Las reliquias del cine Fraga, en venta

Eduardo Rolland
Eduardo Rolland VIGO / LA VOZ

VIGO

Butacas, entradas, rótulos, carteles y hasta una vieja báscula de la histórica sala viguesa se ofrecen para coleccionistas

27 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

E l 28 de junio de 2001 fue jueves. Un día importante para un cine. Porque esa noche de la semana cambia la cartelera y llegan los estrenos. Pero el viernes que siguió a aquella fecha no pasó nada en el cine Fraga. Angelina Jolie, apretada en sus mallas de Lara Croft, permaneció en el cartel, petrificada y muy digna hasta que se la comió el moho. No hubo más afiches ni estrenos. Tomb Raider fue la última película que se exhibió en el cine más emblemático de Vigo, tras más de medio siglo de historia.

Aquel día de verano no demasiados vigueses lamentaron el cierre. El público prefería ya los multicines, con su aire acondicionado, sus butacas ergonómicas y su olor prefabricado a palomitas. Y al Fraga, como al Plata o al Vigo ya casi no iba nadie. Ni siquiera la gran pantalla panorámica era un atractivo suficiente.

Lo cierto es que el Fraga ya no era aquel «cine más lujoso de España» que abrió sus puertas en 1948 con el estreno de la película española Botón de ancla, de Suevia Films. En 1988, ya había sido devastado por un pavoroso incendio. Y, aunque sus gestores consiguieron restaurarlo, para entonces ya había dejado de ser un buen negocio.

Intentando sobrevivir al acoso de los multicines, el gigante de 1.758 localidades ?doscientas más que el actual auditorio Mar de Vigo- despiezó su propia estructura para crear dos salitas de proyecciones, aprovechando unos despachos y una cafetería. Fueron el Fraga 2 y el Fraga 3, que tuvieron corta vida. El 28 de junio de 2001 fueron también cerradas, tras exhibir El regreso de la momia y la argentina Una noche con Sabrina Love.

Así que el viejo cine se extinguió con pocas lágrimas y un par de noticias en los diarios. Como ocurre tantas veces en la vida, no se empezó a echar de menos hasta mucho más tarde. Algunas cosas necesitan tiempo para ser valoradas.

Hoy, no se sabe si por la maldición de la momia, de Sabrina Love o de las tumbas que asaltaba Lara Croft, lo cierto es que el Fraga sigue cerrado. No solo porque le cayó una crisis económica encima, sino porque ya no existe ni la caja de ahorros que lo compró para restaurarlo.

Pero ahí sigue, en la esquina de Uruguay con Isabel II. Y, con el paso del tiempo, surge ahora la nostalgia de la vieja sala de cine por la que pasó todo Vigo durante varias generaciones. Al punto de que sus despojos se han convertido en objeto de coleccionista.

La reliquia más popular es la butaca. Fabricadas en roble americano y nogal, por cada una de ellas se pagan 250 euros. Conservan su tapizado en rojo y la filigrana de sus maderas.