Las reliquias del cine Fraga, en venta

Butacas, entradas, rótulos, carteles y hasta una vieja báscula de la histórica sala viguesa se ofrecen para coleccionistas


Vigo / La Voz

E l 28 de junio de 2001 fue jueves. Un día importante para un cine. Porque esa noche de la semana cambia la cartelera y llegan los estrenos. Pero el viernes que siguió a aquella fecha no pasó nada en el cine Fraga. Angelina Jolie, apretada en sus mallas de Lara Croft, permaneció en el cartel, petrificada y muy digna hasta que se la comió el moho. No hubo más afiches ni estrenos. Tomb Raider fue la última película que se exhibió en el cine más emblemático de Vigo, tras más de medio siglo de historia.

Aquel día de verano no demasiados vigueses lamentaron el cierre. El público prefería ya los multicines, con su aire acondicionado, sus butacas ergonómicas y su olor prefabricado a palomitas. Y al Fraga, como al Plata o al Vigo ya casi no iba nadie. Ni siquiera la gran pantalla panorámica era un atractivo suficiente.

Lo cierto es que el Fraga ya no era aquel «cine más lujoso de España» que abrió sus puertas en 1948 con el estreno de la película española Botón de ancla, de Suevia Films. En 1988, ya había sido devastado por un pavoroso incendio. Y, aunque sus gestores consiguieron restaurarlo, para entonces ya había dejado de ser un buen negocio.

Intentando sobrevivir al acoso de los multicines, el gigante de 1.758 localidades ?doscientas más que el actual auditorio Mar de Vigo- despiezó su propia estructura para crear dos salitas de proyecciones, aprovechando unos despachos y una cafetería. Fueron el Fraga 2 y el Fraga 3, que tuvieron corta vida. El 28 de junio de 2001 fueron también cerradas, tras exhibir El regreso de la momia y la argentina Una noche con Sabrina Love.

Así que el viejo cine se extinguió con pocas lágrimas y un par de noticias en los diarios. Como ocurre tantas veces en la vida, no se empezó a echar de menos hasta mucho más tarde. Algunas cosas necesitan tiempo para ser valoradas.

Hoy, no se sabe si por la maldición de la momia, de Sabrina Love o de las tumbas que asaltaba Lara Croft, lo cierto es que el Fraga sigue cerrado. No solo porque le cayó una crisis económica encima, sino porque ya no existe ni la caja de ahorros que lo compró para restaurarlo.

Pero ahí sigue, en la esquina de Uruguay con Isabel II. Y, con el paso del tiempo, surge ahora la nostalgia de la vieja sala de cine por la que pasó todo Vigo durante varias generaciones. Al punto de que sus despojos se han convertido en objeto de coleccionista.

La reliquia más popular es la butaca. Fabricadas en roble americano y nogal, por cada una de ellas se pagan 250 euros. Conservan su tapizado en rojo y la filigrana de sus maderas.

En Internet, en las páginas de coleccionismo y subastas, se venden hasta los viejos tacos de entradas. Un lote de doce, de los años 60 y 70, puede adquirirse por ocho euros. Corresponden a las cuatro categorías del cine en esa época: Entresuelo, Principal, Patio y Delantera Principal.

También se venden los antiguos afiches, que la empresa Fraga editaba para promocionar sus estrenos. Estos días pueden encontrarse de películas como El sueño de Andalucía, con Luis Mariano y Carmen Sevilla, o de Guerrilleros en Filipinas, con Tyrone Power, que en su época era pronunciado como suena, con sus sílabas en castellano, Tirone Pover, según el gusto del momento, totalmente refractario al idioma inglés.

Hay también las viejas revistas que editaba el cine para anunciar su cartelera. Y los rótulos que indicaban los diferentes espacios. Uno reza «Butacas Entresuelo Impares» y otro señala el despacho de «Dirección».

Báscula cotizada

Pero la pieza más singular a la venta es una báscula en la que se ha pesado medio Vigo. Esta maravilla de la mecánica estaba situada en el atrio del cine y señalaba las pesadas introduciendo una moneda de cinco céntimos. Por una ranura, ofrecía el peso impreso en un cromo de artistas de cine para coleccionar.

La báscula se cotiza actualmente a 2.400 euros en la Almoneda Altamira, en el Casco Vello, donde dicen que fue fabricada en 1945 en Alemania, por la empresa Seitz Werke Kreuznach. Habrá que dudar que en Alemania, precisamente en aquel año, se construyesen muchas básculas. Pero, desde luego, es una pieza histórica.

En sus doscientos kilos de peso, alberga un complejo mecanismo para picar el peso en los cromos. Y aún conserva intacto el rollo para los tiques.

Así que, 65 años después de la inauguración del cine Fraga, y 12 tras su cierre, los despojos de la vieja sala se han convertido en reliquias.

Son objetos de coleccionista que nos hablan de la memoria de toda una época que el tiempo ha convertido en nostalgia.

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