Una delirante visión de Vigo

El inglés Laurie Lee describió en 1934 una ciudad atrasada y fea


vigo / la voz

El ladrido de un perro, los espasmos ahogados de un asno y el canto delgado y agudo de un gallo fueron los primeros sonidos de Vigo que oyó Laurie Lee antes de desembarcar del buque que lo trasladó en junio de 1934 desde su Inglaterra natal. Iniciaba una larga aventura de dos años por la geografía española, que después reflejó en el libro Cuando partí una mañana de verano, ahora traducida al gallego por Editorial Trifolium.

Las apreciaciones sobre la ciudad son tan sorprendentes que incluso pueden llevar a plantearse a más de uno si realmente Laurie Lee estuvo alguno vez en Vigo. El escritor llegó de madrugada tras dos días de travesía. Para un inglés procedente de las suaves superficies de Gloucestershire la visión de Vigo fue toda una sorpresa. «Semellaba xurdir do mar como os restos dun naufraxio corruídos pola ferruxe, tan vella e esbrancudada como as rochas que a rodeaban», afirma el escritor, en su versión gallega, a pesar de que entonces se encontraba en pleno proceso de desarrollo.

«A xente víase deitada, durmida á porta das casas ou tirada no chan, como corpos devoltos pola marea. Os afogados erguéronse do chan e espreguizáronse, acenderon cigarros e sacudiron a noita das ropas», sigue describiendo, dando la impresión que se encontró con los vagabundos que actualmente ocupan los jardines de Montero Ríos.

Grafitis

Más adelante, el vagabundo británico asegura que las paredes de algunos edificios están emborronadas con «misteriosos grafitis». Añade que cerca de la casa consistorial se encuentra con una barbería que luce, en una de sus ventanas, una fotografía de Karl Marx.

Más adelante, Laurie Lee dice que dejó la ciudad y que pasó el resto del día «subindo por un val cuberto de bancais para acabar á noite acampando nun monte escarpado». Desde aquella atalaya, que puede estar próxima a los montes de Beade y Bembrive, Laurie Lee escribe: «Algún instinto primitivo levoume a abandonar a estrada e subir a unha torre rochosa que me permitía ollar a vista de paxaro o porto afastado e todos os montículos e lagos que o rodeaban». Cuando se refiere a los montículos parece claro que está describiendo el monte de A Guía y O Castro. Sin embargo, los lagos a los que hace referencia es mucho más complicado de explicar.

Quizá Laurie Lee confundió los diferentes recovecos que hace el mar, como la ensenada de Ríos, o la de San Simón, con lagunas cercanas al mar. Aunque también puede ser que el escritor jamás estuviese en la ciudad.

Desde aquel mirador y con el atardecer cayendo, el inglés tuvo tiempo para decir que Vigo «era frío e escuro, unha ruína apagada, afogada xa no morto crepúsculo azul».

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