Teresa Galdó: 106 años al habla

Telefonista y árbitro de fútbol en Camposancos, ahora escribe, lee y hace teatro en Tui


Tui / La Voz

Teresa Galdó Rodríguez apaga hoy 106 velas. Un número de amigos y compañeros muy superior de la residencia Paz y Bien de Tui, en la que vive desde hace once años, y de Camposancos, su tierra natal llevan días organizando su fiesta pero, tanto el programa como la lista de invitados, se guarda con celo para mantener el efecto sorpresa.

Es la «telefonista de A Pasaxe», como la conocen con orgullo todos los campusinos. Su lista de contactos a estas alturas ocuparía varios megas en un móvil de última generación, pero ella no necesita de eso. Extraordinaria oradora, desgrana con una exactitud y una elocuencia casi sobrenatural el devenir del último siglo con nombres, fechas y direcciones.

Su fortaleza deja entrever que sabe más por lo que calla pero lo que dice, tanto por el fondo como por la forma, salpicado de anécdotas y con obligadas alusiones a la época en la que en el penal de Camposancos convivían hasta 5.000 presos, es un impagable documental de autor.

Teresa Galdó, con 106 primaveras goza de una salud extraordinaria, tanto física como mental. Hace un par de meses sufrió una caída pero ya soltó la silla de ruedas y se vale de un andador, «solo hasta que esté bien de todo y pueda volver a ayudar a estas mozas». Por estas, se refiere a sus compañeras de 70 y 80 años, «que no sé qué pintan aquí porque aún tienen edad para trabajar».

No pierde la misa diaria. «Dios me ilumina mucho», explica antes de entrar en la capilla. En la celebración del mediodía es ella la que de pie, sin gafas, y con una perfecta retórica recita una oración a la fundadora de las Franciscanas Hospitaleiras.

«Nunca tuve ninguna enfermedad», asegura con naturalidad a la salida de misa. La psicóloga del centro, Patricia Álvarez, confirma que «es un espíritu luchador que ayuda a los demás y les convence para participar en las actividades, normalmente empuja las sillas de ruedas de los demás». Sus aficiones: leer, escribir, las sopas de letras y el teatro.

Es una mujer forjada para vivir en dos siglos. De los primeros años del primero, explica, «me dediqué siempre a los niños pero ni ilusión tenía por casarme». «No sé por qué, mi ilusión eran los niños, más que las niñas porque ellas eran más mimosas» recuerda.

Pero su entrega no se limitaba al catecismo que impartió desde los 13 hasta los 70 años. Teresa consiguió el primer balón de fútbol de reglamento que hubo en A Guarda. «Los niños los hacían con papeles y cordeles pero yo convencí a los Jesuitas y el Padre Punín nos trajo el balón de reglamento», confiesa.

Lo del fútbol era vocacional y no se frustró del todo. «Fui árbitro», dice, sin asumir que debió además ser la pionera en Galicia. Asegura incluso que, «de haber sido hombre habría querido ser futbolista, pero de los de antes; no soy partidaria de que traigan extranjeros».

Limita a dos las directrices sobre una excepcional salud física y emocional, que la sitúa entre las 125 personas con más experiencia de España. De la parte física, «porque soy médica de mí misma, sé lo que no puedo comer y no lo hago aunque se me caigan los ojos». Una espléndida y elegante figura, que completa una infinita mirada azul, exhorta. «Eso es lo que quiero que se destaque».

«Quiero hablar del cariño, recalcar bien que es la base principal de la persona, porque todos queremos cariño, hasta los animales». Imposible cuantificar los niños con los que ha compartido catequesis y campo de fútbol hasta hace casi cuatro décadas. «Con todos», contesta, sin dar nombres, por discreción. «El cariño es todo», enfatiza de nuevo. Al preguntarle qué deseará esta tarde al soplar las velas, tampoco hace concesiones: «Poder ayudar a todos mis compañeros».

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