Gondomar quiere las rosquillas con denominación de origen

alejandro martínez GONDOMAR / LA VOZ

VIGO

La empresaria Rosa Álvarez promueve la certificación gallega del dulce

04 oct 2011 . Actualizado a las 13:28 h.

Rosquillas con denominación de origen de Galicia. Si el vino o el queso lo tienen, ¿por qué no este producto tan típico? La empresaria de Gondomar Rosa Álvarez, propietaria de la firma Rosquillas Cristaleiro, promueve que la Xunta incluya también las rosquillas entre los productos estrella de la comunidad.

No le faltan razones para defender su candidatura. Es cien por cien artesanal y se elabora con productos naturales sin ninguna clase de aditivos. No cuentan con colorantes ni conservantes y, en su fábrica ubicada al lado de la Iglesia de San Benito, no hay máquinas de producción industrial sino media docena de trabajadores, cuyo número varía en función de la demanda, según la época del año.

Las rosquillas están además íntimamente ligadas a las tradiciones de Galicia porque se venden de manera ambulante y se consumen sobre todo durante las fiestas populares y las romerías.

En nuestra comunidad quedan pocos productores de rosquillas. En la provincia de Pontevedra, de Gondomar y Ponteareas, salen la mayor parte de las que se consumen durante las fiestas populares. Los artesanos están unidos para lograr este objetivo, afirma Rosa Álvarez. «Los tiempos están muy difíciles y no es momento para guerras individuales, debemos cooperar y alcanzar fines comunes como éste», añade.

Valedora Nava Castro

Y de una tierra de rosquillas es la actual Directora Xeral de Comercio, Nava Castro, que para Rosa Álvarez, puede ser una gran valedora para que las rosquillas alcancen el reconocimiento que se merecen. «Yo pienso que sí, desde su puesto puede hacer mucho y los gallegos así lo esperamos», manifiesta esta empresaria.

Por tradición cree que los paquetes de rosquillas también deberían llevar impreso el sello de la denominación de origen. En Gondomar, por ejemplo, se llevan haciendo desde principios del siglo XIX bajo la marca de Rosquillas Cristaleiro. Trajo la receta una mujer de Ribadavia y el bisabuelo de Rosa Álvarez comenzó a hacerlas poco después. Todavía existe el horno donde se hicieron las primeras en la parroquia de Couso, allá por 1800. Después el negocio pasó a sus abuelos, luego a sus padres y ahora es ella con sus hijos quienes mantienen la tradición de un producto que vuelve a estar en auge después de que los jóvenes hayan vuelto a descubrir las fiestas patronales de las villas y aldeas. Rosa Álvarez opina que en tiempos de crisis se vuelve a lo de siempre. «Yo creo firmemente que este es el momento de las romerías gallegas, son una gran aportación a la cultura y a la convivencia de los ciudadanos gallegos», afirma.

La denominación de origen sería además, en su opinión, un reconocimiento al trabajo que realizan centenares de vendedores ambulantes y al sacrificio de las comisiones de fiestas por honrar a sus patrones como el pueblo se merece.

Mercado exterior

La promotora de la iniciativa para que las rosquillas tengan una denominación de origen gallega también cree que este reconocimiento sería positivo para poder encontrar otros mercados fuera de la comunidad gallega. Las rosquillas pueden consumir hasta un mes después de haber sido elaboradas artesanalmente y con un certificado oficial de calidad se presentaría con todas las garantías como un producto de repostería en cualquier parte.

Además, el reconocimiento contribuiría a mantener un oficio que cada vez está en manos de un menor número de artesanos. «El reconocimiento nos abriría muchas puertas al mercado exterior», afirma esta empresaria, que ya lleva años luchando por este objetivo.

Los artesanos ya cuentan con un dulce muy arraigado en la cultura popular de Galicia. Ahora la pelota está en el tejado de la Xunta, que tiene en sus manos la posibilidad de inscribirlo entre sus productos con denominación de origen. La finalidad es potenciar una tradición para que no se pierda. «Cada artesano que deja de hacer rosquillas es un sabor único y un toque personal que deja de tener continuidad», afirma la empresaria gondomareña.

«Sería un justo reconocimiento que se merece por formar parte de la tradición gallega»

Rosa Álvarez