la calle Canadelo Alto, próxima a la Travesía de Vigo. Cuenta con dos accesos para hombres y mujeres y otras dependencias como biblioteca y aulas, tras constituirse hace cuatro años en el centro cultural islámico de Vigo.

Este año la celebración, que se corresponde con el noveno mes lunar, se prolongará desde el 9 de julio al 8 de agosto, fecha en la que tiene lugar la fiesta del Aid el Fitr (banquete de caridad) o fin del mes sagrado.

Sobre la repercusión que puede tener la ola de calor existente en Vigo en el ayuno de los fieles, el imán de la mezquita viguesa explica: «Somos seres humanos, no somos extraterrestres, sentimos hambre y sed como los demás, pero tenemos capacidad para aguantar; son obligaciones que tenemos que hacer; es un mes no es una eternidad».

Es un mes de oración, pero también de recogimiento familiar, una especie de Navidad, prolongada en el tiempo. Con tal motivo, la comunidad tira la casa por la ventana a la hora de celebrarlo con los suyos. «La gente suele comer lo típico de sus países de origen; ahora no hay problema para encontrar los alimentos en Vigo, hay cuscús, y una carnicería aquí cerca que nos vende la carne como la queremos», comenta el imán.

El ayuno que impone el mes de Ramadán se prolonga desde el alba hasta la puesta de sol. En ese tiempo no se pueden ingerir alimentos ni bebidas, ni siquiera agua. De esta práctica están exentos niños, ancianos, enfermos y mujeres embarazadas.

Para suplir el ayuno diurno, durante la noche, la comida se hace a discreción. Lo habitual es iniciarse con algo ligero como sopa, café o leche. En torno a la media noche llega la comida principal y antes del amanecer se toma un tentempié.

En Vigo no existe un imán fijo. La ocupación es voluntaria y se ejerce de forma altruista, por lo que se van rotando.

La primera mezquita de la ciudad estuvo situada en el número 22 de la céntrica calle del Príncipe, en el interior de unas galerías comerciales, a la que acudía, sobre todo, la población marroquí. La venta del local les obligó a buscarse la vida y finalmente se unieron al resto de africanos que disponían de otra mezquita en un garaje de Guixar (Teis), próximo a los astilleros Vulcano. Las reducidas dimensiones obligaban a destinarla solo a hombres.

La última y actual ubicación es la de Canadelo Alto, donde lleva instalada cuatro años. Pocos ciudadanos, al margen de los usuarios, conocen la ubicación. De hecho, cuando no está abierta, pasa totalmente desapercibida, como si se tratara de un simple garaje.

Los propios vecinos de las inmediaciones aseguran que no supone ningún problema, como tampoco lo supondría para ellos una iglesia.

El martes empezará la celebración con la aparición de la luna en creciente

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